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ABC VIERNES 20 10 2006 61 Cultura y espectáculos Bruce Springsteen: No sentimos tanto miedo ni en los tiempos de Vietnam El de Nueva Jersey empezó ayer en Las Ventas su gira de cinco conciertos por España b No es habitual, pero tres horas antes del concierto Bruce repasó ante la Prensa la situación de su país tras el 11- S e Irak y reivindicó la música como vehículo de unión MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Qué le vamos a hacer, el burro delante para que no se espante. Por una vez y sí, sin que sirva de precedente, permitan que empecemos en la primera persona del singular, el mío más exactamente. Porque el que suscribe llevaba veinticinco años (por redondear) esperando este momento, el de ayer por la tarde, cuando tuvo el gusto y el honor de estar a dos pasos de uno de los grandes músicos populares de hoy: Bruce Springsteen. Y es que el de Nueva Jersey (vayan ustedes a saber el motivo; quién sabe si los huevos estrellados de Lucio, o aquel romántico paseo por el Retiro de hace años con Patti; Patti, ¿dónde está Patti por cierto? tuvo a bien despachar ayer con la Prensa tres horas antes de saltar al escenario de Las Ventas, en su primer concierto de la gira que le trae a España con el cancionero de Pete Seeger bajo el brazo. En primera persona, en vivo y en directo, Bruce llegaba a la plaza sobre las siete, en un monovolumen con los cristales ahumados, pero, eso sí, él sentado en el asiento del copiloto. La entrada y el patio de caballos de Las Ventas eran un ir y venir de mazas y de cachas, algunos chiquitos, pero todos matones. Arriba del escenario Bruce ataca El fantasma de Tom Joad al mando de toda la tropa de la Seeger Sessions Band, hasta diecisiete músicos, que ya suenan engrasados y notablementeempastados. Un prodigio. Como lo es que Bruce, después de calentar definitivamente motores con John Henry se acerque hasta el foso y medio tumbado sobre el escenario empiece evocando la figura de Seeger. Al igual que Pete- -explica el Boss- -yo también he hecho música con contenido social y político... pero adoro a Elvis... y los cadillacs Con una medalla de la Virgen al cuello, Springsteen no elude ninguna cuestión que se le plantee y sólo tuerce (mínima, corta, pero intensamente) el gesto cuando alguien le recuerda su edad (57 añazos, compañero, ya quisieras) Por el camino habla maravillas de España aquí están los mejores fans del mundo certificación boca a boca de un romance que comenzó allá por el 81 y su primer concierto en España: Lo recuerdo perfectamente, pocas veces he sentido algo así en una actuación Y lo dice un tipo que se ha recorrido medio mundo tirando de su guitarra Fender y de su garganta: Algunas de estas canciones- -continúa- -tienen cien, ciento cincuenta y hasta doscientos años. Me encantan, porque además de sus aspectos políticos también son canciones hechas para bailar y para vivir, son canciones civiles, canciones de paz Bruce también explica que la música es un buen vehículo para la unión de los ciudadanos, y no tiene inconveniente en caldear el ambiente: Debemos seguir luchando, he vivido la época de la guerra de Vietnam, he vivido la época de Reagan, y nunca sentí el miedo que ahora siento. Hay que volver a luchar como en la época de los derechos civiles, necesitamos un cambio De vuelta al ruedo, y de vuelta al rock and roll, Springsteen confirmó que se encuentra muy inspirado a lo largo de esta gira, que está escribiendo mucho y que la E. Street Band va a tener trabajo en breve. Que así sea. Bruce Springsteen, en un momento del concierto en Madrid ÁNGEL DE ANTONIO Quince mil almas y un solo corazón arroparon al Jefe Según pasan los años, Bruce se parece cada vez más a un personaje salido de una película de John Ford. Anoche, en Las Ventas, por momentos parecía un hombre surgido del cruce entre el gesto duro y viril del Wayne de Centauros del desierto y la ternura desolada del Henry Fonda de Las uvas de la ira Ese Tom Joad (y tipos como ése) de la inmortal obra de Steinbeck y de la genial película de Ford están tras muchas de las canciones que ahora Springsteen interpreta, cedidas por el patriarca Seeger. Canciones ya talluditas pero que han vuelto a nacer. Piezas como Old Dan Tucker y John Henry un obrero de los de antes, que abrieron el concierto. O como Mary dont you weep (un espiritual habitual en las marchas de los derechos civiles) o la bellísima Mrs. Y es que Bruce consigue efectos realmente especiales sobre las tablas. Igual se mueve entre el polvo de Oklahoma home y Devils and dust (Irak, siempre Irak, que se antoja bardo o bajo la lluvia en piezas de nostálgico aire céltico como Erie Canal De paso, y cuando se le antoja, gandulea por Nueva Orleans lo mismo que sorprende con una versión inverosímil de Bobbie Jean o magnetiza al pueblo como en Jacob s ladder un espiritual basado en el Génesis en el que un Bruce pletórico (y no menos irónico) juega el papel de esos predicadores de las pelis americanas, con quince mil españolitos moviendo las manos como si fueran fieles de una iglesia de Michigan, en un éxtasis de buen rollo que se vuelve una francachela compartida entre quince almas y un solo corazón en Pay me my money down (pague patrón, pague) una canción con la que los estibadores negros exigían su salario. My city of ruins (el fantasma del 11- S es alargado) es el primer bis y el preludio del final de esta verbena a la americana, en la que los santos acaban marchando, y vuelve a perpetuarse el viejo rito de la canción, como hicieran los abuelos del Neolítico, en torno al fuego, con miedo, pero unidos. Quince mil almas y un solo corazón. Que no es poco.