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ABC SÁBADO 28 s 10 s 2006 Elecciones catalanassAnálisis ESPAÑA 21 Una burguesía sumida en el desconcierto Hace un siglo que la burguesía catalana bascula entre el posibilismo y el desconcierto. Y el desconcierto es el colofón del trienio tripartito, que ha llevado a la clase empresarial a pedir el oxígeno de la estabilidad, aunque se a costa de la sociovergencia POR SERGI DORIA BARCELONA. Históricamente, el caballo de batalla de la burguesía catalana, con poder económico y sin poder político, se llamaba aranceles Impulsora de una revolución industrial, no ostenta títulos nobiliarios. En 1835 las masas queman conventos y en uno de aquellos solares se levanta el Gran Teatro del Liceo en 1847, al tiempo que se inaugura la fábrica de La España Industrial. Con la decadencia finisecular, el discurso catalanista, hasta entonces limitado a la lírica romántica, toma hechuras políticas en las Bases de Manresa. Al gobierno de Madrid se le pide proteccionismo y autonomía para sus regiones avanzadas. Mientras tanto, la pequeña burguesía sigue asociando el trabajo y ahorro que hizo grandes a patriarcas y mecenas como Manuel Girona o Joan Güell. Durante mucho tiempo prefiere producir riqueza y encargar a hombres de confianza la tarea del lobby en Madrid. Las palabras de Girona en 1877 podrían aplicarse a algún empresario actual: Yo no entiendo de cosas políticas, lo confieso plenamente; soy un hombre que conoce los números y eso a fuerza de moverlos La falsa ruta de la Lliga, o el otro catalanismo El 15 de febrero de 1939 un eminente jurista catalán y prohombre de la Lliga, Fernando Valls Taberner, expresa la desilusión catalanista en su artículo La falsa ruta publicado en La Vanguardia Española que acaban de poner en marcha Manuel Aznar Zubigaray y Josep Pla. La falsa ruta es el catalanismo que se ha vuelto contra Cataluña: Lo que en un tiempo pudo tener de generosa aspiración renovadora, en medio de la general decadencia, todo ello ha sido ignominiosamente prostituido y sacrificado en estos últimos años La Lliga pasó a la Historia. En 1977, Josep M. Figueras la intentó resucitar, pero no tuvo adeptos: el relevo del catalanismo burgués lo tomó Convergència. Francesc Cambó ejemplificó el doble perfil económico y político de la burguesía catalana quismo, la patronal se abraza al Somatén, los pistoleros y la ley de fugas de Martínez Anido. En 1923, Puig i Cadafalch, presidente de la Mancomunitat, despide con parabienes a Miguel Primo de Rivera que va a Madrid para proclamar la Dictadura. Primo deja que los empresarios se enriquezcan y concede títulos nobiliarios, pero reprime el catalanismo. A su caida, Cambó intentará salvar la Monarquía. El 14 de abril las masas gritan Visca Macià, mori Cambó La esquizofrenia burguesa se revela con toda su crudeza en una República que da autonomía a Cataluña, pero acaba superada por el discurso revolucionario. Con Barcelona como feudo cenetista y tras el secesionismo de Companys, la burguesa Lliga apoyará el 18 de julio. El resto es conocido: fábricas colectivizadas y el retorno en 1939 con las tropas franquistas. Como otras veces, los militares para sacar las castañas del fuego, mientras que la burguesía recupera sus fábricas y se dispone a ganar dinero y soportar estoicamente una política de signo corporativista en la posguerra. La burguesía enmascarará primero el franquismo con el seny a partir de los 60, entonará la nova cançó del mecenazgo civil catalanista. Hoy, la burguesía catalana padece los mismos síntomas que cualquier otra clase poderosa en el marco de la transna- ABC Cambó, el capital inteligente Francesc Cambó ejemplifica un doble perfil inédito del burgués. A la economía productiva se une un ambicioso proyecto político: tomar desde Cataluña las riendas de una España moribunda. Pero el catalanismo no podrá enfrentarse con un fenómeno internacional: la lucha social anarquista, que