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62 Cultura VIERNES 20 10 2006 ABC John H. Elliott, ayer en Madrid JOHN H. ELLIOTT Como europeos, echarnos las culpas es deformar la historia El catedrático de la Universidad de Oxford y premio Príncipe de Asturias de Humanidades 1996 ha presentado su último libro, Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492- 1830) publicado por la editorial Taurus TEXTO: MANUEL LUCENA GIRALDO FOTO: FRANCISCO SECO ¿Por qué razón acometió la investigación comparativa de los imperios británicos y español en América? -En parte porque pasé 17 años de mi vida en Estados Unidos y eso me dio una nueva visión del mundo, tal y como se ve desde el otro lado del Atlántico. Siempre me había especializado en la Historia de España y del mundo hispánico y me pareció, en ese momento, después de publicar tanto sobre la época del Conde- Duque de Olivares, que era el momento de intentar una comparación sistemática de ambos imperios. Además, siempre me había atraído la historia comparada, que considero la única manera de atraer a los lectores angloamericanos hacia asuntos de España y, al mismo tiempo, de sacar a los españoles de su propio excepcionalismo para demostrar tanto las similitudes como las diferencias y plantear nuevas preguntas. Se trata no de juzgar el pasado, sino de preguntarnos por qué los españoles y los ingleses del siglo XVI hicieron unas cosas y no otras, contemplarlos en su momento histórico. -Pero esa lucha contra el excepcionalismo hará que al libro lo critiquen algunos británicos, que aún postulan la leyenda negra, y los españoles que mantienen la vigencia de la leyenda rosa respecto a las accio- nes de sus antepasados en América. -En efecto, pero como historiador no me interesan los blancos y los negros, sino los matices grises. Al desdramatizar la historia de ambos imperios y las respectivas sociedades coloniales y buscar ante todo los matices, aparece al mismo tiempo lo positivo y lo negativo. Es muy importante que los lectores tomen conciencia de que no todo es blanco o negro, que el mundo tiene muchos colores y muchos matices grises. Si ello disgusta a algunos, qué le vamos a hacer. -La académica Carmen Iglesias ha destacado del libro la recuperación de lo político, su énfasis en la construcción en América del imperio español y el británico como una periferia europea. Ello nos conduce a reflexionar sobre el carácter occidental de América, que niegan desde posturas extremas Samuel P. Huntington, que considera en su libro sobre el choque de civilizaciones la existencia de una imprecisa civilización latinoamericana aparte de la occidental; y los indigenistas, entre los cuales algunos quieren volver a los incas y echar a los blancos. -Para mí las Américas siempre han sido una proyección de Europa, que presentó unos espacios enormes, donde existió la posibilidad de crear una mejor civilización, realizar sueños, crear nuevas utopías. América fue la gran esperanza, lo que quería ser Europa y no podía ser, representaba una extensión de Europa, pero de una Europa imaginada. -Eso explica que desde el siglo XVI la preocupación por la justicia de la Conquista fuera tan fundamental para los españoles, o que las independencias de la América británica y luego de la española pretendieran recuperar ese componente utópico. -Especialmente en América del Norte, donde las ideas de la libertad, el desarrollo del individuo, la búsqueda de la felicidad, como dice la Declaración de Independencia norteamericana, la posibilidad de un nuevo mundo, mejor y más justo, fueron fundamentales. -Pero ese proyecto de libertad también era muy visible en la América española, donde se difundía, como en el caso del mexicano Clavigero o el chileno Molina, el sentido de una libertad americana distinta de la europea. -Hubo un rechazo de la corrupción europea en aquel momento de fundación de los Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas, pero aquella era, a fin de cuentas, una tradición del Nuevo Mundo. Ya en el siglo XVI los frailes españoles que fueron a México huían del escándalo de la guerra entre príncipes cristianos y la corrupción de la Iglesia, querían edificar una sociedad inocente. -Vamos ahora a una cuestión de actualidad. ¿Por qué existe de manera tan marcada, al menos en apariencia, una dificultad de entendimiento y comunicación entre Estados Unidos y los países iberoamericanos? ¿Tiene algo que ver en ello el origen imperial distinto, inglés, español o portugués? -Hay varias razones. Un habitante de la América británica señaló en 1776 que quienes vivían en la América española eran para él gentes de otro planeta. Allí tenían una ignorancia enorme, reforzada por la leyenda negra, los estereotipos sobre el mundo hispánico habituales entre los angloparlantes. Esa mezcla fatal de ignorancia y deformación histórica ha creado una visión muy deformada del mundo iberoamericano y un deseo por parte de los norteamericanos de imponer sus propias normas en sociedades que no entienden. -Pero, visto desde el Sur en estos tiempos de resurgimiento del caudillismo y el populismo, parece que odiar a Estados Unidos- -así, sin matices- -resulta imprescindible... -Es lamentable, aunque comprensible por la actuación norteamericana en Iberoamérica durante los últimos dos siglos. Aunque también hay que señalar que es una enorme ventaja tener un enemigo fuera cuando no quieres solucionar tus propios problemas. -Volvamos ahora a Europa y su historia imperial. ¿Es posible hacer una historia de Europa que no contemple la historia de los europeos acontecida en ultramar? -No, en absoluto, se trata de una dimensión histórica importantísima, escondida porque estamos en un momento de autoculpabilización. Culparnos a nosotros mismos también es deformar la historia, Europa hizo enormes contribuciones a otras partes del mundo y cometió enormes atrocidades. Hay que tomar en cuenta los dos aspectos de la expansión europea. -Existen nacionalismos emergentes- -el escocés en Gran Bretaña, el catalán o el vasco en España- -que parecen querer obviar este aspecto imperial de su historia. -Es algo absurdo. En el imperio británico, los escoceses mandaron en todos lados. El imperio español en América fue mucho más un imperio castellano, pero en el siglo XVIII catalanes y vascos fueron muy importantes, como en la Cuba del XIX. -En el libro presta una gran atención al papel de los individuos, lo que es una constante de su obra. -Hemos vivido demasiado tiempo con modelos deterministas prestados especialmente de las ciencias sociales, que prescinden de las personalidades. La nueva generación de historiadores está descubriendo, de nuevo, la importancia de las personas, su influencia en los acontecimientos. Es importantísimo, por ejemplo, que Washington o San Martín renunciaran al poder, lo que en cambio no hizo Bolívar. De ahí la trascendencia de ese factor humano, libre, personal e intransferible.