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ABC MARTES 24 s 10 s 2006 Tribuna abierta ESPAÑA 21 José María Lassalle Secretario de Estudios del PP y diputado en el Congreso EMERGENCIA TOTALITARIA H ay algo podrido en la democracia española cuando militantes del principal partido de la oposición son víctimas de agresiones físicas e insultos por ejercer legítimamente su derecho a opinar o reunirse. A lo mejor algunos lo consideran irrelevante, pero no lo es: afecta seriamente a la calidad democrática de nuestro país y de sus instituciones. Que se interrumpan violentamente actos de campaña del Partido Popular en Cataluña o que Manuel Fraga- -uno de los padres de la Constitución de 1978- -no pueda impartir una conferencia en la Universidad de Granada, constituyen hechos que revelan un escenario de anormalidad política inadmisible en cualquier sociedad abierta. Digámoslo así de claro: existe en España en estos momentos un comportamiento totalitario y extremista que ha hecho del Partido Popular el destinatario de su violencia. Se localiza en una minoría de fanáticos, es cierto, pero actúa arropada por un clima de opinión que ha criminalizado moralmente a un partido de impecable trayectoria democrática como es el Partido Popular. ser calificada como tal. También actúa cuando se contribuye a crear una atmósfera de opinión que niega al adversario legitimidad para hablar públicamente con normalidad. Como explican Jean- Pierre Faye en Los lenguajes totalitarios o Victor Kemplerer en LTI. La Lengua del Tercer Reich, el totalitarismo tiene detrás un largo proceso de gestación. Comienza con una manipulación consciente de la realidad utilizando un lenguaje que demoniza al adversario para transformarlo en un enemigo que no merece respeto ni consideración. Esto se logra con métodos de agitación y propaganda que caricaturizan al oponente, lo ridiculizan y lo insultan convirtiendo el lenguaje en un aquelarre de sentimientos y emociones que exorcizan cualquier resquicio de racionalidad. El paso siguiente es más sencillo. Trata de generar, como analiza Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, una conjura emocional que identifique- -en medio del silencio cómplice de la mayoría- -a quienes deben ser expulsados de la normalidad política porque no la merecen, algo que evidentemente puede hacerse de muchas maneras, de forma cruenta o incruenta, con sutileza o brutalidad, de forma selectiva o indiscriminada. Existe en España en estos momentos un comportamiento totalitario y extremista que ha hecho del Partido Popular el destinatario de su violencia democracia, el respeto institucional a la minoría opositora es una clave de la calidad de un gobierno. De hecho, lo importante en una democracia no sólo es atender a la mayoría del presente, sino, también, a esa minoría de hoy que será posiblemente la mayoría del mañana. De ahí que resulte inadmisible desde un punto de vista democrático ver cómo la mayor parte de las intervenciones públicas del Gobierno de Rodríguez Zapatero y del PSOE sean acusaciones que tratan de estigmatizar al principal partido de la oposición, deformando deliberadamente ante la opinión pública su fisonomía moral y proyectando sobre él dudas acerca de la sinceridad democrática de sus principios políticos. Aquí, hayquedecirleanues Lo importante en una democracia no sólo es atender a la mayoría del presente, sino, también, a esa minoría de hoy que será posiblemente la mayoría del mañana Quienessesolazancritican- do visceralmente a esta formación política, a sus líderes y militantes, deberían saber que están haciendo un flaco servicio a la democracia. Contribuyen a que se teja una tela de araña muy parecida a la que Joseph Roth describió noveladamente al retratar la complicidad de aquéllos que disculparon el empleo de la violencia nazi contra los judíos, los liberales o los comunistas. Sería bueno que algunos comprendieran que la violencia totalitaria no necesita vestirse de pardo y apalear físicamente a quienes piensan de otra manera para Criticaraunpartidoyasus líderes no solamente es un ejercicio democrático legítimo, sino necesario. Como toda labor humana, la política- -ya sea desde el gobierno o desde la oposición- -es siempre susceptible de error y, por tanto, de aprendizaje y mejora. Sin embargo, esta crítica deja de ser normal en una sociedad abierta cuando adopta, por ejemplo, los rasgos que viene soportando el Partido Popular desde 2003. Sobre todo si constituyen un gravísimo suma y sigue que se ha traducido ya en asaltos y cercos a sus sedes, insultos, pactos políticos antidemocráticos, firmas ante notario, agresiones, chantajes, detenciones ilegales y toda clase de desdeñosas descalificaciones públicas hacia líderes y militantes de esta formación política. Pero todo esto, con ser grave, es menor si lo comparamos con la actitud crítica que el Gobierno de Rodríguez Zapatero viene exhibiendo hacia el Partido Popular de forma sistemática desde el principio de la legislatura. Y es que, como bien señala Kelsen en Esencia y valor de la tro Gobierno que se equivoca y que nos desliza por una peligrosa pendiente que está estimulando un clima propicio a las agresiones fanáticas de algunos. Algo que, por ejemplo, deberían comprender tanto el secretario de Estado Fernando Moraleda, cuando califica de venenosa a la oposición del Partido Popular, como la vicepresidenta Fernández de la Vega, cuando nos reprocha desdeñosamente que practiquemos el victimismo parlamentario al denunciar en una sesión de control al Gobierno hechos como los acaecidos en Cataluña. Y es que el Gobierno, cuando habla públicamente a través de sus portavoces, debe hacerlo para dar cuenta de su gestión y explicar cómo están siendo atendidos los intereses generales a través de sus decisiones. Esto es lo normal en una sociedad abierta y una gravísima anormalidad cuando no se cumple, ya que los micrófonos que se ponen delante de un gobierno democrático responsable están para eso, no para juzgar y deslegitimar a un partido que es alternativa de Gobierno y que representa a casi diez millones de ciudadanos españoles.