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ABC DOMINGO 15 10 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA BATALLA DE MADRID Si el Partido Popular perdiese Madrid- -en la versión municipal o autonómica- -el colapso de la derecha democrática española sería absoluto, total, casi letal. Por eso hay que reclamar encarecidamente a Ruiz- Gallardón y a Esperanza Aguirre que sean conscientes de lo que ambos representan para España y para el centro- derecha nacional... L AS victorias y las derrotas no siempre se miden y pesan; a veces son, además de cuantitativas, también simbólicas. En las próximas municipales y autonómicas, Madrid- -quién gane y quién pierda- -emerge como el bastión a conquistar por unos y a retener por otros, siendo menos sustancial lo que ocurra en otras comunidades y municipios españoles. En la capital y en su comunidad están concentradas las huestes populares tras el repliegue del 14- M y en Madrid tiene el Partido Socialista su asignatura pendiente. Por eso- -por la importancia de lo que se ventila en la capital y en la comunidad- -el nuevo caso Bono (porque ha habido otros que dejan al personaje en su estricta dimensión, que no es precisamente amplia) parece uno de los episodios más lamentables de cuantos ha protagonizado últimamente el PSOE e, indirectamente, el propio Gobierno. José Bono- -y nada más lejos de mi intención que faltarle al respeto debido a la persona ni regatearle los méritos que haya contraído en su trayectoria política- -es una creación artificial debida en buena medida a la derecha, como bien apuntó la inteligente María Dolores de Cospedal en ABC (1 10 06) candidata del PP a la Junta de CastillaLa Mancha. Bono tutea a los cardenales, hace compatible principios contradictorios, tiene amigos- -supuestos o verdaderos- -en distintos y estratégicos emplazamientos y esa trasversalidad personal- -verbalizada ora en arengas, ora en sugerencias- -le ha convertido en un sedicente centrista que, en función de un arrebato demoscópico, el PSOE ha querido colar al electorado madrileño. n realidad, Bono no es sólo el ex presidente castellano- manchego católico y socialista, amigo de Cañizares y de Zaplana al mismo tiempo- -también de Ruiz- Gallardón- sino además el político taimado que persiguió con saña implacable a Federico Trillo por el accidente del Yak; el que cesó a la cúpula militar del Gobierno de Aznar con nocturnidad y, posiblemente, alevosía, y provocó la criminalización de militantes del PP al presentarse como víctima de una inexistente agresión en una concentración convocada por las víctimas del terrorismo. Bono casi siempre dice una cosa y hace otra. Por eso, su candidatura para Madrid podía haber tenido efectos letales en el electorado del centro y la derecha que, torpemente inficcionada sobre las características ideológicas del candidato popular, podría haberse permitido algún devaneo con el ex ministro de Defensa lo cual, a más de mutilar las posibilidades de Ruiz Gallardón, hubiese perjudicado las de Esperanza Aguirre, porque- ¿lo entenderán de una vez? -la suerte de una depende de la del otro y viceversa. De haber entrado Bono en la liza electoral de la próxima primavera, el PP tenía muchos motivos para echarse a temblar porque más de un amigo de los populares habría dejado de serlo. Los intereses siempre preceden, en algunos, a los principios, en el remoto supuesto de que los tuvieren. Dicho lo cual, Bono como candidato por Madrid -ciudad en la que se mueve con un sentido bastante rural- -habría desquiciado al PSOE. Su proclamación como candidato- -la proclamación social me refiero- -hubiese mejorado a su toma de posesión como ministro de Defensa, acto que ha pasado a los anales del pisto político nacional. Así que comprendo muy bien el alivio del PP por su negativa a encabezar las listas del PSOE, pero comprendo menos la desolación de los socialistas porque- -al margen de la ineluctable sensación de ridículo que ha dejado en la organización- -Bono se habría convertido, en el improbable caso de que hubiese vencido a Ruiz- Gallardón, en una réplica inversa