Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 21 10 2006 91 Berdych apea a Nadal del Masters Series de Madrid- -6- 3, 7- 6 (6) -y frustra la final deseada ante Federer Ronaldo no jugará ante el Barça al desestimar el Comité Español de Disciplina Deportiva el recurso del Madrid Quiero que gane Michael- -dice Ralf- pero no creo que Toyota acepte una sobredosis de amor fraternal El piloto español puede celebrar el título por segunda vez en el mismo lugar. El Hilton Morumbi es una torre de Babel del individualismo- -llena de pilotos y personal de la Fórmula 1- -en el que cada cual va a lo suyo El hotel fetiche de Alonso TEXTO J. C. CARABIAS EFE SAO PAULO. No busquen parecido razonable, simetría con otros deportes o unos cuantos puntos de conexión. La Fórmula 1 retrata su singularidad en el día a día, en la rutina de la vida en el hotel. En el Hilton de Morumbi, por ejemplo, campamento de Fernando Alonso en Sao Paulo, sede de su primera fiesta como campeón del mundo hace un año y proyecto de juerga para mañana si las tuercas lo permiten. El paraíso del individualismo. La F- 1 es así. Ocho de la mañana de ayer, amanecer grisáceo en Sao Paulo, nubes a manta, sensación de frío, y atasco, siempre un crujir de bocinas en esta ciudad sin fin. Uno de los cinco ascensores del hotel se detiene en la undécima planta, luego en la séptima y finalmente en la quinta. Tres personas coinciden en su interior uniformados de F- 1: una chaqueta Renault que podría corresponder a un mecánico, una camisa BMW que podría pertenecer a un ingeniero maletín en mano y un jersey azul sin publicidad con una acreditación roja, permanente para toda la temporada en los circuitos. Nadie dice nada en cuatro metros cuadrados. Ni saludos, ni un gesto cómplice ni un buenos días siquiera. Nada. De ronda hacia el restaurante del desayuno, la historia se repite. Por allí pululan camisetas de todos los colores, planchadas al milímetro para no desperdiciar una coma de publicidad. Hay Renault, Red Bull, BMW, McLaren... Cualquier parecido con una grupeta armoniosa acostumbrada a convivir en circuitos, hoteles y aeropuertos es una utopía. No hay relación, sino microcosmos perfectamente alineados y una endogamia galopante. Aparece Fisichella por unas escaleras, echa un vistazo y desaparece a la misma velocidad. No estaba allí su objetivo. Podía haber sido Boris Becker, el ganador más joven de Wimbledon, que degusta un café poco cargado. O Nelsinho Piquet, el hijo del campeón brasileño fichado por Renault como probador y que desayuna solo en un lateral del salón. El espíritu individualista se expande, claro, a lo cotidiano. La noche anterior Fisichella ha quedado con su mánager y un amigo para cenar. Pedro Martínez de la Rosa llega pronto, hay que descansar acompañado por su mujer- -Reyes- -y unos cuantos auxiliares de McLaren, con los que ha compartido mesa y mantel. Y Fernando No hay relación, sino microcosmos perfectamente uniformados y una endogamia galopante Alonso, un pajarillo para las cuestiones del estómago, cumplió el trámite con su mánager. No hay noticias de Raikkonen. Pese a que la relación entre este grupo de pilotos es cordial, cada uno va por su lado, como mandan los cánones del mundillo. Favelas y pobreza a la derecha, rascacielos y centros de negocio en el frontal y la interminable M- 30 paulista (Marginal Pinheiros) a la izquierda. Esa es la visión que tienen los pilotos desde su residencia, una gigantesca mole de 485 habitaciones, catorce suites vip, once salas de reuniones, tres restaurantes y una fantástica piscina climatizada en el piso 28 desde la que se aprecia la inmensidad de la ciudad. El hotel fetiche de Alonso bulle al mismo ritmo que rugen los motores en los circuitos. Un ejército de guardias de seguridad vestido de negro se mueve sin descanso en el hall. Sacan coches del garaje, ayudan a los extranjeros, dan indicaciones en los mapas, recogen encargos... Media Fórmula 1 se ha citado en este punto del planeta. Son las nueve menos cuarto de la mañana. Una puerta se abre vertiginosa y a la misma velocidad asoma Alonso directo al Megane que acaba de aparecer como por ensalmo. Ingresa en el coche, el chófer arranca y rápido, rápido, tuerce en dirección hacia la avenida Interlagos. El día acaba de empezar. Un fallo provoca el cambio de motor No hay ningún motivo de preocupación dice el asturiano, que utilizará el mismo modelo que en Shanghai y Suzuka J. C. C. SAO PAULO. La táctica conservadora de Renault y Fernando Alonso para la carrera de Brasil se ciñó al guión al cien por cien. El jueves por la tarde los ingenieros de la fábrica francesa de Viry- Chatillon detectaron un pequeño problema en el motor D 5 que tenía previsto estrenar Fernando Alonso en Brasil y ayer mismo, el monoplaza del español cambió de propulsor. Lo hizo antes de que comenzase la primera sesión de entrenamientos libres, a las once de la mañana. Gracias a la celeridad de reflejos de Renault, el español no perdió diez puestos en la parrilla de salida de mañana, tal y como prevé el reglamento. Lo que parecía un serio contratiempo- -la táctica diésel que se diseñó para Brasil, la estrategia de un motor fiable por encima de todo por la necesidad de acabar la carrera- -se convirtió luego en asunto menos grave para Alonso. No pasa nada. No hay ningún motivo de preocupación. Se apreció un problema en el nuevo motor y pondremos la especificación que ya utilizamos en China y Japón. Estoy tranquilo porque no cambia nada respecto a lo que habíamos pensado El español terminó la sesión a una décima de Michael Schumacher (séptimo el alemán, décimo el español) Me he sentido bien con el coche y cómodo en la pista. Estamos listos para la batalla y hoy voy a intentar conseguir la pole Fernando Alonso habla con sus mecánicos en Interlagos REUTERS