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ABC MIÉRCOLES 25 s 10 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PARA BELLUM ALVO que las quieran para ir formando una milicia somatén del futuro Gobierno vasco en el que acaso piensen integrarse los actuales comandos, cuatrocientas pistolas son muchas pistolas para una banda terrorista que se supone dispuesta a abandonar los atentados. A lo mejor ese robo es también un gesto para consumo interno como interpreta el Gobierno los comunicados amenazantes, o quizás es que Ternera y Txeroki, poco versados en latín, han confundido el viejo adagio de si vis pacem, para bellum con el anuncio de una marca de armería. Parabellum de siete milímetros para sentarse de oyentes en el debate del Parlamento IGNACIO Europeo. Que pongan un CAMACHO detector de metales en la Eurocámara. Cuando Arafat dijo en la ONU aquello de que iba con una rama de olivo en la mano y un fusil en la otra, para escoger según le fuera el caso, por lo menos tuvo el detalle de dejarse el fusil en casa. La metáfora era nítida, pero lo que llevaba en la mano era la rama. En cambio hoy, en Estrasburgo, lo que ETA va a poner sobre los pupitres de esas bienintencionadas señorías tan interesadas en avalar el proceso de paz es un montón de pipas recién afanadas en territorio comunitario, demostrativas de sus pacíficas intenciones para la eventualidad de que sus reivindicaciones no sean adecuadamente atendidas. Olivos es que no había cerca, por lo visto. Si se trataba de internacionalizar la cuestión, nada mejor que irse a Francia a vaciar un arsenal. Pistolas francesas para amenazar a españoles: a ver si eso no es un conflicto europeo en toda regla. Que llamen a Solana para organizar la mediación. Y si comunica, pues que avisen a Pérez Esquivel, a Cossiga y a los curas irlandeses de guardia. Pero que se traigan los santos óleos por si es menester administrar extremaunciones. Ya se sabe que las armas las carga el diablo. En este caso, parece que el diablo no va a tener que hacer horas extra; ya están los etarras para mantener el armamento en perfectas condiciones de uso. Desde luego nadie podrá acusarles de ambigüedad; el mensaje es de una claridad estremecedora y pone a prueba la inventiva de los arúspices del buenismo gubernamental para explicarlo con la habitual exégesis minimizadora y benevolente. Porque hasta los fontaneros de Moncloa tendrán que admitir que, como gesto de buena voluntad, el acopio de cuatrocientas pistolas resulta una perífrasis demasiado alambicada. Esto es lo que hay, pues: un rearme muy aparatoso para reforzar la dialéctica del juego. O la negociación avanza a la medida de los intereses de los terroristas, o sacan la flamante artillería de paseo. Si alguien quería llamarse voluntariamente a engaño, lo va a tener aún más complicado ante una explicitud tan diáfana. Cuando se decía que ETA iba a sentarse a negociar con las pistolas encima de la mesa, era difícil imaginar que se trataba de una expresión tan literal. Y tan siniestra. S EL RECUADRO DE LA VEGA, MI SEÑORITA BENITA STO no es un artículo. Es un SMS un poco larguito. Un SMS floreado. Dice así: Queremos que De la Vega siga siendo vicepresidenta. Pásalo ¿Lo ha pasado usted ya? ¿Sí? Pues sigamos con la ampliación del SMS. Queremos que Teresa de la Vega siga siendo vicepresidenta porque, la verdad, a mí me rejuvenece muchísimo. Me recuerda a la Señorita Benita. Tela. La Señorita Benita era la maestra de primerísimas letras que tuve en el colegio de la Doctrina Cristiana del barrio de Santa Cruz. En aquel hermoso patio de mármol con vela, penumbra y pilistras, y una fuente en medio con un surtidor como de copla, nos recibía la Señorita Benita. Que de momento nos echaba una bronca tremenda. Era como un tormento de proverbio chino: Ríñeles a los niños de primaria; tú no sabrás por qué; ellos sí Vestida con su babi blanco, con su labio abigotado, la cruel Señorita Benita, versión sevillana de la germana Rottenmeier, era el símbolo de las prohibiciones: niños, eso no se hace, eso no se dice. Aprender, aprendí poquito con la Señorita Benita, sólo a tener miedo a sus palmetazos. Las enseñanzas viANTONIO nieron luego, cuando pasamos a las BURGOS faldas de la moguereña Hermana Matilde, que había sido compañera de banca escolar de Juan Ramón Jiménez. La Hermana Matilde sí nos aficionaba a la literatura, pues en vez del oscuro y triste Quijote nos daba a leer La emoción de España de Manuel Siurot, que era como una chaplinesca road movie de los tiempos modernos que trajo Alfonso XIII a nuestras ciudades. Con la Señorita Benita sólo aprendimos a tener miedo del poder. El poder es una cosa hosca, con bigote y babi blanco, que te pega unas broncas espantosas, te da palmetazos y te lo prohíbe todo: fumar, hablar por teléfono conduciendo, pensar libremente... Por ese temeroso recuerdo infantil de la Señorita Benita me rejuvenece tanto Teresa de la Vega. Por eso no quiero que la manden de gallardona a Madrid: E que siga de vicepresidenta, pásalo. Qué nostalgia cuando la vemos por televisión cada lunes y cada martes, mañana, tarde, noche y madrugada. Sale Teresa de la Vega echándonos la bronca y retorno a lo vivo lejano, al patio de mármol y pilistras, al bigote de la Señorita Benita, con su babi blanco. De la Vega me confirma en la idea infantil de que el poder es el que te echa la bronca y te amenaza con el castigo. Con un halo de intriga que le da además al asunto interés de novela de quiosco. ¿Por qué está siempre tan mosqueada y cabreada? Ah, vosotros lo sabréis: porque habéis sido malos, y os tiene que reñir para meteros en vereda. Es por vuestro bien. Para que el día de mañana seáis ciudadanos y ciudadanas de provecho, de progreso, de modernidad, de igualdad. Ah, y de proceso de paz. Si quitan a Teresa de la Vega para mandarla al embotellamiento de votos de la M- 30, ¿quién nos va a rejuvenecer, echándonos la bronca por el televisor? Perderíamos el lado nostálgico y literario del asunto. Si sale un señor ministro a echarnos la bronca nos recordará todo lo más a aquel cabo primero con tan mala leche que tuvimos en la mili. Sin ningún lirismo de la evocación de la infancia. Sin rejuvenecernos nada. Y luego está su aportación tipo Pasarela Cibeles a las modas y las tendencias. La Señorita Benita no se quitaba nunca el babi blanco, siempre iba vestida de la misma manera. La Señorita Teresa, en cambio, cada día un numerito indumentario. Es como si se hubiera quedado para siempre posando para la portada del Vogue. A mí, aparte de rejuvenecerme con sus broncas, me ahorra un dinero muy curioso, porque Isabel, mi mujer, no tiene que comprarse ni el Telva ni el Marie Claire para ver las tendencias de esta temporada, con esta vicepresidenta que es continua Pasarela Cibeles de sí misma. Voy a ser bueno, señorita Benita, digo, señorita Teresa, pásalo. A mí nadie me echaba unas broncas así desde que con la señorita Benita entrábamos en fila desde el patio a la capilla, cantando lo de Vamos, niños, al sagrario, que Jesús llorando está...