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28 MARTES 17 10 2006 ABC Internacional La imparable ola de asesinatos a domicilio en Rusia se cobra una nueva víctima Muere acuchillado en su apartamento el gerente de la agencia de noticias Itar- Tass de Moscú descartó ayer una motivación política o profesional del crimen y lo vinculó a la vida personal y orientación sexual del directivo asesinado RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. La ola de asesinatos que azota Rusia desde hace un mes se cobró ayer una nueva víctima. No hay todavía indicios que permitan determinar la naturaleza de tanta muerte, pero la hipótesis de una conspiración para desestabilizar el régimen de Vladímir Putin se presenta, a ojos de algunos rotativos rusos, como la más plausible. Sea lo que fuere, lo cierto es que los matones se están adueñando de Rusia. Ayer fue acuchillado en su propia casa, Anatoli Voronin, director gerente de la agencia de noticias rusa Itar- Tass. Es sintomático el hecho de que el asesinato de un responsable de tan alto nivel, teniendo en cuenta que pertenece al mundo de los medios de comunicación, consternados aún por la reciente muerte de Anna Politkóvskaya, fuese prácticamente silenciado por las principales cadenas de televisión rusas. El único canal que informó del asesinato de Voronin fue la NTV y no b El vicefiscal lo hizo en su espacio informativo sino en un programa de sucesos. La noticia que sí tuvo gran difusión fue la detención de tres sospechosos de haber dado muerte al vicepresidente del Banco Central de Rusia, Andréi Kozlov, el pasado 14 de septiembre. En un intento de quitar importancia al crimen de ayer, el vicefiscal de Moscú, Alexéi Grigoriev, dijo: Por ahora, no hay nada que haga pensar que la muerte de Voronin tenga que ver con su actividad profesional. Parece más bien algo de carácter personal vinculado con su orientación sexual El fiscal afirmó que el director gerente de Itar- Tass era homosexual. Fuese o no pasional el crimen, lo cierto es que el asesino se empleó a fondo. Le asestó varias puñaladas a Voronin en el cuello con un afilado machete. El asesino pudo entrar sin problemas en la vivienda del directivo de Itar- Tass, lo que hace pensar a la Policía que él y la víctima se conocían. La muerte debió producirse entre la una y las dos de la tarde. Voronin, que tenía 55 años de edad, debía haberse incorporado ayer a su trabajo después de las vacaciones. Su chófer, que fue quien encontró el cadáver, estuvo esperándole en la calle por espacio de tres horas. Antes de subir para ver lo que ocurría, se pasó por las Un policía ruso vigila la puerta del gerente asesinado, Anatoli Voronin oficinas de la agencia. Después, regresó y decidió comprobar qué había sucedido con su jefe. Voronin vivía en un barrio del centro de Moscú, en una calle cercana a la casa de Politkóvskaya, asesinada el pasado día 7. REUTERS Cuarto asesinato en un mes Se trata del cuarto asesinato de personas de cierta notoriedad que se produce en Moscú en el último mes. Después de Kozlov y Politkóvskaya, el que cayó abatido por las balas fue Alexánder Plojin, director de la sucursal número 24 del la entidad bancaria rusa Vnes- htorbank también en su domicilio. Voronin llevaba 23 años trabajando en Itar- Tass y en 1999 recibió de manos del entonces presidente Borís Yeltsin la Orden al Mérito. Itar- Tass es sucesora de la legendaria Tass (Agencia Telegráfica de la Unión Soviética) El domingo murió también a tiros Alexánder Semiónov, un concejal del ayuntamiento de la localidad de Irbit, en los Urales. La agencia Interfax minimizó el suceso señalando que tenía antecedentes penales y salía de jugarse el dinero en un casino En una reciente tertulia televisiva, FLORENTINO PORTERO LA CASA COMÚN H ace unos años cuando teníamos que hablar de Rusia a menudo recurríamos a la vieja expresión enfermo europeo Un país muy extenso, poco poblado, que, a pesar de reiterados intentos de modernización, no acababa de incorporarse a las tendencias europeas. La Rusia postcomunista de Yeltsin recordaba en algunos aspectos la decadencia del zarismo. Hoy, sin embargo, la imagen es bien distinta, aunque los rasgos del pasado siguen muy presentes. Yeltsin entregó el poder a uno de sus hombres de confianza, Putin, un anti- guo agente del KGB. Ya en el poder el nuevo presidente se rodeó de antiguos compañeros en el servicio de inteligencia y se dispuso a sacar al país del atolladero al que le habían llevado la crisis del modelo soviético bajo Gorbachov y la corrupción e incompetencia de los años de su mentor político. Putin no fue nada original. Comenzó a aplicar lo que había estudiado y practicado en el KGB en los buenos viejos tiempos de Andropov: la fortaleza de Rusia depende de la existencia de un poder centralizado y de aislar a Europa de Estados Unidos. La democracia o la dispersión del poder sólo generan debilidad, de la que se aprovechan los enemigos del país. Los cuantiosos recursos de Europa estarán a disposición de Rusia si se rompe el vínculo con Estados Unidos, porque en su desunión, debilidad y falta de disposición para luchar por su independencia acabarán aceptando un modelo de finlandización. Rusia es mucho más pequeña que la Unión Soviética de Andropov. Pero la situación no es irreversible. Poco a poco, la presión aumenta sobre las antiguas repúblicas soviéticas para que acepten de nuevo una soberanía limitada, para que renuncien a sus vínculos con Occidente y, muy especialmente, con Estados Unidos. Putin ha puesto orden y ha devuelto un cierto prestigio al gobierno ante la sociedad. Al mismo tiempo las libertades se han reducido, la democracia está en regresión, los empresarios incó- modos en la cárcel o huidos fuera del país, los periodistas que no entienden las reglas del juego son asesinados. Los precios de la energía han aportado liquidez y Rusia ha pasado de ser un estado endeudado a otro en condiciones de invertir. No es más eficaz, pero sí más rico. Europa no debe ignorar la realidad. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante injerencias como las ocurridas en Ucrania o Georgia. No podemos mantenernos en silencio ante la destrucción sistemática de las instituciones democráticas en Rusia y el asesinato de ciudadanos por el mero hecho de ejercer sus libertades. No podemos aceptar una dependencia energética que nos hará vulnerables al chantaje y a la finlandización como de hecho ya le ha ocurrido a Ucrania. Si callamos y cedemos estaremos renunciando a nuestros propios valores, a ser Europa.