hace de Barcelona la ciudad de las bombas La burguesía sufre el terrorismo cuando en 1893 Santiago Salvador lanza dos bombas orsini en la platea del Liceo. El patrón ya no sólo vindica proteccionismo y autonomía. A las protestas contra un gobierno insolvente, se une la necesidad de protección física. Ocurrirá en 1909, con la Semana Trágica: Prat de la Riba seny ordenador del catalanisme hace oídos sordos a la petición de Joan Maragall para que indulte a Ferrer i Guardia, considerado responsable moral de unos hechos luctuosos en siniestro paralelismo con las bullangues de 1835 ó 1936. La inestabilidad lleva del posibilismo catalanista al desconcierto social: en 1917 con la huelga revolucionaria, en 1919 con la de La Canadenca, que deja sin electricidad a Barcelona. Los años veinte se abren con la quiebra del Banco de Barcelona (la banca, asignatura pendiente) Para combatir el anar- La patronal dice en voz baja que el PP gestiona mejor que el PSOE pero abomina del discurso anticatalán cionalización de capitales y la globalización económica. Pero sigue manteniendo un problemático equilibrio entre el discurso catalanista y la realidad de un mercado español que necesita. La solución es Convergència. Banderas catalanas e intereses de clase. Impostación del despreció hacia el PP en una sociedad que no gusta recordar sus décadas profranquistas. Otra parte de la burguesía abona el ideario socialdemócrata representado por hijos de notables como Pasqual Maragall o Narcís Serra. Un discurso progre que recuerda al catalán de la Mancha que satirizó Rusiñol. En estos momentos, las grandes familias catalanas se reparten entre el nacionalismo convergente y la socialdemocracia gauche divine Sus retoños coquetean con Esquerra y los okupa Hipertensión política La burguesía admite en voz baja que el PP gestiona mejor la economía que el PSOE, pero abomina de un discurso que juzga anticatalán. La patronal cree que el tripartito ha sido un desastre. ¿Tolerarán una coalición de Mas con Carod, el hombre que provocó el boicot al cava? El empresariado critica con la boca pequeña a los políticos que usurpan la sociedad civil y tampoco está seguro de si la promoción de los productos catalanas fuera del paraguas español es una buena apuesta en los tiempos de la mundialización. Reconoce que el Barça es más que un club, que Cataluña es más que una nacionalidad, pero también que España es más que un mercado. Más desconcertada que nunca, nuestra burguesía pide oxígeno: no soporta más hipertensión política. NOTAS AL MARGEN Miquel Porta Perales Escritor MENTIRA Y POLÍTICA E n el trabajo Verdad y política que Hannah Arendt escribió a raíz de la polémica generada por su libro Eichmann en Jerusalén, se lee que la verdad y la política mantie- nen muy malas relaciones. Y la filósofa concluye que la mentira siempre ha sido considerada un instrumento necesario y legítimo, no sólo del oficio de político y demagogo, sino también del hombre de Estado. Para Hannah Arendt, la mentira- -además de un mecanismo substitutivo de la violencia- -tiene la virtud de fabricar unas imágenes persuasivas que consiguen calmar el ánimo del ciudadano. A ello hay que añadir que siempre hay políticos que se engaña con sus propias mentiras, porque el engaño sin autoengaño es prácticamente imposible. El resultado: gracias a la mentira y el engaño se constru- ye una realidad que está de acuerdo con los deseos o necesidades de quien miente o engaña. Detalle: quien dice la verdad, o pretende buscarla, deviene un peligroso y destructivo enemigo interior. Esta reflexión de Hannah Arendt viene como anillo al dedo para sintetizar lo que ha sido la campaña electoral a las autonómicas catalanas. El ciudadano vota sabiendo que los políticos mienten. Quizá le quede la esperanza de que alguna de esas mentiras, de esos sueños, se hagan algún día realidad. Y es que- -dicen- -en la política, como en la ficción, todo es posible. Habrá que creerlo.