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ABC LUNES 23 10 2006 Madrid 41 En el citado estudio, los datos son reveladores. Un 32,8 por ciento de los bomberos notan disminución de la audición producida por el ruido y el 28,5 tienen enfermedades o lesiones en los discos de la columna dorsolumbar. Otro 28,3 por ciento se resiente de lesiones del menisco en rodillas, mientras que el 21,3 por ciento tiene enfermedades de las inserciones musculares y peritendinosas por sobre esfuerzo. El ruido conlleva una merma de la capacidad auditiva en el 32,8 por ciento de estos profesionales La exposición a agentes contaminantes produce cáncer de pulmón, vejiga, piel, cerebro, leucemia y linfomas los cánceres. Entre este colectivo se dan los de pulmón, colon, vejiga, riñón, recto y cutáneo. Todas las fuentes consultadas por ABC resaltan que la profesión de bombero en Madrid se desarrolla en situaciones extremas. Sufre directamente los inconvenientes y ello acarrea un gran desgaste personal que, con el tiempo, se manifiesta en enfermedades que se desarrollan a los años de servicio indican desde UGT. Demasiado esfuerzo Además, un 17 por ciento padece enfermedades en las vainas tendinosas por sobre esfuerzo y otro 15,1 por ciento se resiente de bursitis prerrotuliana o subrotuliana. Los procesos de la piel producidos por sustancias que producen alergia afectan, al menos, al 14,5 por ciento de los bomberos. En UGT- Madrid han elaborado una especie de catálogo de enfermedades. En primer lugar nos encontramos con las derivadas de la exposición a sustancias químicas peligrosas (monóxido de carbono, hidrocarburos, bencenos, dióxidos, formaldehídos, halones, ácidos, cianuros y disolventes) Un segundo grupo sería el de las dolencias que conllevan la pérdida de audición por el ruido de las sirenas, las maquinarias y las herramientas con las que trabajan. El tercer grupo es el de las enfermedades a cuenta de factores estresantes en salvamentos y rescates, responsabilidad y autoexigencia profesional, carga emocional, reacciones fisiológicas y psicológicas del estrés, alteraciones mentales así como los diversos turnos de trabajo y las jornadas laborales. Otro grupo de dolencias vendría dado por la exposición a agentes biológicos que se traducen en casos de hepatitis, sida, tétanos, virus y gripes. Entre las enfermedades cardiovasculares, los bomberos están más expuestos a los ataques cardiacos, la arteroesclerosis y las enfermedades isquémicas. Por último, entramos en el capítulo de Capacidad de recuperación Todo ello da como resultado que, con los años, se resiente la salud de los trabajadores y por tanto las bajas laborales van en aumento, a la vez que la mortalidad empieza a ser importante añaden las mismas fuentes. Por su parte, la Plataforma Unitaria de Bomberos (PUB) considera que la edad influye de manera clara en la capacidad que el bombero tiene de recuperación tras un gran esfuerzo físico en el trabajo: a los 42,8 años notan que su recuperación es más lenta; a los 35,6 años no perciben disminución. Por último, los estudios dejan claro que sienten con mayor frecuencia cefaleas y alteración del sueño. Por si fuera poco, más de la mitad- -el 51,3 por ciento- -declara haber sufrido un accidente de trabajo en los últimos 2 años. Un grupo de bomberos se repone tras un laborioso y estresante servicio en la vía pública madrileña ejercicio profesional de esta actividad comporta la exposición a agentes cancerígenos, de forma periódica y con una alta tasa de concentración en el ambiente respirable. Es por ello que se ha visto una relación profesional con este tipo de patología entre los mismos. Destacan el cáncer de pulmón, los tumores cerebrales, el cáncer de vejiga, de piel, leucemia y linfomas así como cáncer de cavum o nasofaringe. Hay enfermedades con una prevalencia muy superior a la del conjunto de la población activa ocupada española, incluso asumiendo un subregistro de las cifras oficiales: procesos osteomusculares, otorrinolaringológicos, respiratorios y dermatológicos.