Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 20 10 2006 Espectáculos 73 Little Miss Sunshine En la piel de Jacques Chirac Rayos de esperanza transgresora EE. UU. 2006. 101 m. Director: J. Dayton V. Faris Intérpretes: Greg Kinnear, Abigail Breslin, Paul Dano JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Tirando de archivo Francia 2005, 89 min. Directores: Karl Zéro, Michel Royer Documental ANTONIO WEINRICHTER elícula muy aplaudida y celebrada en Sundance. Ya saben, el templo sagrado de los independientes, aunque cada vez lo sean menos (el templo y ellos) Esto es así, se masifica y hala, al sumidero todo. La película tiene su estela dorada: esa que cuenta que estuvo rodando cinco años de estudio en estudio sin que nadie la quisiera. Luego llegó a Sundance y, ante el éxito obtenido, los directivos se tiraban de la laca para conseguirla. Y tienen sus motivos: es una historia de transgresión de normas, con buen estilo y bonita factura. No mantiene una línea directa, sino que se va a acelerando poco a poco hasta el estallido final, que es lo mejor. Dirigida por desconocidos y protagonizada por relativos secundarios (estupendo el chico Paul Dano, que ya tuvo una brillante aparición en Vidas ajenas la película va subiendo peldaños, más que cómicos, rompedores. A fuerza de quebrar ladrillos, Dayton y Faris van ascendiendo montañas primero y alcanzando cimas después, a toda velocidad. De cualquier forma, no se encelen porque es el clásico filme que crece con el boca a boca hasta que se pierde de vista (y en la vista) ante las expectativas creadas. Tiene su valor (social) y un gran encanto en su frescura e ingenuidad, pero no esperen el tesoro enterrado en la isla donde pueda ser encontrado por el capitán Jack Sparrow. Eso sí, es un trabajo que te deja una sonrisa en la cara y un sello de esperanza en el alma. P P Clive Owen y Julianne Moore, en una escena de la película ABC Hijos de los hombres Yermos EEUU Reino Unido Director: Alfonso Cuarón Intérpretes: Clive Owens, Julianne Moore, Michael Caine E. R. M. P uesto que la película del mexicano Alfonso Cuarón está tan preñada (verbo acorde con la historia) de interés que uno no sabe por dónde empezar, se empezará por una imagen de estantería: Michael Caine borda su personaje de jipi porrero de los setenta en un mundo del futuro en el que ni se crea ni se procrea. Cuarón, valiéndose de lo que era ciencia ficción para P. D. James nos presentiza y retrata un Londres como de ayer mismo, pero de mañana, atestado de in- migrantes, lastrado por la xenofobia y la violencia, carcomido por los nacionalismos y las sectas, sometido policialmente y con un estigma: hace dos décadas que no ha nacido ni un solo ser humano, y el último que lo hizo acaba de fallecer. De repente, la película: una mujer está embarazada. Se pasa, pues, del apocalipsis al génesis. Pero, al tiempo que una reflexión apocalíptica de un mundo agotado y yermo, Cuarón quiere construir una película de acción: los personajes no paran de moverse y no se puede seguir la intriga sin estar en buena forma y pegarse un carrerón. La puesta en escena es tremenda y las escenas bélicas son tan sucias y embarradas como el ambiente. Y si bien Michael Caine, de secundario, se lleva la película, Clive Owens y Julianne Moore se esfuerzan en papeles que realmente no les pegan. ara que quede constancia, este retrato de un presidente no es una empresa tan original como puede parecer: el gran maestro del collage político Emile de Antonio ya ensambló tirando exclusivamente de archivo una a modo de biografía de otro presidente, Nixon; y la idea de añadir a ese material factual un comentario en primera persona, pero salido de la pluma del cineasta, para crear una falsa autobiografía, la patentó Mark Rappaport en sus estudios de Jean Seberg y Rock Hudson. Dicho esto, hay que añadir que el trabajo de Zero y Royer en torno a la figura del presidente Chirac es impecable y que su fuerte componente satírico no le lleva a cebarse en su sujeto más allá de los límites del decoro. Cualquier político de larga carrera- -y la de Chirac se prolonga durante cuatro décadas- -tiene motivos para temer a la hemeroteca, o en este caso, a la videoteca; no sólo por los giros ideológicos y cambios de programa en que pueda haber incurrido sino porque su condición pública le hace tan proclive a las tomas falsas- -o descuidos que quedan registrados- -como cualquier individuo de la crónica rosa. De esas contradicciones se nutre la película, un primoroso ejercicio de montaje que cabe considerar como un ajuste de cuentas, en todo caso legítimo con una figura pública de tanto peso en la historia reciente de su país. Por supuesto, se trata de una biografía no autorizada pero ¿acaso no son las que llevan ese membrete las que nos provocan más morbo?