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ABC MARTES 24 s 10 s 2006 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL SÉPTIMO MANDAMIENTO ONTRA la corrupción no hacen falta diez medidas, como ha propuesto a toda prisa un PSOE acuciado por los escándalos que reviven el aún reciente pasado felipista, sino tan sólo dos, y muy simples: dimisión o destitución, y cárcel. O lo que es lo mismo, responsabilidad política y responsabilidad penal. La segunda toma su tiempo, porque los procesos son largos y exigen un respeto a las garantías jurídicas y a la presunción de inocencia, pero la primera debe ejercerse con inmediatez y contundencia porque la credibilidad de un cargo público no IGNACIO es compatible con la sospeCAMACHO cha. Que nadie venga con cuentos ni monsergas: es perfectamente posible delimitar, a simple vista de indicios, cuándo un responsable público está comprometido por un escándalo y cuándo es víctima de una acusación sin fundamento. Basta mirar cada caso sin las anteojeras del dogmatismo partidista, atendiendo al calado de los síntomas y a la alarma que despiertan en la opinión pública. Sin piedad ni perdón: la única receta contra esta plaga que carcome los cimientos de la actividad política es una absoluta frialdad que no se compadezca ante nada ni ante nadie. La corrupción no tiene índices de tolerancia. Cero es la única cifra admisible. Transparencia absoluta, manos limpias, techo de cristal y sospechosos a la calle. Sin distinción de partidos, sectores ni banderías. Y luego, que la justicia haga su trabajo. Pero, primero, la política, que es donde ha de brillar la voluntad de los dirigentes por la limpieza de las reglas, y donde por desgracia rige la ley del encubrimiento, de la complicidad, de los paliativos y del casuismo maniqueo. Que cada uno se mire a sí mismo, y ya distinguirá el pueblo quién merece su confianza. No hacen falta pactos; sólo faltaba que los políticos tengan que acordar entre sí la necesidad de ser decentes. Las cosas son muy simples. Un representante democrático no puede robar, eso es todo. El servicio a los ciudadanos es incompatible con la mangancia, con el cohecho, con la extorsión, con la prevaricación y con el soborno. Punto. Lo demás son zarandajas: que si la financiación de los municipios, que si la Ley del Suelo, que si la escasez de fondos de los partidos. En ningún sitio está escrito que porque un ayuntamiento ande corto de recursos se autorice recalificar terrenos bajo mordida. Ni que las leyes permitan convertir el urbanismo en una máquina registradora. Es bueno limitar las tentaciones, pero lo esencial es controlar las ganas de caer en ellas. Para combatir la corrupción no es menester más pacto que el de comportarse honradamente, y ése ya se supone implícito en el servicio público. Lo que corresponde a los partidos es dejar de poner obstáculos a la justicia y cercenar de raíz cualquier brote de venalidad en su seno. Si esto hay que pactarlo, vivimos en una sociedad enferma. El mandamiento de no robar está en las tablas de la ley moral desde el principio de los tiempos, y lo único que procede es cumplirlo sin sacar pecho ni ponerse ninguna medalla. C LA CÉLEBRE ESCASEZ DE LÍDERES L ÍDERES demasiado blandos, líderes en exceso tensos, líderes de la nada, líderes para todo: Europa carece de liderato, el mundo necesita nuevos líderes, hay que inventarse otro molde para el líder. Una encuesta del semanario U. S. News revela que dos tercios del público norteamericano consideran su nación en crisis de liderato. Tres cuartas partes piensan que los Estados Unidos entrarán en declive si pronto no tiene mejores líderes. Como rasgo meritorio del líder deseado, hay coincidencia en pedirle autenticidad Maquiavelo pierde terreno. Entre quienes se presentan a las elecciones legislativas del 7 de noviembre- -a mitad del mandato presidencial, para renovar toda la Cámara de representantes y un tercio del Senado- -algunos habrán de ser parte de ese nuevo liderato tan anhelado. Los votantes conservadores del Partido Republicano que se queden en casa pudieran ocasionar el giro que menos desean. Al abstenerse premian al Partido Demócrata y castigan a George W. Bush. Son republicanos letárgicos Un vuelco en el Capitolio es cuestión de pocos escaños. Después de la exVALENTÍ cesiva connivencia de algunos republiPUIG canos con lobbies sólo faltaba el escándalo homosexual del congresista Foley para desmotivar más aún a esos votos letárgicos. Uno de los efectos indeseados de esa abstención sería que a los demócratas más matizados respecto a la intervención en Irak les ganen la mano- -en la euforia electoral- -los demócratas más radicales, siempre los menos indicados para terciar en asuntos de defensa y seguridad. En la Casa Blanca, el forcejeo entre realistas y neoconservadores es hercúleo. Para los neocon -en España, tan citados como desconocidos por el quintacolumnismo casticista- -es incómoda la aparición de James A. Baker III como rapporteur de la situación en Irak. Tan prágmatico y realista, Baker acostumbra a aportar soluciones de compromiso con efectos de paste- lería, buenas o malas, según se mire. Es el superjefe de bomberos que Bush padre le recomienda al hijo cuando le supone en un callejón sin salida o en la montaña rusa de los sondeos. Estuvo en el recuento de Florida para que Bush hijo fuese elegido, y ahora tiene que reformular el impasse de Irak para que la administración George W. Bush no quede empañada para la Historia. Verle incluso a distancia pone a crujir los huesos de los neoconservadores que pretenden haber constituido el núcleo pensante de la política exterior norteamericana, especialmente en la intervención en Irak. Ahora es perceptible que los asesores y expertos realistas que ayudaron a Bush padre a diseñar la primera guerra del Golfo pugnan con fuerza para fijar un nuevo calendario de acomodación para la segunda guerra que hizo Bush hijo. Se hará lo que se pueda para posponer toda decisión hasta después de las elecciones de noviembre. Para la calificación final del liderato presidencial de Bush jr, tan malquerido en Europa y otras partes del mundo, le quedan dos años. Irak será un factor de peso, pero también sabemos que en dos años el mundo da muchas vueltas, como las pudiera dar la economía norteamericana. Por el momento, los demócratas tendrían que ganar quince escaños para controlar el Congreso y seis en el Senado. Quizá los ganen políticos con perfil de nuevo líder, a la altura de los valores que el electorado reclama y en consonancia con los rigores que la competitividad global exige. Si los republicanos resisten, el Partido Demócrata habrá recibido un revés de mucha gravedad, hasta el punto de ver desvanecerse mucha capacidad efectiva de marcar la senda de los nuevos lideratos. En todo este panorama, lo curioso es la reaparición de James Baker, si es que en algún momento había consentido en desaparecer. Ni por asomo podrá decirse que aporte indicios de un nuevo estilo de liderato. A mayor abundancia, es tejano, le hizo a la ONU un plan para el Sahara y trabaja en el grupo Carlyle. vpuig abc. es