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ABC VIERNES 20 10 2006 Espectáculos 71 La prueba del crimen Tipos duros en cajas de acero EE. UU 2006. 122 m. Director: Wayne Kramer Intérpretes: Paul Walker, Vera Farmiga, Cameron Bright, Karel Roden JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Laya Martí y Verónica Echegui (La Juani) posan durante un descanso del rodaje de la película ABC Bigas Luna presenta a Verónica Echegui, La Juani como el nuevo icono ibérico JOSÉ EDUARDO ARENAS MADRID. Siempre sorprendente, Bigas Luna no deja indiferente a nadie con sus películas, con las que ha tocado todos los géneros. En su nuevo trabajo, Yo soy la Juani avanza en ese sentido para reinventarse a sí mismo ante el reto de contar una historia sobre jóvenes españoles actuales- -de barrios periféricos en grandes ciudades, como referente- y conseguir la frescura narrativa que el cometido merece: lenguaje técnico avanzado, banda sonora vitalista y ejemplar y justa utilización del digital. La ganada fama de Bigas Luna como un cineasta activo sexualmente en cuanto a incursión de escenas fuertes se refiere, hace que de Yo soy la Juani Las nuevas se supongan cosas de tecnologías las que el propio cineasta quiere salir al han cambiado la paso, porque, ante todo, hemos querido manera de hacer una película ver una que llegue a todo tipo de público. Se retrata película cómo es una chica de hoy y su afán por obtener el éxito. Se podrá comprender su comportamiento o no. En la vida se encuentran unidos lo bueno y lo malo y, en mi caso, prefiero retratar la parte buena, la que queremos mostrar, la maravillosa y emotiva. La Juani es Verónica Echegui (número 651 de un cásting de más de 3.000 aspirantes) que consigue ser el icono ibérico que buscaba para este siglo El director explica que el interés estaba acompañado del descubrimiento de una nueva actriz y así lo hemos cumplido añade seguro. Además- -explica a ABC- tiene interés en entender y utilizar lo que está sucediendo en el mundo del audiovi- sual, donde se vive una revolución. El mundo digital, el internet, las nuevas tecnologías, han cambiado la manera de ver una película. La gente que narramos tenemos que ponernos las pilas, porque está cambiando todo. En la película he querido utilizarlo, siempre sin perder lo que es la esencia de la narración clásica, que no se puede romper y argumenta que las nuevas tecnologías permiten hacer cosas de manera más pasional, al poder montar una secuencia de cuarenta maneras diferentes en un día, cuando antes se empleaba un mes, y ver cómo queda y si resulta buena. La gente joven ha nacido con una cámara digital y lo cambiará todo Verónica Echegui está esperando la reacción del público y se muestra encantada de la enseñanza que le ha aportado Bigas Luna y del cariño de sus compañeros, entre los que está el cantante Dani Martín, de El Canto del Loco La Juani es una chica del mundo del tuning y el hip- hop, que decide romper con todo para alcanzar su sueño de ser actriz comenta con ilusión. a no se hace buen cine negro. Apenas alguna muestra Payback que pasa de puntillas, con ese tono oscuro que marca el género. Pero Kramer tiene antecedentes The Cooler que es una buena tarjeta de presentación. Aquí realiza un trabajo compacto, duro como el acero pa los barcos, un proyecto de granito, como sus personajes, hechos de piedra volcánica pues queman como el fuego. Una de acción y de mafias con muescas en el interior, con corazones desgarrados e invisibles, comidos por la avaricia. Aparece Paul Walker, que es un tipo sospechoso, aunque aquí Kramer le haga parecer hasta bueno, aunque no tanto como ese impagable secundario con rostro surcado en mil batallas checas, Karel Roden, uno de esos actores que elevan el tono de una película con su aspecto infame y su mirada tenebrosa. En suma, cine vibrante, de acción oscura, violenta y cruda. Y Monday Humor negro y japonés Japón, 2000 Director: Sabu Intérpretes: Shin ichi Tsutsumi, Yasuko Matsuyuki, Ren Osugi FEDERICO MARÍN BELLÓN Yo soy la Juani La chica es guerrera España 2006 Director: Bigas Luna Intérpretes: Verónica Echegui, Dani Martín ANTONIO WEINRICHTER ste es el esperado retorno de Bigas Luna al cine tras una etapa en la que parecía más volcado en su vocación primera de artista plástico, ahora expandida al videoarte y la instalación. Las trazas de esta última actividad están esparcidas por toda la superficie de la película, manchando el venerable celuloide con eseeme- eses y resolviendo bloques completos del argumento por el atajo del video- clip. Todo lo cual, justificado por exigencias de un guión cuya protagonista sueña en estroboscópico, le sirve a Bigas para ensayar un nuevo estilo digital que quizá sea síntoma de que el tradicional relato lineal se le ha quedado pequeño. E Claro que Bigas nunca se ha distinguido o preocupado por ser un narrador sólido al estilo de un Aranda; su fuerte y lo que hace su cine más interesante es cómo refleja sus obsesiones personales y las libertades que se toma para expresarlas. Entre éstas no se encuentra, gracias a Dios, el mundo del tuning o el del dance, que mira como elementos exóticos pero sin detenerse demasiado. ¿Qué es lo que le fascina, pues? El poderío de una chica de barrio que quiere ser actriz y comerse el mundo. Bigas no se ríe de ella, al contrario: mira admirado sus contornos y su entorno, un mundo lleno de hombres despreciables, en donde la única afirmación de identidad posible para una chica es oscilar entre ser guerrera y ser hortera... y seguir tragando. Es un feminismo burro instintivo más que concienciado, el de esta Juani que engrosa la galería de grandes iconos femeninos del cineasta gracias a Verónica Echegui (qué buenas sus escenas con Laya Martí) su último descubrimiento, que es como Penélope Cruz pero sin ñoñería. Hiroyuki Tanaka, Sabu para abreviar, ya había dirigido tres películas antes y, mientras nos llegaba este título (premiadísimo en Berlín) le ha dado tiempo a dirigir otras cinco. En la cinta que nos ocupa cuenta la resaca de lunes de un trabajador, quien empieza a recordar la que ha liado durante el fin de semana. Comparada por algunos con Jo, que noche (es gratis) lo cierto es que parece más una versión descafeinada del humor de Takeshi Kitano, sin su poesía y sin su violencia. A Sabu hay que reconocerle un humor oscurito y nada grueso traducido en tres o cuatro situaciones muy divertidas, entre las cuales no habría venido nada mal un desarrollo menos minimalista. El entierro y las quejas del jefe mafioso sobre el dolor de cabeza que causa fruncir el ceño para poner cara de malo tienen gracia. Con cien así, Billy Wilder se hacía una película.