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ABC MIÉRCOLES 25 s 10 s 2006 Tribuna AGENDA 67 Enrique Rojas Catedrático de Psiquiatría DECÁLOGO CONTRA LA TRISTEZA 8. Tener el apoyo de la familia y los amigos. Necesitamos la ayuda y comprensión de los demás. La familia debe ser el recinto privado en donde se aprende a amar y donde mejor se siente uno comprendido. Cada uno es como un boomerang; lo que se siembre en nosotros, eso se recoge. Por esos entresijos planea la amistad, que no es otra cosa que donación, confidencia y complementariedad. A Es necesario aprender a mandarse uno a si mismo mensajes positivos, lenguajes cognitivos así por ejemplo, ante situaciones adversas y momentos duros, podemos decirnos: Ánimo, arriba, adelante, que puedes superar esto si te lo propones caba de aparecer mi libro Adiós Depresión, fruto del trabajo de investigación y clínico de dos años. Quiero ofrecer aquí una especie de guía para el lector inquieto, un decálogo contra la tristeza, un manual de instrucciones para salir de ese laberinto tenebroso de brumas inciertas y pensamientos negativos que conducen a un túnel de difícil salida. La auténtica felicidad no es un estado perfecto y permanente, sino un balance existencial positivo. Los altibajos, frustraciones, dificultades, sinsabores, errores, etc. son inevitables y en la mejor de las vidas todo eso asoma en distintas dosis y circunstancias. En nuestra mano está el saber encauzar esos fracasos y aprovecharlos como experiencia de la que se deben sacar enseñanzas. 9. Recurrir al psiquiatra cuando sea necesario. El psiquiatra es el médico más humano que existe, aquel que debe ser especialista en humanidad. Pero con rigor científico y con psicología, ciencia y arte. Hay que tener presente que en las depresiones endógenas la medicación es lo esencial; en las depresiones reactivas, la psicoterapia es la que lleva la voz cantante... Hay que seguir las pautas terapéuticas diseñadas por el psiquiatra: tomar la medicación prescrita, cumplir las directrices apuntadas, hacer los controles de análisis propuestos, no dejar la medicación por voluntad propia, ni automedicarse. Es preciso recurrir al psicólogo siempre que sea necesario y saber que su labor es muy positiva, pues debe conocer lo que sucede dentro de uno. 1. La felicidad como proyecto. Es el objetivo de la existencia humana. La vivencia de la felicidad es siempre perfectible, nuestra vida aspira a la felicidad con argumentos. Es un proceso que exige orden, constancia, voluntad y motivación, esos cuatro ingredientes son para mí los que habitan en la llamada inteligencia instrumental. Se minimizan los fracasos y se valora cualquier logro, por pequeño que sea. La felicidad absoluta no existe, hay que aspirar a una felicidad razonable. 2. Saber tomarse las cosas de la vida con sentido del humor. El sentido del humor es patrimonio de las personas con buena salud mental. Es un componente clave de la actitud positiva, es la salsa que adereza, día a día, las adversidades y reveses. 3. Conocerse a sí mismo. Esto implica dos cosas: conocer las aptitudes y saber las limitaciones. Ambas apuntan hacia la consecución de un mejor equilibrio psicológico. Una persona madura es un gran antídoto contra la depresión. 10. Búsqueda del sentido de la vida. Es necesario descubrir qué es la vida, en qué consiste, para qué vivimos. He dejado para el final el punto más importante de todos. Sentido quiere decir tres cosas: 1) Dirección: hacia donde vamos, de dónde venimos. Conocer y amar la verdad, buscar lo que no es transitorio, ni momentáneo, ni anecdótico... Dios a la vista. Dios que es amor. Con dos segmentos: el microsentido del día a día: sacarle el máximo partido a cada jornada, viviendo intensamente el momento, visión corta de la jugada de la existencia cotidiana; y el macrosentido de la vida: descubrir una visión larga de la jugada, de lo que debe ser esta vida. 2) Contenido: Nos desplazamos, vamos de aquí para allá, pero deben hospedarse dentro de nosotros los grandes temas de la vida, vividos a fondo, con la frescura y lozanía de lo que no se agota: amor, trabajo, cultura, amistad... los platos fuertes del banquete de la vida. 3) Estructura: que existan dentro de nosotros el menor número de contradicciones internas, que busquemos la coherencia de vida, que se de una buena armonía entre lo que pienso y lo que hago, que entre la teoría y la práctica haya una relación equilibrada. 4. Desarrollar lenguajes interiores positivos. Desde que nace la psicología cognitiva sabemos que cada uno tiene una especie de monólogos interiores privados, que acompañan los pensamientos y las acciones. Es necesario aprender a mandarse uno a sí mismo mensajes positivos, lenguajes cognitivos, así, por ejemplo, ante situaciones adversas y momentos duros, podemos decirnos: Ánimo, arriba, adelante, que puedes superar esto si te lo propones... 5. Fortalecer la voluntad. La vo- luntad es capacidad para hacer algo valioso pero que de entrada cuesta y se hace difícil. Voluntad es capacidad para aplazar la recompensa. Es hacer algo positivo para uno mismo, pero sabiendo que los resultados no serán inmediatos, sino mediatos. Si hay una voluntad recia, aparece la lucidez del perdedor, que consiste en volver a empezar y poner de nuevo sobre la mesa los propósitos a alcanza. tante es la vida. Comprendernos a nosotros mismos, tener capacidad para rectificar, perdonarnos a nosotros mismos y saber que el tiempo cura casi todas las heridas. 7. Tener una concepción correcta del tiempo. Que pasado, presente y futuro formen una ecuación sana, equilibrada, armónica. Una persona madura es aquella que vive instalada en el presente, tiene asumido y superado el pasado con todo lo que eso significa, y vive empapada y abierta hacia el porvenir. 6. Saber superar las crisis de la vida. La asignatura más impor-