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34 Internacional LUNES 16 10 2006 ABC El mulá Dadullah (en la imagen de vídeo de la derecha) registra a un voluntario al martirio en Pakistán, país refugio para los talibanes desde 2002 (izquierda) REUTERS Bush insiste en que es un aliado clave en la lucha contra el terrorismo pero el presidente de Pakistán coquetea con los partidos integristas y, desde hace poco, con los talibanes, para mantenerse en el poder... Eso puede resultar peligroso Musharraf juega con fuego FRANCISCO DE ANDRÉS. ENVIADO ESPECIAL ISLAMABAD. Pervez Musharraf cumplió esta semana siete años al frente de Pakistán. Todo un récord si se considera la turbulenta historia de la nación desde su creación en 1947. Los gobiernos civiles han sido como algunos monzones: cortos y devastadores, por su capacidad de rapiña. El último, encabezado por Nawaz Sharif, concluyó con el golpe de Estado del general Musharraf en octubre de 1999. El nuevo dictador militar comenzó su andadura a paso marcial, rodeado de eficaces tecnócratas, pero desde las elecciones de 2002, convocadas para legitimarse en el poder, su decisión de reanudar el juego político en una nación con fortísimas carencias democráticas ha producido serios dilemas de supervivencia. Los signos de que algo se corrompe en Pakistán llegaron a Occidente con los atentados de Londres del año pasado, y los abortados durante el verano de este año. Los ataques islamistas fueron diseñados y perpetrados por británicos de origen paquistaní, con conexiones con su patria de origen. transporte público británicos. El general Musharraf llegó al poder con un proyecto de moderación frente a la deriva islamista del país. Su foto con un perro en brazos- -animal maldito para el Corán- -dio en su día la vuelta al mundo. Hoy los gestos son reemplazados por la retórica, que apenas convence a sus aliados británicos y norteamericanos. Pese a las promesas de Musharraf, Pakistán no deja de avanzar por la senda islamista desde hace treinta años- -afirma un diplomático occidental que pide el anonimato- empezó con Irán, después con la guerra en Afganistán, y luego con la reanudación del conflicto nacionalista- religioso de Cachemira; a ello hay que sumar la fortísimas inversiones saudíes en este país para extender la secta musulmana radical del wahabismo El monumento a esa presencia es la imponente mezquita Rey Faisal de Islamabad, con capacidad para 100.000 fieles, en la que Arabia Saudí empleó con generosidad el mármol y el oro. Para arropar su inmersión en la política desde las elecciones de 2002, el general Musharraf contó con el apoyo del primer partido del país, escindido del de Sharif, el Partido de la Liga Musulmana (PML) de programa islamista. La oposición oficial está formada por los partidos religiosos, el MMA, la Unión de la Asamblea Musulmana. Por último, la oposición laica y mode- La sharía gana terreno F. DE ANDRÉS ISLAMABAD. Un ejemplo sintomático del compadreo de Musharraf con los islamistas lo constituye la polémica de las madrazas, las escuelas coránicas paquistaníes donde se formaron los talibanes, semillero de terroristas suicidas. Tras la guerra de Afganistán, el Gobierno de Musharraf prometió a Occidente expulsar de ellas a los estudiantes extranjeros y controlarlas (se desconoce cuántas hay en Pakistán: las cifras bailan entre Dos organizaciones yihadistas Todos los indicios apuntaron a dos organizaciones yihadistas que operan en la disputada región de Cachemira, y que durante muchos años contaron con la bendición del régimen paquistaní, la Lashkar- e- Toiba, y la Yemaat ud Dawa. Las detenciones posteriores de algunos de sus miembros apenas sirvieron para ocultar la realidad. En los últimos años, Pakistán, el segundo país musulmán del mundo después de Indonesia, se ha convertido en feudo y santuario para una galaxia de grupos armados islamistas que predican la guerra santa en Cachemira, Afganistán, Palestina... y en los servicios de 10.000 y 40.000) La realidad es muy distinta. Islamabad no ha podido aún registrarlas, y los esfuerzos de Musharraf por reformar su planes de estudios han sido baldíos. Los mulás del MMA han logrado equiparar los grados de las madrazas a los superiores civiles. Lo que viene a ser, más o menos, como conceder gratuitamente los títulos de abogados o ingenieros a los seminaristas con el pretexto de implicarles en la vida civil. Otros frentes de legislación acordes con la sharía donde el régimen paquistaní ha plegado velas se refieren a la llamada ley de la mujer hoy bloqueada por los líderes religiosos. El Gobierno pretende que el testimonio de una mujer equivalga al de un hombre al menos en los casos de delito sexual. Actualmente, la mujer violada necesita el testimonio de cuatro varones a su favor para evitar la cárcel si denuncia el crimen. También se ha cedido en la ley del pasaporte que debe reflejar la religión de su poseedor. rada está representada por el Partido Popular (PPPK) de la señora Bhutto, que vive en el exilio. Desde su conversión a la política, sin renunciar a las charreteras, Musharraf ha jugado a aislar a sus dos rivales, Sharif y Bhutto, beneficiando a los mulás del MMA. Así, los religiosos integristas gobiernan hoy en la provincia del noroeste, con capital en Peshawar, y comparten con el PML el Gobierno de la provincia de Baluchistán. Según la oposición, muchos de los ministros y parlamentarios en esas dos provincias son antiguos jefes talibanes. Musharraf está chantajeando a Occidente- -denuncia Enver Baig, senador de la oposición del PPPK- le está diciendo, si yo me voy, ellos, los mulás y los talibanes, están ahí y se harán con todo el poder pero eso va a ocurrir desgraciadamente si EE. UU. sigue apoyando ciegamente a Musharraf, como en su día hizo con el Sha de Persia hasta llegar los ayatolás Un año para las elecciones A menos de un año para las elecciones generales, el presidente Musharraf confía en obtener réditos con esta política de concesiones a los extremistas y de advertencias a Occidente si le retira su apoyo. Un doble juego que finalmente puede volverse en contra de sus ambiciones de mantener el poder. El general ha superado tres atentados contra su vida y sabe de los riesgos de alimentar cuervos en su entorno político. En último término, las urnas pueden pasarle factura porque la endémica corrupción de la clase política paquistaní ha empezado a hacer mella en su Gobierno... En la prensa y en las mezquitas los mulás no cesan de repetir que el islam es la única solución