de Pasqual Maragall, con la diferencia de que- -es una apreciación personal- -siempre he entendido mejor las pulsiones nacionalistas del catalán que las populistas del manchego. Pero a los efectos del PSOE ninguna de las dos- -ni la periférica ni la central- -le convenían. Si José Blanco lo mira desde esa perspectiva tendrá algún motivo para consolarse del patinazo de su organización. adrid- -capital y comunidad- -es hoy por hoy una referencia de libertad en lo político, de diversidad en lo social y de prosperidad en lo económico. La realidad madrileña- Madrid se va escribió el todavía presidente de la Generalitat de Cataluña- -es el fruto de un dinamismo general que tiene una gran autonomía social frente al poder político y de una gestión del PP- -tanto en el Ayuntamiento como en la autonomía, en esta legislatura y en las anteriores- -que ha creado espacios de iniciativa ciudadana, estableciendo un territorio de acogida frente a la introspección de las regiones españolas, en particular, de aquellas con un mal medido y peor administrado sentido de identidad propia. La batalla electoral de Madrid- -y lo digo con el respeto a que antes me he referido- -no es para personajes como Bono, ni para políticos pretenciosos como lo es, lamentable- mente, el candidato socialista a la Real Casa de Correos, sino para figuras de entidad personal y política importante y con una magnitud suficiente para disponer de proyección nacional. S M E i el Partido Popular perdiese Madrid- -en la versión municipal o en la autonómica- -el colapso de la derecha democrática española sería completo, absoluto, casi letal. Por eso hay que reclamar encarecidamente a Ruiz- Gallardón y a Esperanza Aguirre- -y ponga cada cual el orden que quiera y atribuya a conveniencia culpas a uno u otra por sus desavenencias públicas- -que sean conscientes de lo que ambos representan para España y para el centro- derecha nacional. Incluso en sus distintos postulados ideológicos y gestores- -en absoluto incompatibles- -deben encontrar una renovada energía para ofrecer al electorado la diferencia pero en la unidad de propósitos últimos. Más aún: ambos han de garantizar la integración máxima de la ciudadanía de Madrid y penetrar en amplísimos sectores de la izquierda liberal para desde la capital y la comunidad alzarse en enseña del proyecto del PP en la perspectiva de las elecciones generales de 2008. En otras palabras, la viabilidad de la victoria electoral de los populares en los siguientes comicios a las Cámaras legislativas depende de que Ruiz- Gallardón y Aguirre ganen en mayo en Madrid. El viejo y certero aserto de divide y vencerás debe ser el breviario, a modo de alerta roja, de lectura obligada de los dos candidatos y traducirse en un comportamiento consecuente. La escaramuza de Bono y su frustrada candidatura por Madrid ha sido para el PP un susto y para el PSOE un disgusto. Ambos partidos van a sacar conclusiones. Los socialistas, después del papelón que han hecho, se van a esmerar en el capítulo siguiente y encontrarán- -tengo la vivísima sospecha de que lo lograrán- -un candidato, o candidata, con hechuras; los populares, si les dejan sus vacilaciones, también extraerán la lección pertinente que no es otra que la de mantener a toda costa la unidad, aumentar la centralidad de su discurso, coordinar los argumentos de sus candidatos, y atender a sus criterios estratégicos y no a los ajenos. Los afanes por aislar al PP- -y se están viendo en Cataluña en donde hoy comienza un decisiva campaña electoral- -tienen que ser contestados en esta caja de resonancia nacional que es Madrid, cuyo ambiente político los candidatos populares tienen que comprometerse a sanear empezando por higienizar sus propias relaciones mediante un ejercicio recíproco de sinceridad y, sobre todo, de pragmatismo. Porque o ganan los dos, o no gana ninguno. La frustrada candidatura del centrista Bono tendría que haber actuado a modo de vacuna para evitar infecciones en las heridas que dejará esta cruenta batalla electoral de Madrid. JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC