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ABC MIÉRCOLES 25 s 10 s 2006 INTERNACIONAL 41 Ciudadanos de segunda Desde los ataques del 11- S, la discriminación contra los tres millones de cristianos paquistaníes sigue un curso acelerado. Estas son algunas de las amenazas que afrontan: Ataques a iglesias, escuelas y hospitales por parte de fanáticos islamistas. Desde el Once de Septiembre se han producido 40 muertes entre la minoría cristiana. Ley de la blasfemia. La acusación, con frecuencia falsa, de que se ha insultado el Corán o a Mahoma se castiga con la cárcel. Cerca de 80 cristianos han sido juzgados y condenados. Violación de mujeres. La cristiana violada necesita el testimonio a su favor de cuatro varones musulmanes para que se castigue al agresor. En caso contrario es ella la condenada a cárcel por delito sexual Discriminación en la educación y en la empresa. El nombre cristiano o la obligación de declarar la religión en el pasaporte y en la solicitud de trabajo coloca a los no musulmanes en situación de desfavorecidos. Saber el Corán de memoria es una cualificación. Estudio obligatorio del Corán, también para los niños cristianos, en las escuelas públicas. Como pertenecen a las capas más pobres, los cristianos no pueden acceder a las instituciones educativas privadas. Un grupo de cristianas paquistaníes rezan en una iglesia de Multan tras el fallecimiento de Juan Pablo II en abril del año pasado AP Cristianos en Pakistán, la cruz de la moneda Tres millones de cristianos en el segundo Estado musulmán del mundo viven, desde el 11- S y la crisis de las caricaturas sus momentos más difíciles. Ellos no reclaman diálogo de civilizaciones. Sólo justicia POR FRANCISCO DE ANDRÉS ENVIADO ESPECIAL LAHORE (PAKISTÁN) La colonia de Youhanabad, en las afueras de Lahore, reúne los elementos de la mayoría de los asentamientos de chabolas de la segunda macrourbe de Pakistán. Calles sin asfaltar, casas de adobe o ladrillo desportilladas, y basura, mucha basura. Pero Youhanabad tiene un broche de distinción: es el mayor asentamiento de cristianos- -en su mayoría católicos- -del país, con sus 50.000 almas. Unas pocas instituciones religiosas son su único orgullo. Entre otras, la Escuela Técnica Don Bosco, llevada por el misionero español Miguel Ángel Ruiz Espínola. De los 200 alumnos que aprenden aquí gratuitamente un oficio, cerca de cien viven en régimen de internado. La capilla, sencilla y digna, está enmoquetada. Los chicos se descalzan al entrar, y en el momento de la adoración eucarística hacen la postración musulmana como signo de reverencia. Mimetismos quizá de una cultura ambiental islámica de siglos, que no roza lo esencial pero revela lo reciente de la evangelización en Pakistán: apenas tres o cuatro generaciones. El cristianismo llegó a esta región del Punjab a finales del siglo XIX, de manos de capuchinos belgas recuerda monseñor Lawrence J. Saldaña, arzobispo de Lahore y presidente de la Conferencia Episcopal paquistaní. Los primeros destinatarios eran hindúes sin casta o intocables, que vieron el cielo abierto en la predicación evangélica de igualdad entre todos los hombres. Con los británicos no lograron, sin embargo, levantar vuelo y la llegada en 1947 del Pakistán de militancia musulmana recluyó definitivamente a los cristianos en la pobreza. Estigma social No hay sonido de campanas, prohibidas por ley, pero los altavoces de los minaretes marcan el ritmo coránico de la jornada. Los viernes, día sagrado musulmán, la prédica del imán expande por las barriadas las invectivas de costumbre contra América, Israel y el Satán occidental, mientras en un puñado de iglesias paquista- níes se recuerdan, a puerta cerrada, las razones para la reconciliación y el perdón. La suerte de los tres millones de cristianos paquistaníes, en un universo de casi 160 millones de compatriotas musulmanes, se torció a comienzos de los 80 bajo la dictadura del general Zia y su proceso de islamización. El actual presidente, Musharraf, decidió en 2002 suavizar la situación. Desde entonces, un votante cristiano puede ya votar a un candidato musulmán, y un musulmán a un cristiano. Pero el estigma social de los no mahometamos es profundo y se ha agravado aún más desde el Once de Septiembre. El primer ataque de las turbas a las iglesias se produjo en octubre de 2001, en el sur del Punjab. Quince cristianos fueron asesinados. Desde aquella fecha las agresiones a templos, escuelas y hospitales cristianos se producen con periodicidad, alentadas por la galaxia de organizaciones yihadistas que operan en Pakistán. Desde el altavoz del minarete se propala que han insultado al profeta, y la turbamulta actúa de modo ciego La verdad os hará sanas LAHORE. Son chicas y en su inmensa mayoría musulmanas, porque los cristianos no pueden permitirse en Pakistán un colegio de pago. Y sin embargo, el Convento de Jesús y María, dirigido hoy por la monja española Pilar Vila Sanjuán, es uno de los colegios más prestigiosos de Pakistán por su disciplina y la calidad de la enseñanza. No hay velos entre las alumnas mayores. Les he dicho que quiero reconocerlas por la cara; si quieren ponerse el velo cuando salgan, que lo hagan dice la misionera. Tampoco clases de religión cristiana, aunque trato de darles valores. Sobre todo el de la sinceridad. Como aquí no se entiende el concepto de libertad, les digo a las chicas que la verdad les hará sanas apunta con un dejo de ironía la temperamental monja catalana. Pilar Vila Sanjuán prefiere no entrar en detalle sobre la amenaza que supuso para el colegio la crisis de las caricaturas danesas Pero tiene muy claras las condiciones del diálogo con los radicales. No venimos a convertirles- -advierte- sólo les pedimos que nos traten como nosotros tratamos a los musulmanes La ley de la blasfemia suele ser el mejor pretexto. Desde el altavoz de un minarete se propala la especie de que un lugareño cristiano ha insultado al Corán o al profeta, y la turbamulta opera a continuación como una fuerza ciega. El sentimiento se impone a la razón y a las varas de la policía. Los crímenes de honor tienen el tirón de unir religión y costumbre, y son más corrientes en Karachi que en Lahore, donde existe menos roce con las minorías. Cuando una joven musulmana se casa con un cristiano, la familia de ella se considera obligada al crimen para limpiar el honor del apellido. El abismo cultural es en estos casos insalvable, y explica el comentario socarrón de un punjabí musulmán: Lo que nos distingue es que nosotros podemos besar a vuestras mujeres y vosotros no podéis ni mirar a las nuestras