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46 LUNES 23 10 2006 ABC Sociedad Miles de alumnos acuden cada año a ellas. Son las aulas hospitalarias que ayudan a los niños enfermos a olvidar el dolor y dan un aire de normalidad a su estancia en un hospital Aulas hospitalarias, una ayuda eficaz para superar la enfermedad TEXTO: M. ASENJO FOTOS: SIGEFREDO MADRID. María tiene 10 años y quiere estudiar Veterinaria, pero todavía puede cambiar de opinión Su profesora asegura que escribe como los ángeles y sus dibujos atestiguan que estamos ante un auténtica artista. A primera vista, esta es una situación que, con diferentes matices, protagonizan todos los niños del mundo. Sin embargo, el de María es un caso especial. Alumna de 4 de Primaria en un colegio de Guadalajara, ha cambiado temporalmente de aula porque está enferma y necesita pasar una temporada en el hospital universitario La Paz de Madrid para recibir tratamiento. Es dicharachera y simpática y nos muestra con ilusión alguno de los relatos y las poesías que ha escrito en su nuevo cole una de las numerosas aulas hospitalarias que funcionan en los centros sanitarios españoles. Con ella comparten clase Guillermo, Gina, Iván, Nuria, Ana, Juanjo, Álvaro y Mario, estos últimos, los peques del grupo que, con sus seis años, apenas han podido estrenar los libros de Primaria. Además, otros niños que no pueden levantarse, como le ocurrió a Jeni cuando les visitamos en el hospital, reciben atención personalizada en su habitación. Proceden de diferentes lugares de España y de países lejanos. El mayor de la clase, Iván, llegó de Honduras y desde entonces y con bre- ves intervalos, La Paz se ha convertido en su segunda casa. Ahora lamenta que esta nueva estancia en el hospital le impida seguir el curso en la escuela de Idiomas. Los alumnos de las aulas hospitalarias cambian con frecuencia, ya que su permanencia en ellas depende de la duración de los tratamientos y de la evolución de su estado de salud, lo que significa que miles de niños pasan por ellas a lo largo de cada curso. Vencer el aislamiento Las aulas hospitalarias nacieron hace 20 años- -hasta entonces existía un modelo similar en el Hospital de Parapléjicos de Toledo- -con la finalidad de evitar o al menos paliar el desamparo que sufre un niño cuando se ve en un hospital y contribuir a que no quede interrumpido su proceso escolar. Al miedo a la enfermedad, el pequeño suma el de verse recluido en una habitación, lejos de su familia, de sus amigos y de su compañeros de colegio. Se trata de desdramatizar la estancia en el hospital dicen los profesores de estas escuelas de paso Estas aulas son en realidad escuelas unitarias que acogen a niños de entre 3 y 16 años con enfermedades crónicas o de larga duración que les obligan a estancias hospitalarias también largas. Además de contribuir a vencer el aislamiento evitan también que los escolares pierdan el curso y los hábitos adquiridos. Los maestros de estas clases, adscritos a programas de compensación educativa, están en permanente contacto con los tutores del colegio de procedencia de los niños y con sus familias para que no se produzca un fractura insalvable en sus estudios. Deben tener una vocación especial, puesto que se trata de escuelas que acogen a niños de todas las edades y de todos los niveles educativos, con unas características muy singulares y con una situación anímica ante la que hay que ser muy sensibles, a la vez que exigentes. Los padres, tras el impacto emocional que supone saber que su hijo tiene una enfermedad seria, consideran positivo mantener en ellos el hábito de estudio como vía para impregnar su entorno de la mayor normalidad posible. Se trata también de que, como aconsejan los especialistas, el niño mantenga una mínima disciplina a pesar de su situación especial. María Luisa de los Frailes, coordinadora de las aulas hospitalarias en Jeni, junto a su abuela, atiende desde la cama las explicaciones de su profesora la zona sanitaria número 1 de Madrid, explica que aunque al principio, a los escolares hospitalizados les cuesta asistir a clase, pronto lo hacen contentos porque para ellos constituye una evasión y les ofrece la posibilidad de relacionarse con otros niños La escuela constituye además una ayuda para comprender la enfermedad y aprovechar los valores que ofrece, por difícil que esto parezca. Y es un buen lugar para entablar una amistad que, en muchos casos, durará para siempre. Aquí hacemos amigos, aunque menos que en el colegio porque aquí hay menos niños aseguran los chavales. Los responsables del aula cuentan que los chicos que han pasado una temporada en ella la visitan cuando acuden a sus revisiones periódicas en las consultas externas del centro sanitario. Esto es muy positivo para los niños que están hospitalizados porque ven que a ellos les sucederá lo mismo Ocurre que, pese a los desvelos de todos por hacerles olvidar que están en un centro sanitario y tratar de llevar el entorno escolar a su nueva situación, los niños acaban por añorar su colegio de siempre subrayan. Los niños de nuestra historia son pacientes del área de Oncología y Trasplantes del Hospital Infantil, lo que no significa que estas clases sean privativas de esos servicios, sino que acogen a niños afectados por patologías de todo tipo procedentes de todas las áreas pediátricas. Ocupan un aula luminosa y decorada con muñecos y dibujos. Dos