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34 Internacional SÁBADO 21 10 2006 ABC NUEVA YORK. No todas las historias de hadas cuentan con un final feliz y el romántico cuento de amor entre Zakery Bowen y Addie Hall, fraguado entre la miseria y putrefacción de cadáveres que el huracán Katrina dejó a su paso hace apenas un año en la ciudad de Nueva Orleáns, ha sido víctima del macabro influjo de la brujería o la simple desesperación. El suicidio de Owen después de descuartizar a Hall sólo ha podido fantasear con la esotérica explicación del vudú como su verdadera causa, ya que los periodistas que erigieron a estos dos bellos jóvenes como estandartes de la esperanza entre la devastación del huracán, se niegan a aceptar que el destino y la mera irracionalidad hayan sido los artífices de este trágico final. Atrás quedaron las anécdotas que varios periódicos estadounidenses utilizaron para dar ánimos a los miles de ciudadanos desesperados por el azote de Katrina. La elocuencia de un apuesto Owen, que consiguió fabricar una cocina con un cubo de metal, o la sensualidad que desprendía Hall llenaron numerosas páginas que millones de personas leyeron a lo largo y ancho del país. Algunos rieron o, incluso, sintieron vergüenza cuando Hall dijo haber mostrado sus pechos desnudos al paso de los coches patrulla y nadie se sonrojó cuando ambos tuvieron que dedicarse al contrabando ilegal de alcohol para poder sobrevivir en la ciudad. Después de superar las adversidades de la madre naturaleza cuesta Un año después de que forjaran su relación en medio del desastre del huracán en Nueva Orleáns, Zakery Bowen se suicidó tras descuartizar a Addie Hall Macabro final de un cuento del Katrina J. L. DE HARO creer que Owen cayese víctima de su propia locura cuando el pasado martes se arrojaba desde el séptimo piso de un hotel de Nueva Orleáns, después de haber grabado sus últimos pensamientos en vídeo. La trágica historia no acabó ahí, ya que cuando los agentes de Policía llegaron al piso encontraron la cabeza de su compañera sentimental completamente carbonizada dentro de una olla, mientras otras partes descuartizadas de su anatomía estaban distribuidas en otras partes del habitáculo. Así, por ejemplo, las piernas y los brazos fueron hallados en el horno y el torso en el frigorífico, según publicaba el diario The Times. Capítulo de terror Ante este dantesco panorama cuesta creer que aquella idílica historia de amor, que nació justo la noche en que el huracán destrozó la ciudad y Hall ofreció refugio a Owen, haya acabado engrosando la lista de capítulos de terror que el Katrina dejó a su paso. Owen, de 28 años y natural de California, sirvió como soldado en Irak y Afganistán y en la actualidad trabajaba como camarero. En su cadáver se encontraron un total de 28 quemaduras, que podían reflejar sus años de vida, mientras que en sus testimonios antes de suicidarse afirmaba haber fracasado en aspectos, como el amor, el matrimonio, la paternidad o la familia. Curiosamente, ambos jóvenes vivían sobre un local de vudú y, al parecer, Hall había echado de casa a Owen días antes por haberle mentido. Zakery Owen y Addie Hall, en la puerta de su casa del Barrio Francés AP