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S 6 21 10 06 ROSA BELMONTE EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE La cuna de Gucci, Pucci y Ferragamo Salvatore Ferragamo- -cualquiera tiempo pasado... -revisa uno de sus zapatos e tengo dicho a Julia que a Florencia hay que ir el día en que se anuncie el fin del mundo y los turistas se queden en sus casas viendo la tele. Demasiada gente en una ciudad tan pequeña. Es como cuando ves un tupperware y lo que ha sobrado de la comida. No cabe, no cabe. Pero sí. Lo mismo pasa en Florencia con los turistas. Aunque parezca mentira, entran. Y sus cámaras también. Es casi imposible caminar por Florencia y no salir en multitud de fotos. Produce un gran desasosiego pensar que vas a estar en los álbumes ¿sigue habiendo álbumes? de unos perfectos desconocidos con chanclas en octubre, que digo yo que ya deberían ir pensando en cubrirse los dedos de los pies, vamos, ¿A qué esperan, a la Pascua? o en las colas de la Accademia. Pero nada, no aprendemos, y fin de semana que te crió en Florencia. Eso sí, nos alojamos a lo lejos, en Fiesole, en la Villa San Michelle. Florencia es mucho más acogedora vista desde allí. Nos vamos Julia, su hermana Amalia y yo. Dejamos que su hermana se venga porque es tan liberal como nosotras a la hora de comprar. Mi madre diría manirrotas. Nosotras creemos que somos caprichosas con conciencia. Sabemos que algunas de las cosas que nos compramos son una auténtica memez. Pero de marca. Mirar con perspectiva la sociedad del consumo de lujo te da el conocimiento de lo que realmente es superfluo. Conclusión: casi todo. Cuando propusimos la excursión, Amalia enseguida se quiso apuntar. Estas fueron sus palabras de culto a la ciudad toscana: Aaaah, qué envidia, Florencia, la cuna de Ferragamo, Gucci y Pucci Prueba superada. Aceptada como compañera de viaje. No digo yo que vayamos a olvidar el arte y a poner el museo del calzado de Ferragamo por delante de los frescos de Ghirlandaio. Pero una vez que el chute de belleza del Renacimiento esté a punto de ser suficiente (no se nos quita Stendhal de la cabeza, es nuestro síndrome favorito, por tonto) hay que darse una vuelta por la Via de Tornabuoni. Todas las capitales del mundo tienen una calle que es igual que otra en el extremo del mundo. Es la globalización Vuitton. A ver, ¿en qué se diferencian Rodeo Drive, la avenida Madison o la calle Ortega y Gasset? En que ésta tiene cuesta. Lo demás es igual. Pero Tornabuoni es más elegante. La tienda de Ferragamo es un palacio y todos los edificios donde están las tiendas son una maravilla. Parece que gastas con más estilo. Nos separamos y por la noche nos enseñamos el botín. Del de Amalia destacan las cacho botas que se ha comprado en Hogan. Son como de Jane Eyre. Vas a parecer una de esa tías que salen en el ¡Hola! se ríe su hermana. Si claro, ya quisieran Victoria Beckham o Rociíto No hija, me refiero a las que salen al final, las exploradoras Pero el concurso de compra mentecata lo he ganado yo. Unas cubiteras de Gucci que dudé que lo fueran porque estaban en la estantería de los accesorios para perros. Hace unas monísimas letras G de hielo. ¡Sesenta euros! grita Julia. Sí, pero el juego de dos bandejas, no exageres Lo peor es que seguimos sin ir a los Uffizi. Mañana. Ya lo decía Ortega y Gasset (el de la calle) la vida cobra sentido cuando se aspira a no renunciar a nada. Ni a Tiziano ni a unas cubiteras. L De unas galerías a otras Me río yo del flojo de Stendhal. Si va hoy a Florencia le da antes el patatús. Y no en la Santa Croce, que es uno de los sitios espaciosos que todavía se pueden visitar sin quedar emparedado entre un matrimonio de gordos americanos. No sé si les dan puntos extras por venir a Florencia, pero hay que ver qué cantidad de señores de Wisconsin hay sueltos. A Stendhal le habría dado el trastorno en los Uffizi