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68 MADRID DOMINGO 29 s 10 s 2006 ABC Tres años de las elecciones del tamayazo Hace tres años, un 26 de octubre, Madrid repetía elecciones autonómicas- -tal y como había defendido ABC editorialmente- -como única salida a la crisis institucional y política creada por el tamayazo ABC MADRID. Diez de junio de 2003, diez de la mañana. Las puertas del hemiciclo se cierran. 109 diputados- -de un total de 111- -toman sus escaños para proceder a la constitución de la Asamblea de Madrid. El semblante de Rafael Simancas se va transformando. Faltan dos miembros de su lista: Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez. A medida que pasan los minutos el nerviosismo se apodera de los parlamentarios socialistas. Simancas no deja de hablar por teléfono. Poco después, se confirma la deserción y se abre la crisis institucional más grave de la historia de esta región, que desembocará en una nueva convocatoria de elecciones, hace exactamente tres años. El 26 de octubre de 2003 Madrid votaba por segunda vez en cinco meses a causa de la espantada de Tamayo y Sáez. No había otra salida y así lo puso de relieve ABC a través de varios editoriales y un artículo de su Director, José Antonio Zarzalejos. Aquellos comicios, inéditos en la historia de la democracia, dieron el triunfo a Esperanza Aguirre por mayoría absoluta: 57 escaños frente a 45 del PSOE y 9 de IU. Los resultados dejaron noqueado a Simancas, que desde entonces se obsesionó con demostrar la supuesta trama inmobiliaria que, en su opinión, originó el tamayazo El dirigente socialista hizo del urbanismo depredador la línea básica de su oposición, con escaso éxito. Ahora, tres años después, esa estrategia se ha vuelto contra él y afronta una dura precampaña marcada por el caso Ciempozuelos desvelado por ABC. Pero no es el único. Getafe, Leganés, Aldea del Fresno, Miraflores de la Sierra, Quijorna... Municipios socialistas cuyo urbanismo se encuentra bajo sospecha. Un lastre con el que Simancas acudirá a las urnas dentro de apenas siete meses, en la reedición de su duelo con Esperanza Aguirre. El secretario general de los socialistas madrileños, Rafael Simancas, el 10 de junio de 2003, antes de constituirse la A A la izquierda, editoriales de ABC y artículo del Director en los que se apuesta por la convocatoria de elecciones anticipadas como única salida a la crisis ASÍ NO Artículo publicado por José Antonio Zarzalejos el 11 de junio de 2003 L A dirección del Partido Popular está, quiera o no, ante un dilema de enorme gravedad y trascendencia democrática. La crisis del PSOE en la Comunidad de Madrid, protagonizada por dos electos que aducen motivos de naturaleza ideológica, podría llevar, como secuencia natural o, en todo caso, muy verosímil, a Esperanza Aguirre a la presidencia madrileña. La candidata popular ganó ampliamente las elecciones autonómicas, pero la conjunción de PSOE e IU logró un escaño más. La aritmética prevista ha sido desmantelada por dos diputados socialistas, a cuyas razones últimas para esta pirueta imprevista cabe oponer una considerable y escéptica distancia. Esperanza Aguirre y el PP no deben gobernar Madrid con el estigma de debérselo a lo que podrían ser dos tránsfugas. No digo que lo sean; digo que po- drían serlo y no creo alejarme de la realidad si afirmase que la inmensa mayoría de los ciudadanos alienta sospechas nada gratificantes sobre la sobrevenida objeción ideológica de los discrepantes, que bien sabían que Simancas era su jefe de filas y Fausto Fernández el socio de IU. De lo que expongo no se deduce- -ni mucho menos- -que el Grupo Popular en la Asamblea de Madrid tenga que apoyar al candidato socia- lista. En modo alguno. Pero hay un procedimiento más transparente, aunque arriesgado, que está plasmado en el Estatuto de Autonomía y en función del cual, si la Asamblea no logra en el plazo de dos meses investir a un candidato, deben convocarse nuevas elecciones. E l capital político está hecho de intangibles extraordinariamente delicados, muy frágiles, costosos de conseguir. Esperanza Aguirre ha ejercido la política siempre desde los principios y la transparencia y el Partido Popular acumula una superioridad sobre la izquierda ahora en crisis que no puede malba- ratar por la finta de dos electos del PSOE que sitúan la tempestad en su propia organización. Cualquier beneficio que se derivase para el PP del comportamiento de esos dos electos tendría el efecto pernicioso de trasladar el problema a la espalda de los populares porque, aun dando por supuesta la legitimidad de obtener el Gobierno con la aplicación de la mera aritmética, se produciría inevitablemente la espesura de la sospecha. Y así no merece la pena; así, no. Por la dignidad de la política y en beneficio de una estética que, en este caso, coincidiría con un análisis ético de una situación abochornante.