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12- 13 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA Mi claudicación fuerza de no tener móvil había desarrollado, como los ciegos desarrollan el oído, como los sordos la vista, un sentido cerebral de la comunicación. Podía adivinar si alguien estaba pensando en mí, o si me necesitaba, y al llamar por el teléfono de siempre, me decían, y no me extrañaba: ahora mismo estaba pensando en ti. Algún día tal vez se sabrá todo lo que se ha dejado de saber por saber tanto. Quiero decir que lo que el hombre ha avanzado le ha servido también para retroceder de alguna manera, y así nos hemos vuelto más sedentarios con el coche y más enfermos con las medicinas y, comunicarnos al instante con quien queramos, nos está haciendo perder una cualidad del cerebro de la que aún no sabíamos casi nada, la telepatía o como quiera que se llame esta facultad que se va perdiendo como el olfato ya para siempre, atrofiada de no usarla. Yo creo que solo con el pensamiento se puede influir en la vida de otras personas, y desear lo mejor a los demás, influye en los que nos rodean. Pero de esto, cada día sabremos menos, porque ya no necesitamos comunicarnos con el cerebro, ni con la mirada, sino con un artilugio llamado teléfono móvil. Mi cuñada Marta, que tiene un cerebro privilegiado y que trabaja en Orange, me dijo en una ocasión que el escaso segmento de población que a esta altura del siglo no tenía teléfono móvil, se había dejado de considerar como objetivo. Quien no tuviera hoy móvil, ya no lo tendría jamás. Pero éste no ha sido mi caso. Acabo de claudicar. El hecho de que mi querido hijo mayor me necesite a cada rato para preguntarme si los platos se lavan sólo con agua, o si los filetes se fríen con aceite, me ha abocado a tener que estar localizada para resolver sobre la marcha estas cuestiones de supervivencia. Ya sé poner mensajes y he vuelto a escribirme con mi marido. Es curioso, los besos por escrito parecen más besos que los de palabra. Pero he empezado a hacer cosas raras, como ir hablando por la calle, y no detenerme a hablar con una amiga. De no haber ido hablando, hubiera hablado con ella. Tengo la sensación de haber ganado menos de lo que he perdido: la mirada, el oído, el pensar todo seguido, y la cobertura en el universo. A Mónica FernándezAceytuno Plantando árboles ilustración de un manual para jardineros, de 1690. Debajo, Vista de la Gruta y parte del Canal. Grabado de la familia Perelle implacable. Le Nôtre tenía los pies en el suelo, era ingenioso y amigable Aunque el rey podía atemorizar incluso a los personajes más destacados con sólo mirarles, con Le Nôtre disfrutó de una amistad humana que trascendió la distancia que los separaba socialmente. A manos de Le Nôtre, el jardín formal francés alcanzó su apogeo. El estilo que él llevó hasta el grado de perfección, no sólo en Versalles, sino también en jardines como los de Vaux- Le- Vicomte, Saint- Germain, Chantilly, Saint- Cloud, Meudon y Sceaux, predominó en el gusto por la construcción de jardines en Occidente hasta finales del siglo XVII. El estilo de Le Nôtre fue imitado en toda Europa. Sin embargo, de Le Nôtre, el hombre, es muy poco lo que sabemos. Alguien le ha relacionado con Shakespeare, otra elevada figura cultural muy conocida por su obra, pero del que apenas se sabe nada como individuo. Pero hay que reconocer de inmediato que Le Nôtre tuvo también codirectores que, si bien no fueron responsables directos de los jardines, sí le influenciaron de muy variadas y significativas maneras. Louis Le Vau fue uno de ellos. Su título era Premier Architecte y, como tal, el château fue su principal ocupación, pero también diseñó estructuras dentro de los jardines, incluido el pabellón octogonal de la Ménagerie y la Torre del Agua, que concibió si podían ejercer de simples figurantes. El rey les privó deliberadamente de cualquier clase de poder genuino, anulándolos mediante elaborados entretenimientos y costosos placeres, sometiéndolos a elaborados rituales de etiqueta. Para cualquier avance social era imprescindible que el rey se fijase en uno, por lo que para los ambiciosos resultaba obligatorio permanecer en la corte. Mientras estuviesen bajo la atenta mirada de Luis, correteando tras él en sus paseos por el jardín o quedándose sin blanca en los juegos de mesa, no podrían reunirse para conspirar contra él. Cabe preguntarse cómo un hombre tan afable como André Le Nôtre se las apañó para manejarse en una corte dominada por mezquinas intrigas y pequeñas luchas de poder. La competitividad y el carácter fluctuante de la vida en Versalles queda patente en una cita de Marèchalde Villeroy: Mientras un ministro esté en posesión de su cargo, aguántale el orinal cuando lo necesite, pero en cuanto veas que sus pies empiezan a tambaintroducción learse, vacíaselo en la cabeza A pesar de que la influencia de Le Nôtre menguó al envejecer, jamás perdió el afecto del rey. André Le Nôtre, en un retrato de Carlo Maratta, de 1687, con un medallón regalado por el Rey Sol gracias a la ayuda de Denis Jolly, el diseñador de fuentes en el que menos confiaba Luis. Otra figura clave fue Charles Le Brun, quien recibió el título de Premier Peintre du Roi. Suele pensarse en él como el diseñador de interiores de Luis XIV y como jefe de los Gobelinos, la fábrica en la que se crearon las alfombras, los muebles, los tapices y la platería con que se decoró el château, pero también concibió las alegorías para las estatuas de los jardines, incluido el tema apolíneo que predominó en los primeros años. Da la sensación de que la vida al completo en Versalles estaba coreografiada al minuto, con Luis interpretando el papel principal, en tanto que los nobles del reino, antaño poderosos, tenían suerte ABC. es El texto completo en abc. es Galería de imágenes en www. abc. es informacion galeri as versalles paginas 01. htm