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14 Nacional DOMINGO 15 10 2006 ABC Interior tiene tres días para sacar a 600 inmigrantes de Canarias b Caldera visitó ayer la Comisaría El debate sobre el Estado de la Autonomía evidenció nuevamente que el Estatuto ha trastocado por completo la vida política gallega: Touriño ya no tutela el proceso de reforma, y Feijóo le hace guiños a un Quintana al que le tiembla su liderazgo interno en el BNG Sur de Tenerife; con 80 irregulares, presentaba una imagen muy alejada de la de hace sólo dos semanas, cuando acogía a un millar ERENA CALVO SANTA CRUZ. La llegada de pateras y cayucos a las costas canarias ha remitido estos días. Ayer desembarcaban en Tenerife 139 africanos, entre llos trece menores; cifra muy inferior a los más de 800 que han llegado a alcanzar el Archipiélago en una sola jornada. Ahora, la tarea principal es trasladar a los inmigrantes retenidos en los centros cuando cumplen los cuarenta días de internamiento. Según informó a ABC Juan Pablo González, secretario regional del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) más de 600 inmigrantes retenidos en Las Raíces tienen que salir de Tenerife este miércoles Interior tendrá, por tanto, que imprimir durante los próximos tres días una mayor velocidad al plan de traslados. Los más de 10.000 inmigrantes que arribaron a las Islas entre agosto y septiembre obligaron al Gobierno a incrementar los vuelos y las instalaciones de acogida experimentaron un gran alivio. En estos momentos, son unos 3.000 los indocumentados que se reparten en los distintos centros. Con una situación totalmente diferente a la hace tres semanas, el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, visitó ayer la Comisaría Sur de Tenerife, donde conviven ochenta inmigrantes en unas dependencias que han acogido a más de un millar. Lejos queda la imagen de la carpa instalada en el perímetro de la comisaría, donde dormían los inmigrantes en colchonetas. Caldera habló de esperanza ante una crisis que remite Un Estatuto que ni sube ni baja TEXTO: J. L. JIMÉNEZ SANTIAGO. Nadie parece creer ya las promesas del bipartito de que el nuevo Estatuto gallego llegará a las Cortes antes de 2007. Así lo aseguró el popular Jesús Palmou esta semana, al reconocer que es prácticamente imposible cumplir esos plazos, simplemente por los trámites burocráticos que debe pasar el texto antes de llegar a Madrid. Por si fuera poco, tras la crisis de los incendios del pasado verano, que dinamitó cualquier puente de entendimiento entre Gobierno y oposición, se ha instalado la idea de que el texto estatutario no va a ser aprobado, y la única tarea que ahora tienen sus tres actores es gestionar el fracaso. Así al menos quedó evidenciado en el Debate sobre el Estado de la Autonomía. El presidente de la Xunta invitó al consenso al líder de la oposición, un Alberto Núñez Feijóo que mostró una vez más la sintonía que parece tener con el vicepresidente Anxo Quintana, y no con Emilio Pérez Touriño. Como elementos insalvables hasta el momento, la definición identitaria, donde el PP se opone a ser nación, y la financiación, en la que el PSOE rechaza de plano comprometer al Gobierno central. En tierra de nadie, la pelea por las competencias, y en un horizonte lejano, un trámite en el Congreso que podría suavizar un texto estridente, si fuera el caso. La postura de Touriño en el Estatuto ha sido contradictoria en todos estos meses. Primero anunció que se limitaría a tutelar el proceso, y que habrían de ser los partidos, en sede parlamentaria, los que abordaran la redacción del nuevo texto. Mientras su vicepresidente se posicionaba claramente para conseguir un Estatuto ambicioso que eduque a Madrid en el respeto a Galicia a él no le quedó más remedió que abandonar su aislamiento para anunciar que convocaría a Feijóo y Quintana para impulsar la reforma. Y en los últimos días, Pérez Touriño, salvaguarda de los intereses del PSOE de Zapatero, asiste impávido a los constantes guiños que se lanzan su socio de gobierno y su principal rival, desoyendo ambos sus proclamas de consenso. Su partido va a remolque del BNG, con quien firmó un acuerdo de mínimos para la reforma estatutaria que intentaba hacer frente al PP, pero del que aún no ha obtenido rédito político. Estatuto sí, nación no En las últimas semanas, Núñez Feijóo ha vuelto a evidenciar que está dispuesto a dialogar para obtener un Estatuto galleguista y de primera. Y si su interlocutor ha de ser el BNG, pues no habrá problema alguno. Sin embargo, el PP no quiere que la reforma quede enmascarada por el asunto de la identidad, ya que, a su juicio, lo verdaderamente importante es una financiación que consolide el autogobierno y permita aumentar las competencias. Durante el Debate, Feijóo felicitó a Quintana por anunciar que el nacionalismo abogará por un texto constitucional Para el presidente de los populares gallegos es el primer paso para el acuerdo. El segundo son las coincidencias en materia de financiación- -tras- Las coincidencias del PP y el BNG son claras en financiación, pero todavía les separa el término nación ladadas a Quintana durante su encuentro antes del verano- pero el gran impedimento es que el BNG no aceptará un Estatuto sin que la palabra nación aparezca recogida en algún párrafo del texto, circunstancia intolerable para los populares. Anxo Quintana presentó en el Debate una fórmula novedosa para el BNG, pero importada del Estatut catalán. En ella se recoge que la tradición y el sentimiento galleguista que nos unen como pueblo y el Parlamento que nos representa como ciudadanos definen a Galicia como una nación. La Constitución Española en su artículo 2 reconoce el carácter nacional de Galicia como nacionalidad histórica El PP además se opone radicalmente a que el Estatuto gallego copie en modo alguno a un texto que pactaron Zapatero y Mas un fin de semana en Moncloa Lo cierto es que este enunciado, que se limitaría a reconocer a la Comunidad como nación únicamente en el Preámbulo, es una apuesta personal de Quintana. Se trata de lo máximo que el BNG va a ceder y supone una renuncia a sus principios ideológicos básicos. El vicepresidente arriesga, y es consciente de que va a tener problemas internos con los sectores más duros del nacionalismo gallego para explicar la renuncia a ser nación sin los matices de la fórmula presentada. No obstante, Quintana intentará vender la idea de que ese Preámbulo a la catalana colma su promesa electoral de conseguir un Estatuto de nación en la Asamblea del BNG del próximo mes de diciembre, a la que ya se están postulando líderes carismáticos como Camilo Nogueira, Alberto Rodríguez Feixóo o el histórico Xosé Manuel Beiras como frente opositor.