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22 Nacional LUNES 16 10 2006 ABC A ZP NO LE GUSTA EL PODER H ace unas semanas, el escritor Juan José Millás publicó en un semanario un artículo apasionadamente entregado a Zapatero. El escritor había compartido unas cuantas horas de la vida del presidente y la conclusión de su experiencia fue que nos encontrábamos ante un auténtico superhombre de la política y de la ética. Entregado a los ciudadanos, honrado, sencillo, amante de su familia, trabajador, inteligente. Y, en una explosión de perfección, completamente despegado del poder. Excepcionalmente dotado para la política, que no para el poder sentenciaba el escritor en su coda de admiración final, definitiva e EDURNE indestructible. URIARTE Mientras compartían aviones, cafés y mítines, Zapatero le había declarado solemnemente: Mi pasión es la política, no el poder Esta mentira tan habitual de la clase política ha causado tradicionalmente la rechifla generalizada de los analistas políticos. Pero en este caso, no sólo el escritor se lo creyó, sino que el armazón de la imagen política de Zapatero se ha construido con ese envoltorio y con otro que lo complementa, lo del poder para los ciudadanos, aquel vamos a quitar el poder a los poderosos y dárselo a los ciudadanos Construido el mito del héroe de la democracia participativa, ni los escritores ni la izquierda en general tienen mucha prisa por contrastarlo con sus acciones. No se ha oído una sola voz de escándalo ante las maniobras de poder, que no de democracia participativa, que ha protagonizado Zapatero en el caso Bono. O en el caso de quienquiera que designe, él, que no los militantes, para las municipales de Madrid. Voces del PSOE han hablado de decepción, incluso han pedido disculpas a los madrileños por la confusión. Pero a nadie se le ha ocurrido preguntar qué pinta Zapatero entrometiéndose en una decisión de los socialistas madrileños. De las primarias, nadie se acuerda. El poder de los ciudadanos cuenta siempre que no esté en peligro el poder de los poderosos. Y ocurre que las elecciones de Madrid son determinantes para apuntalar o debilitar el poder del propio presidente en el gobierno de la nación. Y bien consciente de que quien se la juega es él mismo, al presidente se le ha olvidado que lo que le gustaba es la política. Sin el más mínimo recato, este jueves pasado hablaba en primera persona de la designación del futuro candidato: no descarto a nadie, tengo en la cabeza al candidato, pero no lo he consultado. Cuando Aznar designó a su sucesor, la izquierda criticó duramente el método, nada democrático, de elección. Tenían bastante razón, aunque había una debilidad en su argumentación y es que la derecha española no ha hecho una bandera ideológica de los métodos de elección democrática en el seno de su partido, ni sus líderes, sea Aznar o Rajoy, se han presentado a los ciudadanos como los adalides de la democracia participativa. Al PP no le pesaba esa propaganda. Pero al PSOE lo aplasta. Y a Zapatero lo pone en evidencia. El deseo de anular los recambios de Rajoy alienta la opción De la Vega en Madrid Sus valedores insisten en que la derrota de Gallardón arrastraría a Aguirre b Las voces más prudentes advierten del riesgo de favorecer el regreso de Rodrigo Rato o la emergencia de un Zapatero en el Partido Popular G. L. A. MADRID. La posibilidad de desarmar al PP para varias legislaturas derrotando en el fortín de la derecha y en una sola jugada a Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, a quienes unánimemente se considera como los dirigentes mejor situados para sustituir después de 2008 a Mariano Rajoy- -a quien los socialistas dan ya por amortizado- es el principal argumento de presión sobre María Teresa Fernández de la Vega para que acepte la candidatura socialista a la alcaldía de Madrid. En el PSOE existe el convencimiento de que, con una candidatura potente como la de la vicepresidenta primera del Gobierno- -que aventaja incluso a José Luis Rodríguez Zapatero en la valoración de los ciudadanos- no sólo ganaría el Ayuntamiento