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90 Deportes REAL MADRID- BARCELONA EL PARTIDO DE LA JORNADA LUNES 23 10 2006 ABC El brasileño no está. Ayer, en el escenario en donde armó el taco la pasada temporada, ofreció una nueva entrega de la mediocridad con la que ha arrancado este curso Ni rastro de Ronaldinho TEXTO ENRIQUE YUNTA FOTO IGNACIO GIL Para qué engañarse. Ronaldinho es a día de hoy una caricatura de lo que fue la pasada temporada, en la que era agasajado con un arsenal de trofeos personales. Por más que él se reivindique con sus palabras asegurando que todo sigue su curso, la verdad es que en el campo no la rasca. Y, aunque se le supone una mejoría más temprano que tarde- -no en vano, es un soberbio futbolista- la cosa empieza a ser preocupante para el Barcelona. Volvía al escenario del crimen, ahí en donde fue homenajeado por el eterno rival. La de la campaña anterior fue una exhibición inigualable- -dos goles y un recital- Lo de ayer, una mediocridad que hay que sumar al pésimo arranque del brasileño, todavía contagiado por el infausto Mundial de Alemania. Por más que lo intente, no está. No se le puede reprochar desinterés. Se presta como siempre, pero anda al ralentí, con graves problemas de motor. Y él lo sabe. Es consciente de que no es tan eléctrico, de ahí que recule y recule para buscar el balón, campando por una zona en la que no hace daño y en la que molesta. Ni encara, ni inventa, ni contagia. Y si lo hace es para mal, pues queda clara que la dependencia del equipo de Rijkaard es total. Encima acabó amonestado, pura impotencia. Empezó el partido volcado en la banda izquierda, en donde se ahogó. Tuvo que ir moviéndose hacia el eje del ataque, mas siempre tenía a un blanco encima. Y cuando se acercaba al área, al suelo. Nada, ni rastro del sonriente Balón de Oro, no se le vieron los dientes. Lo único que aportó a las embestidas azulgrana fueron un lejano disparo al cuarto de hora, que se fue muy desviado, y dos libre directos que, por cuestiones de jerarquía, sigue lanzando él. Casillas repelió bien el segundo. Siguió con la modorra en el segundo acto, que incluso fue peor si cabe. Pero no es que fallara con sus filigranas ni con sus asistencias, es que no daba un pase a dos metros. Para colmo, al no encontrar su sitio, entorpecía a la segunda línea, poco imaginativa anoche. Como él. Ronaldinho pugna con Emerson IGNACIO GIL