Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
84 Deportes MUNDIAL DE FÓRMULA 1 FERNANDO ALONSO, BICAMPEÓN LUNES 23 10 2006 ABC Fernando Alonso gana en las distancias cortas por encima de una imagen huraña. Prefiere la soledad a las compañías obligadas y la discreción al espectáculo. Se citó con su ídolo Armstrong en Nueva York y donó el premio Príncipe de Asturias a Unicef. Cantar antes de las carreras junto a su mánager forma parte de su liturgia. No sale, no bebe y tiene estómago de gorrión Mucho más que un campeón JOSÉ CARLOS CARABIAS SAO PAULO. Unas semanas después de anunciar su fichaje el pasado invierno e impulsados por el gobierno de las matemáticas y el mundo de las probabilidades calculables en la Fórmula 1, los responsables de McLaren encargaron un sondeo a nivel mundial sobre la popularidad y el impacto de Fernando Alonso entre el público. Una de las tablas de resultados dejó muy conformes a los dirigentes del equipo inglés. Su deslumbrante campeón del mundo sólo dejaba indiferente a el uno por ciento de los encuestados. El noventa y nueve restante se decantaba a favor o en contra. Con filias o con fobias, el español provoca emociones. Y nadie lo diría al microscopio de su carácter, el de un chico de 25 años tímido, desconfiado, poco hablador, con tendencia a los espacios cortos y la soledad que se transforma con un volante en las manos. Frente al deportista abrumado, enrojecido por los halagos que le llegaban de Pau Gasol el otro día al otro lado del teléfono, emerge un ciclón capaz de llevarse por delante la leyenda de Michael Schumacher o de poner firmes a vacas sagradas de la F- 1 (Briatore, Pat Symonds, los ingenieros) en la turbulenta convivencia con Renault. Cada una de sus arremetidas contra el equipo que le dio la oportunidad en la F- 1 estaban medidas desde la estrategia. Cuentan en el mundo Alonso que no había otra solución para incentivar a una escudería sin tradición ganadora, tendente al conformismo y cómoda en segundos planos. Sería una barbaridad pensar que Alonso ha jugado este año a dos barajas, ha evolucionado dos equipos. De un lado, el francés y sus vahídos. Y del otro, McLaren, el auténtico interés del asturiano, que este año ha pasado de puntillas por el Mundial. Si ganamos lo habremos hecho solos les dijo en Sao Paulo Fernando Alonso a su mánager, Luis García Abad, y a su novia, Raquel del Rosario, durante una cena antes de la carrera de ayer. Y más que al tono de lamento, la frase apela a la heroica. Alonso se siente fuerte en los callejones sin salida, en aquellas situaciones no aptas para espíritus débiles. Cada vez que ha tenido que competir con los elementos en contra, el asturiano se ha crecido, ha ofrecido lo mejor de su repertorio. Es su naturaleza. Un tipo tímido que detesta perder. No le gusta doblar el espinazo cuando juega a la escoba con Fisichella y Flavio Briatore ni cuando reta a sus amigos a la play- station o cuando hace el gamba con sus coches teledirigidos. Alonso es un competidor nato que busca el incógnito lejos de los circuitos. De incógnito se citó con Armstrong en un hotel de Nueva York, el Mandarín, el pasado junio, entre las carreras de Montreal e Indianápolis. Hizo creer a todo el mundo que se quedaba unos días en Canadá para darse el gustazo de tomar un café con uno de sus ídolos. La relación virtual que mantenía con el siete veces campeón del Tour se plasmó al fin en una tarde de cháchara, con el ciclismo, la Fórmula 1 y la prensa entre los asuntos de debate. Alonso había conocido al americano la pasada primavera en el Gran Premio de Mónaco después de haber hablado un par de veces por teléfono con él gracias a la mediación del asturiano Chechu Rubiera, amigo de ambos. Y en el Principado hubo intercambio de móviles. Muy supersticioso Nadie se enteró de aquella reunión porque se trató de un asunto personal para el asturiano. Como tampoco tuvo publicidad la donación del Premio Príncipe de Asturias a Unicef. Fernando Alonso esquiva los focos, salvo con la excepción de los que impone la publicidad y viajan a su cuenta corriente como estipendio por su trabajo. Supersticioso empedernido, colecciona todos los cachivaches que le regalan los aficionados. El Arigato de Japón, pulseras y cualquier otro presente que contribuya a su buena suerte. Por ahí también hay que interpretar su costumbre de cantar junto a su representante los días de carrera. Aficionado a la música, entiende que eso ahuyenta a los malos espíritus. La fama ha impuesto su precio sobre la vida de Alonso, al tiempo que ha resuelto el futuro de toda su familia, su padre José Luis, su madre Ana, su hermana médico Lorena... Es habitual que desayune solo en las habitaciones de los hoteles para evitar el tumulto que provoca su presencia. Se entretiene con el ordenador, el messenger que le comunica con sus amistades y los coches teledirigidos. En invierno cambiará de casa. Dejará Oxford y la cercana fábrica de Enstone, en la que ha vivido los últimos cuatro años, para buscar otro apartamento al sur de Londres. Le espera la aventura de McLaren, la nueva sede de la ultra moderna Woking (la primera salida al sur después del aeropuerto de Heathrow) y un futuro al que no se adivinan límites para el icono del deporte español, para el ya doble campeón del mundo.