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54 Cultura LUNES 23 10 2006 ABC CLÁSICA C. Grandes Intérpretes Obras de F. Schubert y F. Liszt. Intérprete: A. Volodos (piano) Lugar: Auditorio Nacional de Música. Madrid. CLÁSICA C. Juventudes Musicales Obras de Berlioz y Bartók. Intérpretes: Gérard Caussé (viola) Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Director musical: Pedro Halffter. Lugar: Auditorio Nacional de Música. Madrid. VOLODOS MIRA HACIA LO ALTO ANTONIO IGLESIAS B DE BERLIOZ ANDRÉS IBÁÑEZ N o hay duda alguna de que el pianista ruso Arcadi Volodos se merece su inclusión en el ciclo de Grandes Intérpretes, organizado por la Fundación Scherzo. Con sus treinta y pocos años de edad es un auténtico dominador del teclado, ante el que se sitúa en una silla- -fuera taburetes- -bien sentado, reclinándose ante un respaldo desde el que gusta equilibrar su figura, mirando hacia lo alto, como si de allí viniera su inspiración, lo que no dejo de consignarlo por ser algo infrecuente... e incómodo. Esta actitud personalísima por muy mantenida, naturalmente ha de cambiarse cuando ciertas dificultades lo requieren, pero no altera jamás ni un ápice una técnica sobresaliente, hasta actual si se quiere, aunque en todo momento al servicio de un criterio interpretativo que, no por sedimentado en una línea tradicional, deja de sorprender en sus múltiples aspectos. Volodos acaba de ofrecernos unas memorables traducciones de dos geniales figuras del romanticismo: Franz Schubert (tres Momentos musicales y Sonata en Fa menor, D 525 y Franz Liszt Vallée d Obermann Il penseroso Saint François d Assise La prédication aux oiseaux y Funérailles páginas enraizadas de grandes dificultades que el pianista ruso sabe vencer con holgura derivada de un reflexivo estudio de cada una de ellas por separado, hasta incorporar su momento dentro de una asombrosa naturalidad mecánica. Sin embargo, permítaseme opinar que se recrea quizá demasiado en el clima delicado, dentro de un pianissimo de muy bello resultado, indudablemente de mayor propiedad cuando del impresionismo se trata. Vencedor del staccato no siempre se admira sin que se denote el esfuerzo. Sabe cantar dentro de una musicalidad evidente, usando las dos manos con extrema igualdad. Y todavía mi admiración aumenta ante su manera de concertista: su cerebral montaje para que las cosas broten claras, algo que quiero ejemplificar con su preparación antes de acometer el problema de ese cortejo tan triste como problemático del final de los Funerales lisztianos. Un gran pianista de hoy y de siempre, Arcadi Volodos. Dembéle y Womba Konga protagonizan Sizwe banzi est mort ABC TEATRO Sizwe banzi est mort Autores: A. Fugard, J. Kani y W. Ntshona. Dir. P. Brook. Esc. A. Ouologuem. Ilum. P. Vialatte. Int. H. Dembélé y P. Womba Konga. Lugar: Teatro de la Abadía. Festival de Otoño. Madrid. LA RISA EN EL CUERPO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN a pasado de los ochenta años Peter Brook y prosigue su camino de regreso a la semilla, un itinerario hacia el despojamiento esencial que enunció allá por 1968 en su célebre ensayo El espacio vacío (recordemos: Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro lo observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral El director británico propone al cabo un retorno a lo sagrado, al rito perdido, pero sin apartar por un momento los pies del suelo y siempre presto para atrapar el vuelo de lo inmediato. En esta comparecencia en el Festival de Otoño ofrece una nueva estación de ese trayecto que le ha conducido hasta la Suráfrica del apartheid desde donde nos abre una ventana al teatro urgente y lleno de vitalidad de los townships, los distritos segregados donde sobrevivía a trancas y barracas la población negra hasta hace aún pocos años. Es un teatro pegado a la piel de lo cotidiano, amarrado al aquí y al ahora, pese a lo cual, o tal vez por ello mismo, se eleva hacia la fábula universal, hasta el territorio sin fronteras de las emociones. Dicho en castizo, Brook, en un redoble de austeridad genial, ha empaquetado un propuesta buena, bonita y