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48 Madrid SÁBADO 21 10 2006 ABC IMPROMPTU METROPOLITANO La muerte no es un asunto solitario (Ray Bradbury) a ciencia urbana no está de moda. Los estudios sobre los procesos internos de la ciudad y la urbanización de su ensanche, no son aplicados. Falta racionalidad y objetividad en la localización y relación espacial de las actividades. La integración de un espacio fragmentado no está garantizado por la movilidad. La segregación que producen las interferencias entre los diversos usos del suelo y su competencia espacial, ni siquiera es reconocida. El abandonode la vivienda en las áreasmarginales del centro urbano esconde razones todavía muy sordas. No se responde a la especulación al alza del valor del suelo y la vivienda a través de un análisis explícito de la causología en la formación de los precios. La fabricación de bienes inmuebles es irregular, lenta y cara, pero los mercados dominan la política urbana. No se estructura la morfología de la ciudad. La evaluación de la vivienda subestandar sigue siendo un tabú Se proclama la vivienda mínima como progreso para la juventud pero se elude anticipar el peligro de que estas familias jóvenes puedan verse atrapadas en estas situaciones habitacionales. Es cierto que, en el marco de la práctica, la planificación urbana ha ofrecido efectos perversos en el juego de actores sobre el espacio, pero la cultura del plan parece seguir siendo el menor de los males. El Tribunal Constitucional sentencia contra la legalidad de un planeamiento centralizado por el Estado y homogéneo, respondiendo así al principio de eficienciay proximidad de las decisiones urbanísticas descentralizadas a las Autonomías, pero pone en peligro el principio de equidad en la dotación de equipamiento, servicios y en el control de aire y agua. La liberalización del suelo urbanizable a todo el territorio no especialmente protegido desmonta en la ultima década un orden acuñado desde mitad del siglo pasado, aunque fuera imperfecto. En el día a día, la reivindicación de la ciudad nuestra de debate y transparencia hacia la población afectada, está más que adormecida. La participación ciudadana no puede reducirse al canal de los partidos políticos, mediante convenios que no responden en ocasiones a la opinión de otros legítimos interlocutores. Resplandece la eficacia en la acaparación privada de la ciudad como máquina monetaria que resulta en una simple falacia si pasa por encima del derecho a disentir de un concepto equivocado del progreso en el espacio urbano o si atropella el derecho de la Comunidad a recuperar el plusvalor que ella misma genera. Se ha impuesto un estado de malestar, discrepancia y rechazo entre el ciudadano y su ciudad que adquiere, en el cambio de siglo, las señales de un síndrome de dimensiones antes desconocidas en la historia. Permanece marginado el criterio fundacional de que la iniciativa y el control político público debe primar sobre la rapidez eficiente en las decisiones y la financiación disponible, de los agentes privados, incluso a través del consen- L Estado actual de las obras de la M- 30 so. Es el sentido de lo público loque convierte la urbanización en ciudad. Es el designio de un lugar, la dinamicidad del cambio abierto a una temporalidad que valora el antes- y- después, junto a una decidida creatividad espacial, lo que hace significativo y sostenible el proyecto de ciudad. Se trata de generar una intencionalidad estética contemporánea que entienda el espacio urbano como marco vital, con el convencimiento de que un mejor entorno induce a un equilibrado y limpio comportamiento social, como ya apostaban los racionalistas de las vanguardias históricas. Todo léxico parece válido, toda crisis inevitable. Así la descentralización de la decisión urbanística a los municipios, no está cumpliendo las reglas mínimas de autocontrol o compatibilización interterritorial. Que las obras significativas del diseño urbano devoren el territorio, se impongan a los espacios y objetos encontrados en la ciudad y rompan tramas y relaciones sociales anteriores que son el fundamento del valor antropológico, cultural y estético de la ciudad es