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40 Madrid LUNES 23 10 2006 ABC Los bomberos de Madrid desarrollan una serie de dolencias propias de la actividad que realizan pero que no están catalogadas como profesionales Las más habituales son osteomusculares, seguidas de las otorrinolaringológicas, respiratorias, cardiovasculares y cáncer Enfermedades típicas de una profesión de alto riesgo TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTO: JORDI ROMEU MADRID. Les vemos tan sanos, tan rápidos, tan eficaces y tan ágiles que no nos termina de entrar en la cabeza que ellos también enferman. Nos referimos a los bomberos. Su profesión, de algo riesgo, lleva aparejada una ristra de dolencias que, en muchas ocasiones, se repiten machaconamente. ¿Se trata de enfermedades profesionales? No están catalogadas como tales pero ellos, los bomberos, las sufren con asiduidad y las tienen bastante definidas, con nombres y apellidos. Está estadísticamente probado que los bomberos que desarrollan su trabajo en Madrid van a una consulta médica un 67 por ciento más que el resto de la población laboral y que el 88 por ciento de sus problemas está relacionado con el trabajo, frente al 23 por ciento de la población laboral general. Patologías propias Este colectivo profesional reclama desde hace tiempo un cuadro de enfermedades profesionales propio en el que se incluyan una serie de patologías propias que aquejan de forma habitual a los bomberos. Las más importantes son osteomusculares, procesos otorrinolaringológicos, respiratorios y dermatológicos. También se dan patologías cardiacas y cáncer. En Madrid hay unos tres mil trescientos bomberos. Cerca de 1.600 son de la plantilla del Ayuntamiento de la capital y 1.300 de la Comunidad de Madrid. Cuentan, además, con bomberos profesionales en los ayuntamientos de Móstoles, Fuenlabrada, Leganés y Alcorcón. A todos ellos hay que sumar un retén, también profesional, que opera en el aeropuerto de Barajas y que depende de AENA. Según los datos que maneja Damián Rodríguez, coordinador de CC. OO. para los bomberos de la Comunidad, el 90 por ciento de las dolencias de este colectivo se producen en el aparato locomotor, incluidas las hernias discales y las lesiones de tobillos y rodillas, entre las más frecuentes. Hacemos mucho deporte y, además, trabajamos en situaciones muy extremas, de mu- cho estrés físico. Hay que tener en cuenta que cargamos un mínimo de 25 o 35 kilos entre el casco, las botas, el cubrepantalón y el equipo de respiración autónoma señala Rodríguez. Otro 3,5 por ciento de las enfermedades son de tipo cardíaco, respitatorio y cancerígeno. En la plantilla de la Comunidad- -dice- en el año 2005 hubo 371 accidentes de los que 146 tuvieron baja laboral. En lo que llebamos de año, se han registrado 238 accidentes con 120 bajas laborales Entre los bomberos también se producen muchas situaciones de ansiedad, angustia y estrés porque trabajamos en un ambiente muy hostil. Depresiones se dan muy pocas porque, como trabajamos en equipo, siempre nos estamos controlando y vigilando entre nosotros, pero eso no quita para que exijamos psicólogos integrados en los parques de bomberos explica el representante de CC. OO. Nuestra actividad- -dice Rodríguez- -se desarrolla en ambientes tóxicos, en altura, con una iluminación inadecuada... Es siempre bastante difícil Duplicar las pulsaciones Otra visión bastante gráfica de lo que sufren los bomberos en su trabajo nos la da Mariano López, de UGT- Bomberos del Ayuntamiento de Madrid: Estás dormido, descansando, y vas a 70 pulsaciones por minuto. De repente suena el timbre y se encienden las luces porque tienes una salida En ese momento, pasas, por lo menos, a 130 pulsaciones por minuto. El desgaste es evidente y eso, a la larga, hace que tu organismo se resienta ¿Qué se ganaría en el caso de que estas enfermedades propias de los bomberos se reconocieran como tales? Los dos sindicalistas coinciden en que se revalorizarían las pensiones, se ganaría en la cuantía de la jubilación. También sería importante de cara a una baja médica y en accidentes que causan una invalidez porque las pensiones serían mucho más adecuadas, mejores. Se pagaría más porque ha sido una dolencia propia del trabajo que se desarrolla. Y lo más importante, quedarían recogidas, a todos los Los bomberos van al médico un 67 por ciento más que el resto de la población laboral activa efectos, en la legislación sobre Riesgos Laborales, que ahora no lo están. En la Secretaría de Estado para la Seguridad Social ya tienen las reivindicaciones de los bomberos sobre las enfermedades propias de este trabajo. Se trata, podría decirse, de un estudio científico sobre su salud laboral. En dicho estudio se recoge que el Jubilación, clave para rejuvenecer las plantillas La Comunidad de Madrid cuenta con 19 parques de bomberos; el Ayuntamiento de la capital con 12. Mariano López, de UGT, asegura que el Consistorio madrileño ya debería ir pensando en crear nuevos parques porque hay barrios, como los PAU, que van a multiplicar la población y nosotros, en teoría, tendremos más trabajo Más trabajo y bomberos a prueba de bomba. Ambas cuestiones, sumadas, dan como resultado la necesidad de que estos profesionales estén en óptimas condiciones. Y una de las reivindicaciones más antiguas para rejuvenecer las plantillas pasa por adelantar la edad de jubilación y fijarla en los 55 años. Diferentes estudios reflejan que los bomberos de más de 55 años no están en condiciones de garantizar su seguridad ni la de los ciudadanos indican fuentes de la Plataforma Unitaria de Bomberos, desde donde también se señala que por encima de esa edad es muy improbable que un bombero reúna las condiciones físicas para afrontar un siniestro sin poner en peligro su propia vida y la de aquellos a los que intenta ayudar. Merma también su capacidad de recuperación y se incrementan las probabilidades de sufrir accidentes Debido a la naturaleza peligrosa y estresante de un trabajo que exige fuerza, agilidad y resistencia, se impone acortar la edad de jubilación aseguran las asociaciones representativas de los bomberos. En EE. UU. se retiran, con una pensión digna, a los 20 años de servicio. En Irlanda se jubilan entre los 55 y los 60. En Canadá a los 60.