Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 29- -10- -2006 MADRID 69 LA BUENA PROPUESTA DEL PP Editorial publicado por ABC el 13 de junio de 2003 C samblea de Madrid sin la presencia de Tamayo y Sáez CHEMA BARROSO Tamayo y Sáez, durante un pleno de la Asamblea ERNESTO AGUDO ON la propuesta de un pacto entre PP y PSOE para no presentar candidato a la Presidencia de Madrid y provocar la celebración de nuevas elecciones, previa la disolución de la Cámara autonómica, Esperanza Aguirre ha situado a su partido en una superioridad política imprescindible para deshacer el bloqueo institucional que se ha producido por la desvinculación de los diputados Tamayo y Sáez del Grupo Socialista. Es el pacto ético y democrático que necesitaba esta crisis y que debería ser aceptado sin reservas por PSOE e Izquierda Unida. Si ambos partidos creen sinceramente que la traición de Tamayo y Sáez es una distorsión del mandato electoral, la solución es volver a las urnas y preguntar a los ciudadanos madrileños. En la democracia, las quiebras de confianza y de legitimidad las resuelven los ciudadanos con su voto, no quienes las causan y quieren salir del paso con consensos de saldo. El PSOE no puede ser juez y parte de su propia causa ni pretender que otros hagan la penitencia por él. El valor ético de la oferta de Esperanza Aguirre es que huye de la astucia y se acoge a la inteligencia, rechaza el sectarismo y abandera la alta política. Es la mejor forma de evitar que los ciudadanos confundan la trapacería de dos desleales y la debilidad de su partido con la personalidad institucional de la Asamblea. Con la oferta de Aguirre se delimitan los campos de la crisis, resguardando las instituciones- -Gobierno y Asamblea autonómicos- -al abrigo de la soberanía popular y recluyendo el dolo o la culpa del PSOE y de sus traidores domésticos al ámbito exclusivo del partido. La gestión del acuerdo propuesto por el PP comienza por una voluntad política concorde con el PSOE en no dar margen de maniobra a los dos diputados fugados. Simancas y Aguirre han rechazado públicamente la posibilidad de gobernar con el apoyo expreso o tácito de Tamayo y Sáez. La renuncia de ambos a sus actas de diputados se hace cada día más improbable, lo que apremia al PSOE a resolver el dilema moral que le plantea la situación: aceptar el apoyo- -en caso de que se lo dieran- -de dos ex militantes expulsados por corrupción o pasar nuevamente por las urnas. Rodríguez Zapatero está concernido en buscar una solución que no tiene registros éticos muy diferentes- -políticos, sí y muchos- -a los que utilizó hace pocos días para resolver el problema de la Diputación de Álava. acuerdo de principios que propone Aguirre. Su aceptación por el PSOE es un imperativo moral y un gesto de coherencia con el respeto a la voluntad popular violentada por sus ex militantes. Por esa dignidad que reclaman constantemente, los socialistas deben asumir íntegramente el peso de la crisis. Pero, hasta ahora, lo han hecho con cicatería y urdiendo mensajes que buscan al PP como la mano invisible- -y negra, por supuesto- -que ha movido los hilos. E E n cuanto a los efectos del pacto, la rigidez del Estatuto y del Reglamento de la Asamblea no permite que se produzcan con la inmediatez que se postula en la oferta del PP. El único supuesto previsto que se aproxima a la solución planteada por los populares aplaza la disolución de la Asamblea a dos meses vista, desde la primera votación fallida para investidura del presidente. La fórmula de la disolución por incomparecencia de candidatos no está contemplada y a esta crisis no le conviene sumar un desafuero. Los plazos, en todo caso, no son más importantes que el En la democracia, las quiebras de confianza y de legitimidad las resuelven los ciudadanos con su voto, no quienes las causan y quieren salir del paso con consensos de saldo l retorcimiento de los discursos no va a funcionar, aunque Caldera y Llamazares se afanen en fabricar sofismas acusatorios contra el PP. Avisados estaban los socialistas. Pese a todo, no ha habido una sola dimisión, lo que muestra un concepto muy indulgente de la propia responsabilidad. La realidad, sin embargo, pone a Tamayo y a Sáez en las filas socialistas desde hace muchos años, ocupando puestos en los órganos del partido, trabajando en el círculo cercano al equipo que aupó a Zapatero a la Secretaría General y metidos en la candidatura del 25- M a la Comunidad de Madrid, a pesar de que Tamayo tenía abierto un expediente en el Comité de Ética del partido. Dar la espalda a estos hechos, tercos y pesados, para convertir al PP en blanco de sus requerimientos merma aún más la capacidad del PSOE para tomar la iniciativa en la solución de la crisis. La traición de unos compañeros de partido no se soluciona deformando la composición de la Asamblea ni transfiriendo al PP la carga de solucionar el entuerto y, además, de garantizar que PSOE e IU podrán gobernar plácidamente, aunque, ahora mismo, estén un escaño por debajo del PP. La dura realidad para Rafael Simancas y Fausto Fernández es que, aunque se empeñen en otra cosa, no ganaron las elecciones.