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ABC LUNES 16 10 2006 Sociedad 59 Medio Ambiente las masas continentales, las ballenas lo reciclaban y fertilizaban, lo que aumentaba la productividad biológica en el océano. Y a mayor cantidad de plancton, más krill y, por tanto, más alimento para las ballenas. Además, este aumento de la producción biológica llevaría una mayor capacidad de secuestrar dióxido de carbono (CO 2) principal gas de efecto invernadero causante del calentamiento global. Por tanto, un mecanismo natural que funcionaba a la perfección, hasta que llegaron los buques balleneros con sus arpones. ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO SE VEN CUERVOS BAJO EL MAR o que más sorprende a los submarinistas es cuando a veinte metros de profundidad aparece un cuervo marino, un cormorán. Ayer estaba el mar como un plato al suroeste de Mallorca, donde se observan estos días grandes bancos de peces limón, según Luis Comenge, quien asegura que pocas cosas hay que sorprendan más que la aparición repentina de los cormoranes en estos fondos marinos, con las alas muy pegadas al cuerpo y los pies con sus cuatro dedos unidos por membranas interdigitales dándose impulso hacia los peces. Se sumergen los cuervos de mar no desde lo alto del cielo sino cuando están nadando, asomando sólo el sinuoso cuello y, de pronto, dan un salto con tanta gracia y limpieza que no se levanta en la superficie del mar ni una sola onda cuando desaparecen. Al salir extienden en una roca sus alas al sol y les brillan de verdes igual que los ojos y las algas con las que construyen sus nidos. Cuando vuelan suelen hacerlo en línea recta y a ras de agua. Se mueven como pájaros en el aire, como alcatraces en la roca, como peces en el mar. Tiene el cormorán ese imposible que es tenerlo todo. El cambio climático amenaza a la megafauna ártica y antártica En un pasado remoto, los hábitat estaban dominados por la megafauna que tenía gran influencia sobre el ecosistema. Pero la acción de los cazadores hizo que ésta desapareciera en tierra de todo el planeta, salvo en los ecosistemas polares. Sin embargo, el efecto del cambio global en la fauna antártica y ártica es ya una realidad. La megafauna antártica comprende la mayoría de especies depredadoras que respiran aire: aves y mamíferos marinos (ballenas, focas, osos, morsas, etc) Estas especies tienen elevada longevidad y reproducción lenta y por eso son muy vulnerables a los cambios. Según Jaume Forcada, del British Antarctic Survey, en Cambridge (Reino Unido) los efectos del calentamiento global sobre el hielo antártico están alterando las redes tróficas marinas, incluyendo el krill y sus depredadores, principalmente pingüinos, lobos marinos y otras especies de aves y mamíferos marinos Como ejemplo, Forcada explicó que en la península antártica y áreas adyacentes del mar de Escocia, donde se ha registrado un mayor y más rápido calentamiento, se han producido cambios importantes en el hábitat de los pingüinos y, consecuentemente, de sus poblaciones. El pingüino Papúa, que es una especie subantártica y vive preferentemente en lugares sin hielo, está proliferando en las islas antárticas, donde el hielo marino retrocede. Esto es, se está produciendo una redistribución de las especies. Por lo que respecta a la biodiversidad del Ártico, el reemplazo de especies también se está produciendo ya. Según explicó el biólogo marino Paul Renaud, las especies boreales están colonizando zonas cada vez más próximas al Polo Norte, debido a la pérdida de hielo perenne y la extensión hacia el Norte de masas de aguas más cálidas. En la actualidad, el Ártico se está calentando a un ritmo de 0,4 grados centígrados por década, dos veces más rápido que el resto del planeta. El resultado es que en marzo pasado se alcanzó el mínimo histórico en la extensión invernal del hielo. L Controversia científica Smetacek ha realizado ya nueve experimentos de fertilización con hierro en las aguas antárticas, con resultados positivos en la producción de plancton, aunque al no estar las ballenas que reciclan el hierro en la capa superficial del océano éste acaba cayendo al fondo pronto. Su próxima idea es hacerlo a gran escala en el océano austral y en un área donde haya ballenas, de tal forma que se reconstruya el ecosistema original, y así que sean las ballenas las que hagan el trabajo. Una técnica a la que Duarte se refirió como de ingeniería global y que no deja de ser controvertida entre la comunidad científica. Además, debe contar con el respaldo de los países firmantes del Tratado Antártico. Sin duda una propuesta que dará mucho que hablar en el Año Polar Internacional, que comienza el próximo mes de noviembre y que, a pesar de su nombre, se extenderá hasta marzo de 2009. Y es que los polos necesitan que la comunidad internacional vuelva los ojos sobre ellos, puesto que son verdaderos sensores del cambio climático. Como afirmó Duarte, el cambio climático no es el futuro, sino que ya estamos plenamente inmersos en él