de Madrid sino que, además, tendría un efecto de arrastre que se llevaría también por delante a Esperanza Aguirre. El candidato autonómico, Rafael Simancas, ha logrado mantener los Rodríguez Zapatero IGNACIO GIL El PSOE afronta una semana decisiva para dilucidar, al menos, el perfil del candidato apoyos que obtuvo en 2003 en el cinturón de la Comunidad, pero tiene un agujero en la ciudad, donde Aguirre es mejor valorada incluso que el propio Gallardón, aunque, aun así, retrocedería dos puntos respecto de 2003, según fuentes socialistas. Según las encuestas del PSOE, sólo con su marca en estos momentos Ruiz- Gallardón perdería la mayoría absoluta por un concejal (27) frente a la segura alianza entre socialistas (24) e IU (4) Y, si se trasladaran los datos del Ayuntamiento a la Comunidad, Aguirre perdería por dos puntos de diferencia. Frente a quienes ponen toda la carga argumentativa en el efecto dominó que tendría la derrota de Gallardón, al margen de las razones ya relatadas respecto del posible debilitamiento del Gobierno que produciría la salida de De la Vega, algunas voces alertan de la conveniencia de sopesar los imprevisibles efectos ocultos de esa estrategia y conclusiones a priori tan evidentes. El precio de anular a Gallardón y Aguirre puede ser propiciar el regreso de Rodrigo Rato o la emergencia de un Zapatero en el PP advierten estas voces. La semana que hoy comienza se prevé decisiva para decidir la candidatura- -al menos el perfil- -y hacer olvidar el fiasco Bono De los 133 municipios donde podían celebrarse elecciones internas para designar a los candidatos del PSOE en 2007, sólo las ha habido en tres ciudades y ganaron los oficiales Primarias en extinción GONZALO LÓPEZ ALBA MADRID. La fiebre de las elecciones primarias para designar candidatos que se desató en el PSOE a finales de los años noventa ha entrado en absoluto letargo y es fiel reflejo del cambio interno que se ha producido entre 1998- -cuando Joaquín Almunia improvisó este mecanismo para buscar la legitimación de un liderazgo que nació hipotecado por el dedo de Felipe González- -y 2006- -cuando José Luis Rodríguez Zapatero acumula más poder interno del que nunca llegó a tener el ex presidente del Gobierno, siempre tuvo que compartirlo con Alfonso Guerra- Es también reflejo del poder y de las expectativas de aumentarlo que tiene el PSOE en todos los territorios y ámbitos, lo que más cohesiona a un partido. Después del barra libre que abrieron las primarias del 24 abril de 1998 entre Joaquín Almunia y José Borrell, aquel mismo año se cele- braron elecciones en 43 casos- -para elegir candidatos en autonomías y capitales de provincia o ciudades de más de 50.000 habitantes, llegando a presentarse hasta tres opciones para, por ejemplo, los gobiernos regionales de Aragón y Valencia- En 2002 ya sólo se recurrió a este mecanismo en 13 municipios. Ayer concluyó el plazo para celebrar primarias allí donde se presentó más de un candidato para 2007, y ese supuesto sólo se ha dado en tres ciudades: Soria, Torrevieja (Alicante) y Coslada (Madrid) En las tres ganaron con amplitud los candidatos oficiales Los guerristas e Izquierda Socia- En 1998 hubo primarias para elegir a 43 candidatos; en 2002 ya sólo fueron 13 lista denunciaron en febrero de 2002, cuando se aprobó el reglamento de primarias, que los requisitos establecidos habían enterrado este procedimiento- -hasta entonces no había un reglamento oficial, ya que las primeras se rigieron por unas normas improvisadas- Allí donde se gobierna, es preciso que las reclame el 40 por ciento de los militantes; donde no, el aspirante ha de tener el aval de la mayoría de la ejecutiva correspondiente, del 51 por ciento del Comité de su ámbito territorial, o del 10 por ciento de las afiliados para candidatos locales y del 15 para los autonómicos. Las primarias se han anulado en los comunidades o ayuntamientos donde gobierna el PSOE, pero esta excepción ya se impuso en 1998. En esta ocasión ha habido, además, algunas excepciones generales como la que se acordó para todas las candidaturas locales en Andalucía.