una nueva perversión. Dominan los proyec- JAIME GARCIA tos de nueva imaginería, ofertados como objetos de delirio formal, piezas de autor que no necesariamente suponen progreso alguno, por no mencionar otros objetivos soterrados. Hasta aquí, el prólogo de un breviario de sentencias lapidarias, correlato de la ciencia urbana positiva, que todo el mundo pretende conocer, pero que hoy no resulta oportuno debatir o defender. Que reflexión nos merece, por ejemplo, La Playa de la Malvarrosa, la Albufera, el Peñón de Ifach, Peñíscola, las Playas de Levante, el Mar Menor, el portus magnus romano y la bahía de Cartagena, que describen, en ideogramas, una costa plena de significado geográfico, histórico y cultural. Sobre ella se acumulan ahora adosados vulgares, torres sobre naranjos, rascacielos rotos, industrias que refinan veneno, ciudades fantasma para habitantes espectrales que han perdido la capacidad de ...imaginar el pasado y recordar el futuro... Ni naturaleza ni cultura. La Bahía de la Concha en San Sebastián, ha sido, por siglos, ejemplo de land- art y terapia. Orografía, vivien- da- jardín, casco viejo puerto de pescadores, juego en las playas, tránsito por el paseo marítimo, traineras, y paisajes de colinas, agua y construcción, se funden en un ejemplo del escenario verdadero, vivo y más bello del arte del contexto. Hoy este espacio se ha degradado hacia vivienda colectiva que domina los montes, puerto deportivo, trafico vehicular y expresa agresión al paisaje y a las personas. Es el síntoma de una sociedad a la deriva. En Madrid, el río Manzanares ya no es un cauce modesto de agua sobre el lecho de arenas pleistocénicas donde se superponen restos de pobladores prehistóricos, flechas de silex, pequeñas villas romanas, praderas de San Isidro, mataderos neomudéjares, puentes barrocos y autopistas del progreso. Su identidad se ha transmutado hoy en el paradigma de un falso simulacro de modernidad. Se confirma que un pilón de agua rodeada de pilotes y tableros de hormigón, con cestillos para árboles y jardines colgantes sobre sus túneles no es ni un río ni una muestra del progreso sino, por el contrario, una torpe ingeniería politizada, que barre la identidad de un bio- topo con significado. Bien entendió Goya allí espacio y paisaje, personas y cosas. Cómo olvidar el opus novus nuntiatus la esencial norma urbanística romana, en el reciente ejercicio de ilusionismo del Salón del Prado. Una calle- salón se convierte en un salón- calle. Falta por animar la presencia y acción de sus usuarios, expresar la estrategia espacial de sus movimientos y estancias, cualificar el diseño de sus paseos, sombras, lugares y servicios. Transformar al espacio, y al hombre, requiere no sólo el mantenimiento de los árboles o la oferta de salones abiertos al paseo, más o menos clásicos, sino decididas medidas de trafico, transporte e inseminación de actividad. Se debe respeto al traslado del patrimonio, de Apolo y de las Cuatro Fuentes. Se exige al proyecto una intención manifiesta de percepción y memoria del bienestar, una determinación de instaurar nuevos símbolos con capacidad portadora de auténtica e inventiva acción. En conclusión, estas líneas no son mil epítetos de ensoñación del pasado ni de búsqueda del eu- topos. Son la primordial reivindicación de incorporar a la gestión un diseño urbano que concibe el espacio como lugar de convivencia y motor hacia beligerantes propuestas urbanas, físicas y sociales. No es catastrofismo anunciar el suicidio presente, una muerte inducida de la ciudad, donde el urbanismo ha pasado a ser una escenografía de intenciones al servicio de un nuevo poder hegemónico, que gobierna a nuestros gobiernos, se consolida como mecanismo generador de plusvalías, trabaja de espaldas al habitante al que somete bajo la potencia de su propaganda. Denunciamos este letal aparato al que no le conviene ni conocer, ni practicar una planificación innovadora y democrática ni, sobre todo, desvelar el régimen de la verdad en el proyecto del espacio público. Artículo realizado por los arquitectos Antonio Fernández Alba; Francisco Fernández- Longoria; José López Candeira; Luis Miquel Suárez- Inclán; Antonio Vélez Catrain.