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ABC SÁBADO 21 10 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA GRANDEZA Y MISERIA DEL PACTO POLÍTICO A los ciudadanos nos gustaría que cuando un gobierno ofrece un pacto político fuera la expresión de un acuerdo donde se pensara más en los ciudadanos y menos en los partidos, un acuerdo donde no se buscase anular al adversario, sino integrarlo con altura de miras en un proyecto cívico común A moderación de las temperaturas veraniegas no ha venido acompañada con una moderación de la temperatura política en las deliberaciones públicas. Y parece que este otoño tardará bastante en enfriarse el ambiente porque la proximidad de sucesivas elecciones no despejará las posibilidades de tormenta, rara será la semana en la que no tengamos alguna y estos días parece provocada por la negativa del PP a suscribir un gran pacto político por la inmigración. Aunque el tema de la inmigración no sólo requiere un pacto político, sino un amplio pacto social para el que todos debemos prepararnos, conviene que nos preguntemos por el valor que los pactos políticos pueden tener en sí mismos. Lo que está en juego en la oferta del Gobierno a la oposición es algo más que un simple acuerdo sobre algunas medidas con las que afrontar el tema de la inmigración masiva, está en juego la instrumentalización electoral de un recurso político que es demasiado importante como para dejarlo en manos de los políticos. La opinión pública dispone de argumentos suficientes para pensar que la oferta del pacto político realizada a la oposición no nace como expresión de profundas convicciones socialistas. No es el resultado de una deliberación histórica y sosegada que han realizado los líderes del socialismo democrático, tampoco de un enfoque socialdemócrata de la globalización que obliga a revisar mercados, fronteras y valores. Es el resultado de varios factores entre los que se encuentran la improvisación, la mala gestión, la carencia de horizonte ideológico firme y todo un conjunto de factores que también puede recibir el nombre de necesidad de las cosas Es el resultado de una realidad que es más terca que las propias ideas. Al Gobierno le gustaría convertir esta necesidad en virtud y presentarse ante la opinión pública liderando una cultura del pacto de la que dejaría fuera a la oposición. Como ya hemos visto en otros temas (educación, familia, justicia, medios de comunicación de titularidad pública) e iremos viendo estas semanas, lo que importa no son los temas sobre los que se ofrece un pacto político, sino la mentalidad instrumental, maquiavélica y utilitarista con la que se ofrecen. Una mentalidad política legítima que nadie puede cuestionar pero sobre la que recaen serias sospechas de que sea la más adecuada para generar fuertes consensos sociales. La opinión pública tiene argumentos históricos para distinguir entre pactos políticos fundamenta- L ÁNGEL CÓRDOBA les que se hacen pensando en el bien común de toda la sociedad y pactos políticos instrumentales que se hacen para deshacer al adversario. El pacto que hizo posible la Constitución española tuvo un carácter fundamental y con él aparecieron valores compartidos que aún siguen alentando la vida política. Los famosos Pactos de La Moncloa facilitaron la paz social porque todos aprendieron a ceder en sus respectivas pretensiones. También los pactos de Toledo que se firmaron para garantizar el futuro del sistema de pensiones. Estos pactos fueron expresión de una clase política que en lugar de pensar en ella misma pensaba en los ciudadanos. Eran un instrumento al servicio de un bien común del que todos podían participar a corto, medio y largo plazo. No eran instrumentos al servicio de un partido, una clase social o una ideología determinada, eran instrumentos al servicio de los todos los ciudadanos y sus problemas reales. El Gobierno quiere ofrecernos pactos de esta naturaleza, pero no se da cuenta de que su discurso no es creíble, no se da cuenta de que está instrumentalizando los valores del pacto político porque en lugar de integrar al adversario en el juego democrático lo que pretende es anularlo, arrinconarlo y deslegitimarlo como interlocutor público. La prueba más evidente de esta falta del crédito para el pacto la tenemos en los pactos del Tinell en Cataluña. ¿Qué autoridad tiene ahora el Gobierno para pedir un pacto político serio cuando anula y desprecia al adversario? ¿Por qué busca el Gobierno ahora una credibilidad que antes no buscaba? Antes no le preocupaban la autoridad y la credibilidad porque no estábamos en tiempo electoral. Ahora el Gobierno sabe que la cultura del pacto político hay que tomársela en serio y no jugar con ella. Se ha mantenido en algunos temas económicos, la hemos visto en el pacto con los obispos y se busca desesperadamente con algunos agentes sociales con la finalidad de acertar cuando se rectifica. A los ciudadanos nos gustaría que cuando un Gobierno ofrece un pacto político no lo hiciera como expresión de vulnerabilidad, sino como una oferta de generosidad y responsabilidad. Nos gustaría que fuera la expresión de un acuerdo donde se pensara más en los ciudadanos y menos en los partidos, un acuerdo donde no se buscase anular al adversario, sino integrarlo con altura de miras en un proyecto cívico común. Un deseo que nos permita distinguir entre la grandeza de los pactos que se hacen con generosidad o responsabilidad y la miseria de los pactos que se hacen por vulnerabilidad. Profesor de Filosofía del Derecho, Moral y Política. Universidad de Valencia REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ETA, ZP Y EUROPA La exportación de los problemas nacionales tiene el inconveniente de trasladar a Europa las dudas y divisiones nacionales. Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) destaca un artículo de Leo Wieland que lleva este título: El precio de la paz FAZ reconstruye los antecedentes del diálogo de Zapatero con ETA y avanza este recuerdo: durante catorce años, González jamás dejó en suspenso ninguna duda sobre la soberanía nacional. Aznar, su sucesor, tuvo el mismo comportamiento. Zapatero- -deja caer FAZ- -calcula de otro modo FAZ enumera los más diversos puntos de vista, desde Naciones Unidas al Foro de Ermua, haciéndose la pregunta capital: ¿A quién interesa la internacionalización del conflicto? FAZ pone el dedo en una de las llagas de la posible exportación del conflicto: los socialistas franceses apoyarán ante el Parlamento Europeo una negociación que rechazarían en Francia, ya que ningún Gobierno francés aceptará incluir el País Vascofrancés entre los puntos negociables con nadie. En ese terreno, en Edimburgo, el Scotsman subraya la nueva división europea: socialistas, comunistas, liberales y ecologistas apoyarán una declaración favorable a Zapatero, mientras que el PPE apoyará las posiciones del PP español, denunciando el riesgo de las concesiones políticas a una organización terrorista. A la espera de acontecimientos, la inmigración suscita un interés permanente. En Bruselas, Café Babel publica un reportaje que titula: La UE pretende blindarse contra las invasiones bárbaras En París, Le Monde prosigue su larga serie sobre los problemas que plantea la inmigración en Canarias, subrayando el drama de las ilusiones de los vendedores de gafas En el terreno económico, dos puntos positivos. Wall Street Journal publica un largo artículo, comentando con respeto los resultados financieros de la gran banca española. Por su parte, el Guardian londinense publica un extenso reportaje sobre el proyecto del túnel entre España y Marruecos, a través del Estrecho de Gibraltar, presentándolo como un proyecto de gran alcance estratégico. Menos optimista, Financial Times publica un informe sobre las amenazas ecológicas que pesan sobre Europa, víctima del cambio climático. El matutino subraya que España está en muy primera línea de esa crisis de fondo, llamada a precipitar problemas de gravedad creciente, en las tierras españolas donde la desertización es ya un riesgo real.