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ABC DOMINGO 22 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LAS TROYANAS E EL RECUADRO QUEREMOS SABER HORA que María Dolores Pradera ha grabado un clásico de sus clásicos con Los Sabandeños, usaré una frase que cantada por su voz de dama virreinal es pura azúcar cande: Ya sé que no se estila No que te pongas en el ojal jazmines para cenar, sino que te pongas en la pechera aquellas pegatas antiguas que tanto en Cádiz dieron que hablar: No a la guerra Nunca máis Queremos saber Por muchas fatigas que pasen nuestras tropas en el Líbano ¿qué se nos habrá perdido en el Líbano? y por muchos peligros de muerte que corran en Afganistán, ya saben ustedes; proclamar ahora el no a la guerra es más facha que las águilas imperiales del escudo preconstitucional de España que han aparecido muertas en las lindes de la finca de Fermín Bohórquez. ¿Cómo las va a envenenar el caballero en plaza jerezano, si águila que ve ANTONIO Fermín es águila que pone con todos BURGOS los honores en la bandera de Franco que tiene en Fuente Rey? Lo del Nunca máis también ha devenido políticamente incorrecto en esta España donde los subvencionados artistas de los Goya (sin premio) ya no se ponen pegatina alguna. Y mucho menos la del queremos saber Aquí cada vez hay más gente que no quiere saber nada, porque ha caído en la trampa de la paz. ¿Quién no quiere la paz, cómo no vamos a querer la paz? Ahí está la trampa: llamar paz a la claudicación, a sacar bandera blanca frente a la ETA. Aquí nada más que quieren saber señoras socialmente peligrosísimas, como la madre de Joseba Pagaza o la hermana de Jiménez Becerril. Y cuatro gatos más. Cuatro gatos que cuando nos echamos a la calle nos ponen tasa de decibelios, ya que no somos un coche- discoteca con el maletero de los bafles abierto en un botellón. Queremos saber si cuando Carod fue a Perpiñán a establecer la Hoja de Ruta de los hijos que riman iba A únicamente en su propio nombre o acudía también con los poderes del nieto de su abuelo. Queremos saber si cuando precisamente fue ZP quien propuso el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, y el PP entró al trapo, ya estaba planeado todo según luego se ha producido. Queremos saber desde cuándo están pactando con la ETA y qué han pactado en asuntos como la aniquilación de Navarra, el excarcelamiento de asesinos que cumplen condena o la autodeterminación de las Vascongadas. Queremos saber qué ordenes se han dado a los poderes del Estado, para que miren a otro lado, silben Paquito el Chocolatero y nadie ni nada sea un obstáculo en el proceso de rendición. Pero me parece a mí que nos vamos a quedar con las ganas de saber, ante el paripé de ZP en el anuncio de unos pasos en la negociación que sabe Dios cuánto tiempo hace que se han dado. Los pretendidos avances en la negociación me recuerdan el fallo de los premios Planeta, cuando todo el mundo se pone de tiros largos para asistir a la cena de las votaciones de una novela galardonada... que hace ya un mes que está en la imprenta y cuyo autor ha corregido segundas pruebas. En la cena del Planeta sale Lombardero, el secretario del jurado, y dice que Las margaritas no son para los cerdos de Juan Palomo (seudónimo) ha obtenido sólo dos votos y ha sido eliminada, pasando a la siguiente votación... pues las que ellos quieren poner que pasan, para dar algo de intriga a la quiniela de la cena, que si la aciertas te mandan a tu casa un paquete de libros desecho de tienta y cerrado. Nadie en la cena del Planeta quiere saber, cuando todos conocen que el premio está dado de antemano. En el mal llamado proceso de paz es igual. El premio a la ETA está ya dado, y Otegui ha corregido segundas pruebas. Eso sí que está atado y bien atado, y no los logros de la Transición. Y pagado y bien pagado. Al precio de la dignidad de España, de la concordia nacional y de la memoria de las víctimas. L último bastión de la dignidad colectiva en España está en manos de un grupo de mujeres. Mientras el Estado recula, mientras la Justicia pastelea, mientras los ciudadanos se acomodan, mientras los socialistas negocian, un puñado de madres, viudas y hermanas de víctimas se ha alzado, como nuevas troyanas de Eurípides, en defensa del honor de los muertos y de la última frontera del decoro y la decencia. No se llaman Hécuba, ni Andrómaca, ni Casandra, sino Pilar Ruiz Albizu, Maite Pagaza, María del Mar Blanco, Consuelo Ordóñez, Irene Villa, Teresa Jiménez Becerril; pero como las heroínas griegas han pagado tributo de sangre y dolor en una guerrasinsentido. No quieren poder, ni prebendas, ni cargos, sino simplemente memoria y respeto. Y sus voces de deIGNACIO nuncia son una sacudida CAMACHO incómoda en medio de esta atmósfera pastueña en cuya bruma se disuelven los recuerdos de la tragedia y se amortiguan los ecos del sufrimiento bajo una cortina de edulcorada anestesia moral. No hablan desde la conmoción afectiva que hace tiempo que dejaron atrás, obligadas a sobrevivir en el marasmo de un luto cuyas íntimas zozobras sólo ellas son capaces de definir desde el abismo de la intensa soledad del desconsuelo. Hablan desde la coherencia, desde la razón, desde la supremacía ética que les otorga su condición de vestales forzosas, sacrificadas guardianas del altar de la memoria de una sociedad herida. Y sus palabras, duras, compactas, de una firmeza estoica y pedregosa, suenan como latigazos de rebeldía en este espeso silencio de complicidades y conveniencias. Porque recuerdan la sangre derramada, los principios traicionados, las resistencias abandonadas, las promesas vencidas. Porque hacen suyas, con una helada precisión deshabitada de eufemismos y de ambigüedades, las palabras certeras de ese vasco blindado que fue Gabriel Celaya: Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte se dicen las verdades, las bárbaras, terribles, amorosas crueldades Estas mujeres son nuestras Madres de Mayo, nuestras Damas Blancas de la dignidad nacional, nuestras necesarias heroínas civiles en la lucha contra la resignación y el olvido. Perturbadoras de los pactos de silencio, imprescindiblemente inoportunas ante el cruel pragmatismo de la política, disonantes como chirridos de inconformismo en un concierto de oprobio. Ellas van a ser, desde su conmovedora y rebelde entereza contra la amnesia, la ingratitud y el abandono, la verdadera medida de honestidad en este tiempo de ventajistas. Porque representan la conciencia viva del drama del terrorismo, ante la que ninguna solución podrá sostenerse sin afrontar a cara descubierta el examen de su encarnadura moral. Porque han visto de cerca los vertiginosos ojos claros de la muerte, y ante la legitimidad de su sufrimiento nadie podrá presentarles una ignominia como un triunfo. Y porque bastará mirarles a la cara para saber si esta clase de paz que se avecina abre una esperanza o es el disfraz amargo, doloroso y desazonador de una derrota.