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26 Internacional LUNES 23 10 2006 ABC Hungría, con su primer ministro contra las cuerdas, comenzó ayer la celebración del 50. aniversario de la revolución anticomunista, un acontecimiento central del siglo XX Valió la pena luchar por la libertad TEXTO: JOSÉ GRAU MADRID. Después de que el Ejército Rojo aplastara el levantamiento magiar, tan bien descrito por Miguel Torres en artículo de hoy, las huelgas y las protestas continuaron durante varias semanas, hasta que las medidas draconianas soviéticas terminaron definitivamente con el alzamiento, en enero de 1957. Una vez que el dominio soviético fue total, otros 225 húngaros más fueron ejecutados, colgados muchos de ellos en la prisión de la calle Kozma. Algunos eran simples obreros, como Janos Schiff, a los que se sometía a juicios sumarísimos. Incluso hubo chicos que estuvieron en prisión hasta que cumplieron los 18 años, para ser ejecutados legalmente Cincuenta años después de la revolución, todavía son conmovedores los recuerdos de Maria Kiraly Frei, una mujer de 57 años que asiste al lugar donde su padre (el citado Janos Schiff) fue ajusticiado. Le mataron sin que lo supiéramos. Nos enteramos cuando lo anunciaron por la radio al día siguiente señala. Mi madre le vio una semana antes de que muriera, pero apenas pudo reconocer su cara por las palizas que le dieron Frei no duda de que el sacrificio de su padre y la cruenta revolución ayudaron a acelerar el fin del régimen comunista. Sí. Valió la pena dice. Ya he derramado todas las lágrimas que tenía que derramar su país para ganar las elecciones, como hizo en septiembre levantando una sonada ola de protesta. Muchos recelan de sus méritos para encabezar las ceremonias del levantamiento, porque lo asocian a los dirigentes de los tiempos soviéticos. Esto quedó ayer patente cuando algunos veteranos se negaron a estrecharle la mano. Gyurcsany, ex dirigente de las juventudes marxistas, está casado con una nieta de un alto cargo de la época prorrusa, que se opuso al levantamiento, y reside en la lujosa mansión que en el régimen anterior consiguieron sus suegros. Además, el Partido Socialista cuenta entre sus filas con bastantes afiliados que lo fueron también del Partido Comunista que gobernó Hungría hasta 1989. Los refugiados Unos 200.000 húngaros dejaron su país aprovechando que Moscú levantó el telón de acero por un breve espacio de tiempo. Hasta principios de 1957, la frontera húngara con Occidente permaneció abierta, pero la gente sólo podía trasladar unos pocos enseres y los objetos de más valor. La vecina Austria había obtenido la independencia en 1955 con el Tratado del Estado. Esa pieza legal proclamaba su neutralidad. Pues bien, Austria recibió una ola masiva de refugiados, de los que unos 35.000 se quedaron para siempre en el país alpino, de ellos 15.000 en Viena. Ni los austriacos ni los húngaros han olvidado esos días de solidaridad. La simbiosis austro- húngara es, desde entonces, más fuerte que nunca, pues arranca justo en la época en que tantos magiares habían perdido sus hogares. Austria fue más que un lugar de paso, aunque bastantes magiares se decidieron a proseguir viaje a Estados Unidos, Australia o Canadá. Algunos, incluso, recalaron en la Península Ibérica. Es representativa de aquellos días una obra del célebre compositor húngaro Gyoergy Ligeti, que se nacionalizó después austriaco y que halló su último reposo en Viena, en junio de este año. Ligeti es considerado por los expertos de música clásica como uno de los más geniales compositores de nuestro tiempo. En una exposición sobre el éxodo húngaro que se puede visitar estos No se ha hecho aún justicia Nadie, hasta ahora, ha sido llevado ante los tribunales por la brutal represión del aparato de seguridad. No se ha publicado nada de los archivos de la época de la policía secreta. Entre los que entonces trabajaban en el espionaje estaba el ex primer ministro socialista Peter Medgyessy, que dejó el poder en 2004. Maravilla que en el vestíbulo de la sede central de los socialistas haya aún hoy día una placa con la siguiente leyenda: A los mártires que cayeron defendiendo el edificio de los contrarrevolucionarios Es verdad que la placa está ahora cubierta, pero no la han retirado. Cabe destacar también que la aversión de muchos húngaros a su actual primer ministro, el socialista Ferenc Gyurcsany, no se debe sólo a que mintiera sobre la situación económica de días en Viena, hay sugerentes imágenes sobre la situación de desprotección, pobreza e inseguridad de los refugiados. Se ve por ejemplo en una foto cómo regalan un plátano a un niño, cuya mirada irradia alegría ante el hecho. Esa fruta era entonces una auténtica rareza en la Europa del Este. Incluso en 1989, un plátano era algo exótico y muy apetecible para los niños polacos. Szuszanna Herbich, intérprete de 60 años que llegó a Viena a los 11, ha narrado en estos días que cuando come una naranja es como si oliera el aroma de aquella fruta que le entregó una mujer desconocida en 1957 en un tren, cerca de la capital de Austria. Algunos datos oscuros sobre la rebelión La revolución húngara de 1956, uno de los grandes acontecimientos del siglo XX, fue un tabú durante el comunismo. Pero hoy día también hay muchos puntos oscuros en este capítulo de la historia magiar, entre otras razones porque los archivos no son del todo ni fiables ni minuciosos. ¿Cuántos pacíficos manifestantes fueron asesinados por francotiradores prosoviéticos a las afueras del edificio del Parlamento el 25 de octubre? ¿Sesenta, setenta y cinco o más de cien? Cuando las tropas soviéticas se retiraron de Budapest el 30 de octubre, ¿el Kremlin había reconocido el éxito de la revolución o antes bien el Ejército Rojo se estaba reagrupando para el ataque masivo y contundente del 4 de noviembre, que aplastó la rebelión? Los datos más consensuados cifran en 2.800 los húngaros asesinados; y en 20.000 los heridos en los enfrentamientos. El número de los soldados soviéticos muertos se sitúa en unos 700; unos 1.600 resultaron heridos. Dos destinos españoles José Toht Zele tiene 70 años de edad. Salió de Hungría el 23 de noviembre de 1956. Primero se fue a Viena. Estuvo Unos 200.000 húngaros tuvieron que dejar su país después de que los tanques soviéticos aplastaran la rebelión Mi madre apenas pudo reconocerlo dice la hija de un ajusticiado en aquellos días por la policía secreta