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66 MIÉRCOLES 18 10 2006 ABC FIRMAS EN ABC guientes, y me complace reproducirlas: Para un torero como yo, enamorado de su profesión, la aparición de un disco de poesía taurina es un acontecimiento. Pero todavía es mayor el interés si los poemas están recitados por sus propios autores. Escuchar así los versos taurinos, como ocurre en esta grabación, es un regalo para los aficionados a la poesía y a los toros. Con estas líneas quiero rendir homenaje a los poetas que aquí figuran, ya que después de treinta años de torero en activo, poder escuchar esta gran antología de la poesía taurina es como volver a pisar la arena de las Plazas. Sí, escuchar a estos poetas es torear de nuevo. ¿Qué más puedo decir como torero? Aparecido el disco, me apresuré a enviar un ejemplar al maestro, con una carta- -fechada el 11 de abril de 1969- -en la que le daba las gracias por su texto. Ahora tengo esa carta en mis manos. Lo explico. Semanas atrás, quise tomar contacto con Romualdo Rodríguez Almodóvar, persona residente en Jerez y a quien yo no conocía, pero que por su parentesco con Antonio Castilla (pionero de la radiodifusión española sobre el que yo estaba escribiendo) disponía de una información esencial para mi trabajo. Accedí a él a través de su hermano Rafael, alma de la excelente revista granadina Extramuros y al que me une una buena amistad. Romualdo me facilitó amablemente los datos que yo necesitaba, y fue entonces cuando me habló del disco en cuestión. El ejemplar que yo le envié a Antonio Bienvenida, incluida la carta, estaba en su poder. Lo había adquirido por unas monedas en El Rastro madrileño. Por ese mismo tiempo del que al principio hablo (1969, 1970) Jacques Monod, Premio Nobel 1965 de Fisiología y Medicina, concebía su libro El azar y la necesidad que revolucionaría los ámbitos científicos, filosóficos y aún políticos: un azar que él llamaba emergencia y una necesidad que a su juicio era teleonomía Varios siglos antes de Cristo, Demócrito había sentenciado: Todo cuanto existe es fruto del azar y la necesidad De él, y de Monod, tomo título para estas líneas. Es el azar, sin duda, quien pone ese disco y esa carta en manos de mi- -ya- -amigo jerezano, y más aún en las mías. Pero me resisto a creer que sea la necesidad la que lleve a un familiar del torero, una vez desaparecido éste, a vender en El Rastro un disco con su firma. Es más bien el afán de quitarse de encima libros, papeles, objetos, recuerdos, que estorban al nuevo propietario, al que ocupa su sitio porque alguien está ya donde él estaba reza el verso de un poeta andaluz) y borra de esa forma sombras, huellas. A veces- -no en este caso- lo único que queda de un hombre. CARLOS MURCIANO ESCRITOR DEL AZAR Y LA NECESIDAD Escuchar tantos años después las voces de José María Pemán, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, J. V. Foix, Tomás Borrás, Federico Muelas, Ricardo Molina, José García Nieto, Clementina Arderíu, Ernestina de Champourcín, Carmen Conde idos ya, y no siempre debidamente recordados, es algo tan emocionante como estremecedor... EL año 1969, propuse a la empresa discográfica RCA, en la que yo trabajaba, la edición de unos discos poéticos en la voz de sus autores, con temas concretos. Aceptó la empresa, y yo lo agradecí porque ambos sabíamos que se trataba de una aportación cultural, no de un proyecto capaz de rendir beneficio siquiera discreto. Con igual criterio, dieron su sí los poetas, quienes firmaron sus contratos de royalties seguros de que cumplían un formulismo del que se derivarían unos ingresos simbólicos. Generosos, pues, se desplazaron hasta el estudio de grabación, con buen ánimo y mejor resultado. Los tres discos primeros llevaban estos títulos; Diez poetas españoles dicen su poesía deportiva Diez poetas españoles dicen su poesía taurina y Diez poetas españoles dicen su poesía flamenca Dos años después, en 1971, hicimos- -porque siempre conté con la ayuda de mi hermano Antonio- -un cuarto disco: Diez poetisas españolas dicen su poesía amorosa Escuchar tantos años después- -como ahora hago- -las voces de José María Pemán, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, J. V Foix, Tomás Borrás, Federico Muelas, Ricardo Molina, Rafael Duyos, Rafael Morales, José García Nieto, Clementina Arderíu, Ernestina de Champourcín, Carmen Conde, Susana March, Pino Ojeda... idos ya, y no siempre debidamente recordados, es algo tan emocionante como estremecedor. Cada uno de estos discos llevaba al dorso de su carpeta un texto firmado por una figura relevante en su tema: Mano- lo Santana, Antonio Bienvenida Antonio Mairena y Juan José López Ibor, respectivamente. Escribo cuanto antecede, para recordar una iniciativa que en su momento fue original, y apasionante llevarla a cabo, y para referirme concretamente a uno de esos discos, el de poesía taurina, por algo ocurrido cuando han transcurrido ya casi cuarenta años. Las palabras que hilvanó Antonio Bienvenida fueron las si- LOLA SANTIAGO ESCRITORA CONTRA LA NIEBLA E N la sobriedad de tu regazo yo habré impulsado los días y las noches circulares, implantando mi sed de hortelana amante. En ese momento te concitaré a una cita lejana como pájaro rey que muerde sus raíces. Tú no sabrás nada, no estarás apercibido de mi deseo, run run de tus noches indefensas. A veces una se convierte en un pálpito que enmarca las horas más audaces de la sola conciencia para llamarte; y así te llamo, pero no para hacerte mío, no, eso ya no conduce a ninguna parte, ni siquiera a la satisfacción momentánea, a la no elucubración de un cuerpo que ya no desea más que imposibles. Como tomar de la cuenca de tu mano el agua fría del arroyo. O sentir cómo pasa a través de tu pelo el perfume de la rosa, su aroma inmarchitable por un instante eterno. O el beso que no se da nunca y por eso se hace inmortal en su deseo primigenio. Tú me mi- A veces una se convierte en un pálpito que enmarca las horas más audaces de la sola conciencia para llamarte. Hay amplios trenes que no parten nunca de la misma estación ni van al mismo destino. Origen y final en el vacío ras y no sabes y no comprendes, es todo tan fácil, que la misma facilidad lo convierte en jeroglífico denso. Amortigüemos los deseos en el ámbito del beso. Sin tocarnos, sin rozar nuestros labios, beso alado circunscrito a la realidad más hermosa de la íntima pasión sin freno. Después te entregaré mi cuerpo. Como un acto de inmolación simple, concreto, como quien cae al abismo de su sola materialidad. Te sentiré despierto, ajeno. Y, luego, súbitamente mío, tú serás un arco donde enlazar la flecha de mis huesos. Flecha sin destino, incardinada en su solo origen para morir al pie de una roca sobre el frío venero del mar. Luego vendrá el descendimiento como si hubiese muerto, yaciendo en la cruz de tu brazos, afilando tu secreto... Juntos hasta la eternidad. Sin retroceso. Si fuera posible, soñaría contigo de nuevo, pero hay amplios trenes que no parten nunca de la misma estación ni van al mismo destino. Origen y final en el vacío. Así tú y yo, intactos, destrozados, por un mal viento del norte, aunque nadie lo nombre, está ahí, ahí, azotándonos, esperando a que nos relajemos para partirnos por medio. Pero yo sé que, en el último instante, tú, sacando fuerzas de flaquezas, me salvarás, me alzarás contra la niebla, hacia la luz del más bello recuerdo.