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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE romper una farola, o cualquier acto que tengan que ver con la violencia. Y usted dirá ¿qué tiene que ver la felicidad con que a uno le moleste que no se pague el autobús? Pues sí, porque esa persona tiene un sentido cívico de la vida, ha salido de su yo. Y no es mi opinión, sino un dato empírico. En el fondo, estamos ante el principio socrático de la virtud, de la justicia, de la verdad unido al principio evangélico del amor. Y eso se ha demostrado que da la felicidad. Con todo ello podemos decir que dos terceras partes de los jóvenes se sitúan en el polo de la felicidad, mientras que en el polo opuesto hay un tercio del que forman parte los libredisfrutardores, menos felices, y los retraídos, un 8 por ciento del total, claramente no felices, pobres diablos. -Sorprende que su estudio señale a las mujeres como las más contentas. -Sí, son más felices, pero en el momento actual. Y tiene una explicación: De 15 a 24 años las chicas tienen una estructura más construida que los chicos, saben divertirse con red, congeniar mucho mejor que ellos el trabajo con la diversión y la preocupación por el presente mirando al futuro; ellas tienen un cierto control sobre la vida que no tienen ellos; pero sucede que dentro de diez o quince años ese joven que hoy pone todo el acento en la diversión puede ponerlo en el éxito social y la chica no, porque ella va a seguir conservando el equilibrio entre el ocio y los estudios, algo que querrá mantener después entre su vida personal y su vida laboral y eso es un handicap para poder escalar a las mejores posiciones en una sociedad que busca por encima de todo la competitividad pura y dura y que el líder entregue su cabeza, su tiempo y su vida a la empresa. -Entonces, ¿jóvenes felices no tienen por qué ser adultos felices? -No. El caso más claro es el de las mujeres. Y puede ocurrir que jóvenes que ahora no son muy felices con un mayor grado de autocontrol lo sean más. Hay un grupo que son los retraídos, del que hablaba antes, formado sobre todo por hombres, cuasi violentos de los que se puede decir que no son felices y que difícilmente lo serán salvo un milagro, que se encuentren con alguien que se ocupe de ellos o tengan la tremenda suerte de encontrar una chavala que les quiera de verdad. Creo mucho en el noviazgo y pienso que éste puede cambiar muchas cosas. -El joven medio español, ¿es de izquierdas o de derechas? -Son más de izquierdas que de derechas. Cuando pasaron los trece años del Gobierno de Felipe González, eran más de derechas de lo que lo eran al comienzo, y al término de los ocho años de Aznar, eran más de izquierdas. Un fenómeno curioso y positivo porque indica cierta rebeldía. ¿Y cuál es más dichoso, el de derechas o el de izquierdas? -Es muy complicado porque entran muchos factores y he optado por decir que no hay distinción. Mi idea es que son un poquito más felices los de izquierdas, pero no tengo suficiente información para afirmarlo. Sí digo claramente que los demócratas son más felices que los autoritarios. -También se observa en su análisis que a menos edad menos felicidad. -No hay mucha diferencia en las edades, pero sí es cierto que en los nuevos adolescentes entre 14 y 16 años empiezan a aparecer unos ribetes de intolerancia preocupantes. Están emergiendo situaciones complicadas. De hecho, el grupo de los retraídos es el que menos edad tiene, y son los más anti inmigrantes, los más violentos y con menos formación, luego cuidado. -Demuestra que no plantearse el asunto religioso es inversamente proporcional a la felicidad. Sin embargo, la Iglesia católica sale, incluso entre los practicantes, muy mal parada. -Los más felices son los católicos practicantes y los agnósticos, porque los dos se han hecho la pregunta religiosa de alguna manera. Es más feliz el que ha salido de la pura inmanencia y se ha hecho la pregunta de la trascendencia. El católico no practicante, con el indiferente en materia religiosa y el no creyente sociológico, están en un ranking más bajo de felicidad. ¿Por qué sale mal parada la Iglesia católica? Porque la mayor parte de los jovénes que son felices son mujeres y las mujeres tienen un problema muy serio con la Iglesia, a las que perdió claramente al final del siglo XX, aunque a muchos obispos les cueste entenderlo. Además, la Iglesia ha adoptado el planteamiento del no, poniendo trabas a todo lo que supongan nuevos principios. Menos mal que este Papa ha dicho que la Iglesia tiene que decir no pero también sí. Además, la Iglesia se topa con el grave problema del tema de la sexualidad cuando podría decir tanto en una sociedad que sólo habla del sexo seguro cuando la sexualidad es mucho más que eso. Y el dilema se acentúa aún más cuando se comprueba en la juventud española una demanda religiosa muy clara que aguarda unas respuestas que no se dan. -Dijo hace diez años que si los jóvenes fueron la cantera de ETA, también pueden ser su tumba ¿Lo sigue pensando? -Ya lo son. DÍAS DE JÚBILO Las mujeres de Braulio B Blas Matamoro raulio, mi maestro de mus, me ha rebautizado Pensio, diminutivo madrileño de pensionista. No soy un excelente alumno, pero él es buen y paciente amigo. -Atiende al juego, Pensio. Ya te estoy cantando el órdago. Contra lo previsible, Braulio no sigue la partida sino que se queda pensativo, como si otra cosa interfiriera en el juego. Creo que fue la palabra órdago la causante de su distracción. En efecto, cuando una mujer le gusta especialmente, no suelta los tópicos de tía de bandera, o que está como un tren, sino: Es una hembra de órdago Esta vez la palabrilla lo ha puesto melancólico. ¿Sabes cuándo comprendí que me había hecho mayor, Pensio? Cuando las mujeres dejaron de mirarme y empezaron a escucharme. -Bueno, es una manera de mirar más profundamente. -Sí, y tú que lo digas. Hay un momento en que ellas dejan de verte como un varón y te elogian la ropa. Que mona corbata, qué camisa tan bien planchada. Es como su fueras otra mujer. Es verdad que Braulio va siempre hecho un pincel y en su atuendo cuidadoso se advierte la mirada cariñosa de una mujer, de Rosa, la de toda la vida. -Si te escuchan, Braulio, es que las puedes penetrar con algo invisible como la palabra, que es lo que llega más hondo. Don Juan Tenorio las seducía haciéndoles promesas. A las pobres, de ponerles piso; a las otras, de casarse con ellas y llenarlas de apellidos. A que tienes un montón de escuchas penetradas. -Vaya, no seas tan explícito, Pensio. Los hombres auténticos no hablamos de esas cosas. ¿Esas cosas son las mujeres? -Por ejemplo. Asunto reservado. Información sensible. -Comprendo que un muchacho guapo no necesite explicar nada para encandilar a una chica. Pero también entiendo que los años te entrenan para decir lo justo, contar experiencias, ensayar un puntito de doctrina, todo lo que un joven, si acaso, lo sabe sólo repitiendo lecturas. -Todo eso está muy bien, pero ya quisiera yo que una tía se quedase muda con sólo mirarme. ¿Por qué no, muda de admiración después de escucharte? -Anda, con tanta charla se me ha olvidado la partida. A ver si me das tu ahora la lección de flor y truco argentino, Pensio. Adelante, maestro.