Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 23 10 2006 47 Miles de juguetes españoles han llegado a los niños nicaragüenses por la campaña Un juguete, una ilusión Cuarta planta un canto a la vida Los niños y adolescentes sorprenden por su actitud ante la enfermedad y por la forma de enfrentarse a ella y luchar por superarla. El director de cine Antonio Mercero, famoso por otros filmes con menores como protagonistas, logró plasmar algunas de estas reacciones en la película Cuarta planta premiada en el Festival de Montreal. Protagonizada por Juan José Ballesta, Luis Ángel Priego y Gorka Moreno, narra la forma en que un grupo de quinceañeros, entre los que destacan Izan, Miguel Ángel y Dani afrontan una larga y molesta enfermedad. Los tres llevan ya tiempo internados en la planta de traumatología porque padecen una grave enfermedad en los huesos. Se enfrentan al mal con alegría y soportan con buen humor las molestias del tratamiento. La vida en el hospital no sólo se compone de tratamientos sino de pacientes nuevos que conocer, de enfermeras a las que hacer faenas, de incursiones nocturnas por los pasillos y de partidos de baloncesto contra el equipo de San Pablo. Y por encima de todo, la amistad. Los niños del aula hospitalaria de La Paz mantienen el hábito de estudio y no interrumpen su proceso educativo mesas hacen las veces de pupitre, los pijamas del hospital sustituyen a los uniformes y los goteros, las vendas y las mascarillas- -éstas sólo en ocasiones- -se convierten en inseparables compañeros de estos pacientes. Una enorme pecera hace las delicias de los alumnos. Ese singular mar de cristal plagado de peces multicolores es para ellos el mayor signo de distinción frente a sus colegios tradicionales. con la enfermedad y a no obsesionarse con ella Los libros y cuadernos de clase son los mismos que utilizan en sus colegios habituales, pero los horarios son diferentes y más cortos. Las tardes se dedican a actividades lúdicas llevadas por voluntarios y, en muchos casos, elaboran una revista en la que relatan sus peripecias. La actividad académica puede interrumpirse- -de hecho ocurre con frecuencia- -para que los escolares se sometan a las pruebas médicas necesarias. Gina, una alumna de 3 de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) protagoniza una de estas circunstancias. Se incorpora con retraso y, a modo de disculpa, dice: Vengo de hacerme una ecografía... Después cuenta que lleva poco tiempo en clase porque he estado- -dice- -dos días en intensivos pero me divierto porque se hacen muchas cosas Iván y Juanjo atienden a las explicaciones de su profesor, Eduardo Velay, un docente muy joven que se muestra entusiasmado con su tarea. Juanjo, otro de los veteranos de la planta, utiliza una calculadora para las operaciones matemáticas y entre número y número confiesa que sueña con volver a Badajoz, su tierra natal. Junto a ellos, Guillermo, de 10 años, que procede de Zaragoza y que, más que con palabras, habla a través de sus enormes ojos azules. Todo lo contrario que Nuria, también de mirada luminosa y clara, estudiante de Primaria en el Colegio Príncipe de Asturias de Madrid y muy integrada en el aula de paso. En la mesa contigua se sientan María, Ana, Álvaro y Mario. Con ellos, su profesora repasa algunos temas y dirige la incipiente escritura de Álvaro y Mario, que ya ha recibido el alta y ha regresado a Murcia, donde podrá estrenar los libros de texto que en septiembre se quedaron sin abrir a causa de la enfermedad que le trajo a Madrid. Añoranza de la familia La alegría de Mario es el reflejo de una ilusión, la de volver a casa. Todos ansían el momento. Sus palabras traslucen nostalgia de la familia y de los amigos, pero no mencionan su enfermedad. Si tienen hermanos pequeños se refieren a ellos como sus protectores; si son mayores, se sienten protegidos por ellos. El aula hospitalaria es un bálsamo y, cuando se recuperen, un agradable recuerdo. Un colegio normal Los niños son felices, se olvidan de que están en un hospital, porque esto es un colegio normal dice Ana de Paz, una de las profesoras que desde hace más de 12 años trabaja en estas escuelas de paso. Se trata- -asegura- -de desdramatizar la estancia en el hospital y enseñarles a convivir