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ABC VIERNES 27 s 10 s 2006 Elecciones catalanas ESPAÑA 17 La abstención se abate sobre el Carmel La campaña electoral ha pasado de largo del Carmel. Ni banderolas ni mítines. Mientras el barrio recupera poco a poco la normalidad, los vecinos muestran su desencanto: No pienso votar. Ni rabia tengo POR ÀLEX GUBERN FOTO ELENA CARRERAS BARCELONA. Una ola de abstencionismo se abate sobre el Carmel. Casi dos años después del hundimiento del túnel del Metro, el barrio recupera muy poco a poco la normalidad; no así el espíritu político de una zona de trabajadores, tradicionalmente votantes de la izquierda, pero que de resultas de la crisis de enero de 2005 se hunden progresivamente en un apoliticismo generalizado; como si el enorme sarcófago de hormigón que es ahora el túnel de maniobras hundido arrastrase al barrio por la pendiente del desencanto. El escaso ambiente electoral que se respira en el Carmel- -ni mítines, ni carteles, ni banderolas- -contribuye a esta sensación de barrio aislado, como si la campaña hubiese quedado atorada en medio del túnel de la Rovira, el eje de comunicación que le une con el resto de una Barcelona igualmente ajena al baile político. ciento menos. De política, mejor ni hablar. Estoy desencantada. Fue un chasco tan grande que lo menos que soy ahora es apolítica explica. Como si los gabinetes de estrategia de los partidos percibiesen este desencanto, la campaña ha pasado de largo del Carmel. El PSC hizo la pasada semana un pequeño acto; Artur Mas (CiU) unos días antes de comenzar oficialmente la campaña, realizó una visita de semi incógnito al barrio, evitando una foto tan oportunista como de seguro mal recibida en la zona. Poco más. No les hemos visto el pelo Sí, la verdad es que a los políticos no se les ha visto el pelo bromea Beatriz Lobeiras, sirviendo una caña tras la barra del ahora medio vacío bar que posee en la calle Sigüenza. Al igual que Marifé, justo ahora acaba de reabrir, y como en la tienda de ropa, el negocio no tira. Afectada por partida doble- -negocio y piso: casi un año viviendo en un hotel- -reprocha a los políticos el abandono al que los sometieron durante los meses fuera del barrio. Del Ayuntamiento sí que nos visitaban los concejales, pero de la Generalitat, ni uno explica mientras atiende a Marc, su hijo de año y medio, nacido en el exilio en precisa definición de la misma Beatriz. Se declara abstencionista. Siempre he votado, pero esta vez no tengo ganas confiesa acompañándose de una mueca de medio resignación. Las semanas van transcurriendo y, aunque se percibe en el barrio cierto decaimiento, la normalidad va recuperándose. De los 1.276 desalojados sólo quedan un par por regresar, las esperadas obras del Metro- -el origen del desastre- -se han adjudicado de nuevo, las Un abuelo y su nieto en el barrio del Carmel Yo quiero votar, pero mis hijos me dicen que no, que no se lo merecen los políticos explica asomada a su balcón de la calle Sigüenza Teresa Gómez, 82 años estupendamente llevados, presumiendo de unos geranios realmente asombrosos, como la pulcritud del resto de su piso. Si la vida de exilio en el hotel supuso un trastorno para todos, quienes peor lo llevaron fueron los niños y los ancianos. Acabé harta confiesa mientras se niega en redondo a que la fotógrafa la retrate. Su hija le acaba de arreglar el pelo y todavía lleva las pinzas. No es plan. Sevillana de origen, cuarenta años en el Carmel y media docena de bisnietos, recuerda los nueve meses de hotel: Con las chicas que hacían la habitación bromeábamos. El baño me lo limpiaba yo, faltaría más ¿Y el miércoles piensa votar? Pues no lo sé Partido político de las plataformas vecinales De la crisis del Carmel surgió un buen número de asociaciones de afectados y la revitalización de la Asociación de Vecinos. También surgió una llamada Asociación de Damnificados, cuya actividad ha sido tan notoria como dudosa su representatividad. Ahora, de ese grupo ha nacido el llamado Partido Azul para presentarse a las autonómicas, en nombre también de otras plataformas vecinales. Echar la persiana Mira, es que hasta me da todo igual, ni rabia siento confiesa Marifé Fernández mientras dobla pantalones tras el mostrador del negocio de ropa de niños que regenta desde hace 35 años. En el número 4 del pasaje Calafell, en plena zona cero, Marifé no pudo reabrir su negocio hasta hace apenas un mes. A pocos metros, otros dos comercios todavía no han abierto sus puertas, los últimos que quedan de los 236 largos que tuvieron que echar la persiana hace ahora dos años. Muchos otros, directamente, han decidido no regresar. Mira, sólo en esta misma calle hasta cinco tiendas ya no han abierto se lamenta Marifé, quien ha tenido que despedir a la dependienta que la ayudaba y calcula que ahora vende un 50 por ayudas para la rehabilitación de viviendas se extienden más allá de la zona afectada, en el mercado casi se deja sentir ya la inminencia de la campaña de Navidad... Y el miércoles 1, nueva convocatoria electoral. En Miami, a empezar de cero; la crisis me quemó Al frente de los vecinos trasladados al Hotel Atenas- -en plena crisis los desalojados se organizaron en distintos grupos, según el hotel- Juan Antonio Sánchez lideró las reivindicaciones. Primero ganándose el respeto de sus vecinos, luego obteniendo incomprensión cuando la negociación se alargaba, la administración apretaba y los desalojados perdían fuelle. Acabé muy quemado. Con los políticos, por supuesto. Para nuestra desgracia, el Estatuto lo acabó tapando todo Decepción también con sus convecinos: Me acusaron de empecinarme, de apretar demasiado durante las negociaciones Cansado de todo, Juan Antonio fue de los que se acogió a la opción de hacer una permuta de su piso. Dejó el Carmel y se trasladó a Diagonal Mar, donde ahora vive su madre, lejos del barrio y medio deprimida en un barrio que le es hostil Él decidió cortar por lo sano. Casualidades de la vida, el día 1, fecha de las elecciones, tiene un billete de avión. Pidió un traslado y su banco le ha mandado a Miami: Allí, junto a mi mujer, quiero empezar una nueva vida. El Carmel me quemó