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ABC VIERNES 27 s 10 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CEPO ANDALUZ NDALUCÍA no es una realidad nacional, ni nada que remotamente se le parezca, y el nacionalismo jamás ha superado en ella las leves cotas de un confuso sentimiento de agravio comparativo. Tampoco Cataluña es una nación, y sin embargo las Cortes españolas así lo han admitido en un Estatuto que desintegra el modelo constitucional vigente, en tanto que la vaga mención histórica recogida en el texto andaluz no pasa de ser una milonga tan retórica como estéril. Pero mientras hay cientos de miles de catalanes dispuestos a erigir sobre la IGNACIO declaración estatutaria CAMACHO un muro de diferencialismo, a ningún andaluz medianamente cuerdo se le pasará jamás por el caletre dejar de sentirse parte de una España de ciudadanos iguales. Lo de la realidad nacional era una emboscada política urdida por la izquierda para atrapar a una derecha que desde el error antiautonómico de 1980 vive presa de un complejo de desconfianza, y para amortiguar la alarma encendida por la ventajista deriva catalana. Si el PP se hubiese enredado en el cepo con una negativa cerrada, habría sufrido otro revolcón histórico que ya le tenían preparado con profusión de propaganda, y que además de alejarlo otros 25 años de cualquier posibilidad de alternativa en Andalucía, le pondría inalcanzable la victoria en España al abrirle una brecha electoral en la comunidad más poblada y con más diputados. Desactivada la trampa mediante una inofensiva alusión historicista en el marco de un preámbulo de inequívoco españolismo constitucional, el nuevo Estatuto andaluz- -cuya reforma era, por otro lado, perfectamente prescindible- -va a salir del Congreso pulido de los más de cien disparates iniciales que bordeaban la Constitución o abiertamente la vulneraban, lo que dicho sea de paso descalifica con estrépito el demencial criterio de unos legisladores autonómicos que deberían dimitir avergonzados. Y eso ha ocurrido gracias a la presión del PP, al tesón negociador y posibilista de Javier Arenas y, todo hay que decirlo, a la cordura de un Alfonso Guerra que al fin se ha respetado a sí mismo. Por una vez, la derecha ha esquivado con un giro de cintura a los viejos y escleróticos fantasmas que la llevaron al desastre en Andalucía y permitieron la instauración de un régimen de clientelismo y dependencia cuyas claves profundas escapan al entendimiento displicente de algunas minervas que desde Madrid desempolvan con despectiva suficiencia los más rancios estereotipos de folclore. Ahora, lo que procede hacer con el Estatuto de marras es tratarlo a su paso por el referéndum con la más absoluta y pasiva indiferencia. Para que quede claro que el marasmo andaluz no se sacude con más autonomía, sino con una alternancia de poder que se empieza a convertir en cuestión de salud pública. Y que se volvería imposible si la derecha hubiese cometido el error que Chaves y los suyos estaban esperando para perpetuarse en ese cortijo que les regaló la miopía de ciertas lumbreras incapaces de corregirse sus caducadas gafas de ver España. A EL DÍA DE LAS TOGAS OY es el día. Hoy se debate en los tribunales la culpabilidad de Ignacio de Juana Chaos. Se le acusa de todo lo que se le puede acusar a un criminal: pertenencia a banda armada, amenazas, apología del terrorismo y otras hierbas. ¿Qué tiene de especial que juzguen y condenen a un tipo miserable, como tantos, en los días que corren? Pues, precisamente, los días que corren. A la hora de escribir este suelto, el fiscal encargado de culpar al reo ha optado por quedarse en casa ante la consigna de la Fiscalía de rebajar la petición de pena de noventa y seis a tan sólo seis años, y el jefe ha designado al correturnos para sostener la acusación políticamente correcta. El papelón del fiscal Burgos, número tres de la Fiscalía, es merecedor de una cena homenaje por el engrudo que tiene que tragar: el que a Cándido Conde Pumpido no le importe hacer el ridículo en situaciones como éstas no significa que para sus subalternos no signifique un auténtico desafío profesional. Que lo considere el número tres de la misma manera que lo ha considerado el número dos. El compromiso es del polítiCARLOS co, no de los profesionales. HERRERA Después de una dieta hipocalórica a base de jamón de York, uno de los criminales más significativos de la ETA ha conseguido hacer de su caso una bandera reivindicativa en la que ha involucrado a un obispo y a un gobierno, elementos indispensables en toda negociación que se precie. Con tal de que el bueno de Iñaki no les reventara el invento, la autoridad convenció a sus terminales judiciales de que no cargaran demasiado la mano. Las mismas autoridades que semanas antes dijeron que los pecados de De Juana merecían noventa y seis años se cayeron del caballo y se dieron cuenta de que les habían fallado las pilas de la calculadora: una súbita reacción les hizo ver que la cosa no pasaba de seis y que H lo anterior era, a todas luces, una exageración. Menuda confianza en la justicia. Para no andar con rodeos: el gobierno de Rodríguez tiene que demostrar a sus contrarios que el cuento de la negociación va en serio y que, por lo tanto, va a cumplir lo prometido, es decir, que este miserable estará en la calle, como mucho, en un par de años. Si después de la vista que comienza hoy, el tribunal decide que no está la cosa como para liberar a chusma de este tipo en cuatro días y considera que el adelgazado terrorista debe permanecer entre rejas un buen puñado de años más, el Gobierno, a ojos de la banda terrorista, habrá incumplido sus acuerdos. Es notorio que para tipos de esta calaña el poder judicial independiente no existe, es decir, que si la voluntad política está en que los jueces decidan tal cosa, ellos deben obedecer sin rechistar. Es el futuro que le esperaría a la sociedad vasca con una justicia en manos de gente así. No descubro, por otra parte, ningún misterio si recuerdo que el ministerio correspondiente ha ordenado un refuerzo de vigilancia sobre los objetivos clásicos de la banda: se han detectado seguimientos, movimientos sospechosos y consta el robo de pistolas en Francia por parte de la ETA. Esas pistolas no han sido robadas para montar un museo, sino para presionar a un Gobierno timorato. Si los jueces se comportan libremente y no atienden a los cantos de sirena ronca de un Gobierno al que no le importa arrastrar las togas de sus fiscales por el fango de los caminos, los consentidos muchachos de las bombas y el plomo se sentirán traicionados. Se juega mucho el Gobierno de Rodríguez Zapatero en esta causa que hoy comienza. Lo sabe. Por eso se dedica en cuerpo y alma a exculpar a un criminal de sus crímenes. En mano de los jueces está soportar la dignidad del Estado. Los fiscales, mejor dejarlos aparte. Hoy, y no otro, es el día de la togas. www. carlosherrera. com