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ABC DOMINGO 15 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA NI SÍ NI NO: INDIFERENCIA E BONO, OJÚ QUÉ PELIGRO C OMO conozco muy bien a los votantes de Los Remedios de Sevilla, me imagino perfectamente la consternación que reina en el barrio de Salamanca, tras el gatillazo de Bono. Los votantes estarán desolados. Si Bono no se presenta, ¿a quién van a votar? Porque a Gallardón... Bono era el candidato perfecto para el Madrid que no conoce los madrugones del Metro. En el barrio de Salamanca, Bono es que arrasaba. Y en el aperitivo de Embassy, mayoría absoluta. Me imagino cómo hubiera llegado, porque lo vi arribar así una vez a Sevilla y, como en la copla: Desde que te vi venir dije a por la burra viene Fue antes de las primarias del PSOE en las que fue elegido el malvado Carabel, digo, ZP, ¿en qué estaría yo pensando? Desde el claro rincón de la provincia, Bono se nos aparecía como el más firme candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Por eso tenía interés escucharlo en la ANTONIO Fundación Winterthur, donde preBURGOS sentaba una novela de su amigo Pedro Piqueras, Colón a los ojos de Beatriz Y allá que fuimos. Deslumbró Bono al auditorio por su talante, palabra que entonces no estaba aún cargada del significado peyorativo que los tiempos le dan dado. De Maribel Moreno de la Cova y sus veinte marquesas, fijas de plantilla en todos los actos de Winterthur, al último estudiante de Historia de América que aportó por allí, todos quedaron encantados con un señor tan moderado y tan español como el entonces presidente socialista manchego. Tras la presentación, el Duque de Lugo, presidente de la fundación convocante, nos reunió a cenar a unos pocos, en torno al autor del libro y a su presentador. Allí estaba, por ejemplo, Amalia Gómez, diputada regional del PP y otros que no eran precisamente del movimiento okupa. En la charlita de la cena, quien parecía del PSOE era Amalia Gómez. Porque Bono, si soltaba al cardenal primado, era para coger la bandera de España. Y si dejaba el derecho a la educación cristiana de los hijos, era para coger el carnero de la Legión, tras hacer el panegírico de los Estados Unidos. Los adelantamientos de Fernando Alonso con su Fórmula 1 eran a velocidad de tortuga al lado de cómo Bono pasaba por la derecha a Marichalar, a Pedro Piqueras, a Amalia Gómez y al sursum corda. Tanto, que al terminar la cena y salir del reservado de Oriza, una vez que nos despedimos de Bono, juntamos todos urgentemente las cabezas en corrillo de cuchicheo y exclamamos al unísono: ¡Ojú, qué peligro tiene este tío! Ojalá no lo elijan en las primarias, porque éste se lleva todos los votos de la derecha... Ilusos de nosotros. El peligro no era Bono. El peligro había de venir precisamente de esas primarias. Era el nieto de su abuelo, que iba a acabar con toda la España que Bono representaba y quizá todavía represente. Punto en el cual pueden dar a la palabra representación todo el sentido de ficción teatral que quieran. El pasillo de comedias de Bono deshojando la margarita (se llama mi amor) de la alcaldía de Madrid es digno del Premio Mayte de teatro. ¿A quién va a votar ahora la derecha madrileña de toda la vida, si no hay nada más alejado del cardenal primado y de la bandera de España que el yerno de Utrera Molina, casamentero de parguelas? Qué candidato se ha perdido el consternado barrio de Salamanca. Un socialista sevillano muy destacado nos preguntó la otra noche que, descartado Bono, qué candidato veíamos para Madrid. Íbamos a decir que Pedro Almodóvar, o El Gran Guayomin, o Miguel Bosé, pero lo pensamos mejor: -Tu partido, Alfredo, puede hacer un gran servicio a Madrid y a Andalucía. Buscáis un gran gestor, con experiencia de gobierno, ¿no? Tengo un candidato con experiencia ministerial y autonómica, mucha más que Bono. Mira: ¿por qué no os lleváis a Chaves de alcalde a Madrid, y así de paso nos hacéis un favor a los andaluces? L día del referéndum del nuevo Estatuto andaluz, que si nadie lo remedia será el 25 de febrero, pienso dedicarlo a cualquier actividad que considere enriquecedora para el cuerpo o el espíritu; si hace buen tiempo saldré a disfrutar de las penúltimas luces del invierno, y si hace malo me proveeré de libros y de música. Lo que de ningún modo tengo previsto es acudir a votar en esa mascarada con la que la Junta de Chaves pretende hacernos creer que se le ha quedado corta una autonomía que durante 25 años ha utilizado para construirse un cortijo político. A Andalucía no le hace ninguna falta un nuevo Estatuto, habida cuenta de que no ha terminado de cumplir el antiguo. El auIGNACIO togobierno logrado en CAMACHO 1981, tras una vigorosa batalla por la igualdad territorial, ha servido para que el PSOE instaure un régimen de dependencia, despilfarro y clientelismo, que ha copiado los peores defectos del sistema centralista al que vino a sustituir. La Junta ha sido incapaz de vertebrar una mínima conciencia regional, hundida en el pantano de los localismos, y ha convertido la autonomía en un sindicato de intereses para el que ahora reclama más dinero y más competencias bajo el pretexto de que las ha conseguido Cataluña. Un poder andaluz serio y efectivo jamás habría permitido el demarraje catalán, consentido por sumisión de Chaves, que entre su partido y su pueblo eligió defender a su partido. La larga permanencia socialista en el poder ha acabado derivando en un problema de salud pública, y desde luego lo último que pienso hacer es otorgarle con mi voto más margen para su virreinato perpetuo. Para colmo, se nos pretende convencer de que Andalucía es una realidad nacional fantasmagórica construcción dialéctica, que no ideológica, destinada a maquillar la desigualdad abierta por el Estatuto de Cataluña. Semejante superchería debería sonrojar a quienes no han logrado siquiera una realidad regional adecuadamente cohesionada, pero se trata de una trampa para envolver en ella al PP y presentarlo como enemigo de la autonomía, falacia que hasta ahora ha funcionado admirablemente gracias a un aparato de propaganda dotado de superlativa eficacia. Quizá por eso los populares de Javier Arenas están obligados a buscar un consenso que no les descuelgue, aspecto que sus jerifaltes deMadrid no acaban de entender porque jamás han comprendido la razón por la que siempre pierden en Andalucía. Pero esos encajes tácticos deben limitarse a las necesidades de supervivencia política. Los que no tenemos que andar en el alambre de la liza electoral nos podemos permitir el lujo de pasarnos el envite por el arco... de la Macarena. Decir que no a esta propuesta sería un esfuerzoestéril y melancólico; no merece la pena niacercarse a negarla, lo que por otra parte serviría al PSOE para victimarse y erigirse en defensor de una Andalucía en la que nunca ha creído de veras. No hay respuesta mejor que la indiferencia; que se ocupen de la autonomía los que viven de ella.