barata, que se desarrolla con las luces de la sala encendidas y con H los actores encarándose con el público y buscando su complicidad, obviando la consuetudinaria cuarta pared distanciadora. Y ahora una pregunta: ¿Cuánto hay aquí de Brook y cuánto de la inmediatez original de la puesta en escena de la obra que The Serpent Players, la compañía de Athol Fugard, realizó en New Brighton, uno de esos townships surafricanos? Sin duda, el gran hombre de teatro ha depurado el latido nervioso de ese teatro a flor de piel para elaborar un trabajo que conserva aquella proximidad y potencia sus calidades escénicas. Disquisiciones aparte, la pieza enhebra dos historias que coinciden en un punto, el estudio de fotógrafo Styles, un tipo emprendedor que antes había trabajado en una factoría Ford y cuyas peripecias centran el primer tramo del espectáculo. El segundo lo ocupa la historia de Sizwe Banzi, que acude a que Styles le haga una foto y a partir de ahí narra cómo tuvo que estar muy vivo para asumir la identidad de un muerto y con ella el permiso de trabajo del finado. ¡Nuestra piel es el problema! exclama Banzi cuando su amigo Buntu trata de animarlo diciendo que sus problemas se acabarán pronto. Un diálogo que marca la respiración de fondo de un espectáculo que sabiamente escoge el formidable argumento del humor para expresarse y llegar al corazón de su parroquia. El montaje lleva la risa en el cuerpo, como los actores, sobre todo el prodigioso malinés Habib Dembelé, sumamente expresivo en matices de voz y movimientos, en los que habita, en opinión de Brook, una suerte de memoria ancestral característica de lo africano. Junto al gigantón congoleño Pitcho Womba Konga, Dembélé forma una pareja de gran eficacia cómica y comunicativa, al estilo del clown y el augusto de la tradición occidental. Ascetismo formal, historias mínimas, gran teatro. érard Caussé hace una magnífica lectura de su desagradecida parte: ya que Harold en Italia es una sinfonía con viola solista pero no un concierto, con lo que la parte de viola es hermosa pero no brillante. Pero hay que entender a Berlioz: para él la viola de Harold no es realmente una viola, sino Harold en sí, es decir, ¡él mismo! Es una obra problemática, y Pedro Halffter hace un magnífico trabajo reuniendo sus materiales dispersos e intentando otorgarles una coherencia que están lejos de poseer. Y ¡qué bien suena su orquesta! La Filarmónica de Gran Canaria produce unos sonidos de enorme belleza: plenas y sensuales las cuerdas; singularmente precisos los metales; las maderas, una reunión de excelentes solistas. A veces es la belleza del sonido lo que parece imponerse sobre la arquitectura, como en la marcha de peregrinos del segundo movimiento, coronada por una serie de inmateriales arpegios sobre el puente de la viola. Entre movimiento y movimiento, el público se lanza a charlar y a comentar con voracidad parlanchina. ¿Cuándo comprenderemos que el silencio que hay, que debería haber, entre un movimiento y otro es también parte de la obra? En el final, tres músicos se levantan y salen de la sala, como si se hubieran enfadado. Halffter los dirige luego a través de la puerta para que su música nos llegue en la distancia, en un bello efecto espacial de los que tanto gustaban a Berlioz. El Concierto para orquesta resulta decepcionante. La violencia de Bartók no aparece aquí bien representada, ni su delicadeza, ni su misterio. Sentimos a veces, como en el segundo movimiento, o en el último, tocado a una velocidad de vértigo, la presencia de una cuadrícula que crece por el aire y llena todo el espacio dorado y canela del Auditorio, una cuadrícula en la que las frases de los solistas no tienen espacio para respirar como debieran, una cuadrícula que cuadra perfectamente la orquesta y la hace sonar con precisión pero no permite que la música salte al lugar de la poesía y de la fantasía. La cuadrícula crece y nos envuelve a todos: es la barra del compás. En la propina, una danza de La vida breve Halffter parece querer practicar el brutalismo, aquella moda arquitectónica de los años cincuenta, aplicado a la música. G