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21 10 06 TENDENCIAS Japón Contagiados por el virus de la moda Contagiados ellos, los japoneses, especialmente los jóvenes. Pero contagiadas también las calles del mundo. Los creadores nipones nos invaden con sus marcas imaginativas... y a menudo caras POR TONI GARCÍA Una fashion victim japonesa apón siempre se ha significado por su obsesión por las compras y el lujo. Marcas clásicas de alta gama como Louis Vuitton, Gucci o Prada habían arrasado desde hace décadas en ciudades como Tokio y Osaka. Nada nuevo bajo el sol. Lo que empezó siendo algo que conocemos bien en Occidente empezó a cambiar a finales de los años 80, con una pequeña tienda dedicada al mundo del patín llamada Nowhere Este pequeño establecimiento se convirtió en un punto de encuentro para artistas de todos los pelajes: grafiteros, escultores (en la línea de Takashi Murakami) dibujantes, cantantes... Y cuidando de ellos un nombre, Nigo, un japonés obsesionado con el diseño y coleccionista compulsivo de todo tipo de items (de muebles de Versace a muñecos de Star Wars Nigo (que quiere decir el número dos decidió en aquellos días fundar su propia marca, A bathing ape (algo así como simio de baño nombre cuya procedencia aun sigue siendo motivo de especulación: las teorías van desde que es una expresión que en japonés significa darse una ducha tibia hasta la- -mucho más plausible- -de que tiene mucho que ver con que Nigo sea uno de los coleccionistas más importantes del mundo de material relacionado con El planeta de los simios La marca, que empezó casi como una broma privada entre los asiduos de Nowhere se convirtió en un clásico entre los nombres básicos del underground neoyorquino como Kaws Futura o Stash conocidos por ser los pioneros de la renovación de la escena grafitera hasta convertirla en un objeto de consumo masivo. Un año después, A bathing ape Bape para los amigos) ya J era una acuñación de culto e inauguraba su primera tienda, con una extraña política (al menos desde el punto de vista de un foráneo) que consistía en que el cliente podía comprar una- -y solo una- -prenda de su talla, llevando hasta el extremo el concepto edición limitada ya que de cada ítem se elaboraban solo una docena de ejemplares (ya fuera una camiseta o una sudadera) y duraban minutos. Fenómeno a pie de calle El resultado de esta política fue que, al cabo de pocas semanas, las camisetas del simio provocaban larguísimas colas en la tienda y el japonés medio empezaba a preguntarse de qué iba todo aquello. Quince años después, Bape posee más de 30 tiendas en todo el mundo, dos peluquerías, un restaurante y dos tiendas de sus submarcas, Baby Milo (para niños) y Bapee (para chicas) y son legendarias las colas matutinas de sábado en su tienda de Londres y las ventas millonarias de la marca en ciudades como Nueva York o Hong Kong, donde más de 3.000 personas hicieron cola durante 12 horas para poder comprar allí el día de su inauguración. No solo eso, la marca ha hecho que barrios como Shibuya o Harajuku estén cada vez más poblados de tiendas dedicadas al mundo del street- wear (ropa de calle) en sus vertientes más sofisticadas: la legendaria marca neoyorquina Supreme (que ha colaborado con Larry Clarke o Mike Mills, entre muchísimos otros) Mastermind posiblemente una de las marcas más caras del Cuando Nigo introdujo su marca A bathing ape no permitió que se vendiera más de una prenda por comprador. Política extravagante que resultó un éxito