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60 LUNES 16 10 2006 ABC Cultura y espectáculos JUAN LUIS ARSUAGA Paleontólogo, codirector del yacimiento de Atapuerca En España hay hambre de buenas historias, como en la posguerra con la comida MADRID. Hemos venido de un misterio, procedemos de un pasado remoto al que nos asomamos gracias al conocimiento que los paleontólogos arrancan de unos pocos huesos fosilizados. Pero ya sabemos muchas cosas. Juan Luis Arsuaga es uno de nuestros mejores científicos, una celebridad, desde el descubrimiento de la especie Homo Antecessor en Atapuerca. Y es un gran divulgador que acaba de ordenar cuanto se sabe de la evolución del hombre en un libro precioso: La saga humana (Edaf) ilustrado por los hermanos Kennis, magos que mezclan la pintura con el rigor de los datos científicos para devolver la vida a nuestros ancestros. Entramos en su despacho y allí, mientras le fotografían, el paleontólogo sostiene una copia del cráneo 5 de Atapuerca, al que han bautizado Miguelón, en honor de Indurain. Bien podría llamarse Yorick y Arsuaga ser Hamlet, como confiesa: Es que Hamlet le hacía a la calavera preguntas típicas de paleontólogo: ¿cómo eran sus labios, su risa, cómo era su pensamiento? Eso quiero yo saber de Miguelón ¿Por qué es tan importante saber de dónde venimos? -En El Gen egoísta Dawkins dice: los seres vivos han habitado el planeta tierra desde hace más de tres mil millones de años sin que ninguno supiese por qué, hasta que la verdad al fin fue descubierta por uno de ellos, que fue Darwin. Entonces nos hicimos conscientes y entendimos el mundo, por qué hay diversidad, por qué sómos como somos. Si una inteligencia extraterrestre nos visitara y quisiera probar nuestro grado de desarrollo, la primera pregunta sería: ¿han descubierto ya la evolución? ¿Es también un avance espiritual? -Claro: la perspectiva biológica, científica, del mundo, no excluye tener sensibilidad. No es incompatible, no podemos dar la espalda a la parte más creativa de la mente humana. Somos una especie consciente, lo cual es un milagro- -en un sentido convencional del término- pero la aparición de la consciencia nos convierte en la única materia consciente de este planeta. El resto de los entes, vivos o inanimados, no son como nosotros. Seremos una forma de vida más, pero tenemos esa capacidad. La mejor definición de nuestra especie sigue siendo la de Shakespeare: estamos hechos, literalmente, de la misma sustancia de los sueños. ¿Y el mundo cobra sentido? -Es que siempre estamos buscando el sentido a todo. En eso consiste la mente Saber de dónde venimos nos dará las claves para saber quiénes somos y a dónde vamos. El último libro de Arsuaga, La saga humana resume cuanto sabemos de nosotros mismos TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTO: ERNESTO AGUDO Caballo paleolítico en Domingo García (Segovia) ISABEL JIMENO INFOGRAFÍA ABC Un paseo a caballo, en la glaciación En la llamada Tierra de pinares, -dice Arsuaga- -en Segovia, junto a Santa María la Real de Nieva y Domingo García hay un afloramiento de pizarra, y, grabado, un caballo paleolítico. Los pinares están plantados sobre un mar de dunas, un desierto- -como el Gobi- trenes de dunas que había al final de la glaciación hace trescientos mil años, con humedales intercalados. Allí estaban vagando las manadas de caballos y los hombres las seguían. Desde allí se domina toda la zona, es un hito. Hay tumbas visigóticas excavadas en la pizarra. Es un lugar mágico y más mágico si sabes todo esto. Si puedes entenderlo e ir más allá en la visión de continuidad, llegarás a los pinares en su uso tradicional para resina, durante miles de años, y la llevas a nuestros días y vas a Cantalejo, donde hasta ayer todavía se tallaba la piedra exactamente como en el paleolítico para fabricar las lascas de pedernal de los trillos. Si eres capaz de ver todo esto en la misma visión: las rocas y su origen, la glaciación que hubo allí, los campos de médanos, las arenas voladoras, las manadas de caballos los grabados, los pinares, la explotación de la resina, las piedras de los trillos... si eres capaz de tener esa visión integradora del pasado más remoto con el presente más cercano acaricias esa continuidad. Y está el románico de Santa María, y ahora el AVE, y la amenaza de un embalse en la zona de Bernardos. Y al fondo se ve la sierra, azulada, y en primavera coronada de nieve. Pío Baroja decía que parecía una ola gigantesca sobre la meseta. Uno comprende así que es un lugar sagrado. Ese es el servicio que aportan la ciencia y la cultura. No puedes estar trabajando toda la semana como un negro y luego irte a un centro comercial. Hay que sublevarse, eso no es la vida humana. El placer de las cosas- -concluye Arsuaga- -está en directa relación con el conocimiento que tengas de ellas. moderna, esa que aún nos preguntamos cuándo apareció, ése es el problema. Hacemos cosas que significan algo. -Aunque no sepamos qué. -Aunque no sean utilitarias, sí. A las herramientas les añadimos diseño, belleza... Todo lo codificamos: algo hermoso, un signo de riqueza, de identidad nacional, religiosa, de sexo... La capacidad de crear mundos paralelos es lo nuestro. No sé si es bello que un sij se ponga un turbante, pero sirve para saber que es un sij. -Y todos en el continuo del tiempo. -Estos fósiles, estos abuelos, nos han legado sus genes. Esta historia es la nuestra, no está terminada, ni cancelada. El conocimiento nos da esa profundidad, nos conecta con el pasado y con el resto de la vida, lo cual engrandece la visión del ser humano. No tiene nada que ver con las ideas religiosas. Yo no puedo entender a los creacionistas. A mí su visión del hombre me parece limitada y miope. Limitarse a pensar sólo en una voluntad divina en vez de ver que estamos conectados con el tiempo, con el pasado remoto y con el resto de las especies vivas. En el último párrafo de El origen de las especies Darwin dice: Hay grandeza en esta concepción de la vida... mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un comienzo tan humilde, infinidad de formas cada vez más bellas y maravillosas Esto no es reducir la visión del ser humano. -En el libro habla de cómo, al llegar el Neolítico, el hombre más que abandonar la naturaleza aprende a manipular el ecosistema, que era sagrado para los cazadores, con un fin productivo. -Se acelera la naturaleza y se especializa. El neolítico, de todos modos, no fue un buen negocio. Lo vemos en los esqueletos de entonces, que son bajitos y están peor desarrollados. Y además, algo terrible, se inventa el trabajo y desde entonces, el número de bocas que se alcanza a alimentar depende del trabajo, y así todo se encadena... -Y en eso estamos... -No, igual que no creo que la vida del neolítico fuera mejor que la del paleolítico, no parece comparable con la del siglo XXI. No tengo nostalgia de que se me murieran ocho de mis diez hijos antes de cumplir los cinco años. Al contrario, soy optimista, creo que tenemos una magnífica oportunidad ahora, porque aspiramos a la verdadera calidad de vida. Los fuertes sobreviven