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58 Cultura SÁBADO 14 10 2006 ABC GILLO PONTECORVO La muerte del director de La batalla de Argel le llega a la cinematografía italiana en uno de sus momentos más bajos de moral, de talento y de mirada personal La prensa sueca dice que este Nobel es excelente pero cargado de pólvora Elogios a la valía literaria de Pamuk y menciones de su coraje político recibió ayer felicitaciones por una elección que le devuelve el prestigio y que también se considera como un desafío al nacionalismo turco CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. La concesión del Premio Nobel de Literatura 2006 al escritor turco Orhan Pamuk fue recibida con gran satisfacción en Suecia, no sólo por valorarse la calidad de su obra, aunque pocos la conocen, sino por su coraje y valentía. El año pasado, cuando Pamuk tuvo que batirse por unas declaraciones sobre el genocidio armenio, su nombre apareció constantemente en los medios de información. Muchos suecos se afiliaron al Comité de Ayuda auspiciado por el Pen Club y encabezado por autores como P. C. Jersiild y la académica Kerstin Ekman. Aunque el secretario permanente Horace Engdahl ha vuelto a asegurar que el Nobel no es un premio político, la prensa ha destacado la coincidencia con la decisión del Parlamento francés de perseguir legalmente el negacionismo del genocidio armenio, y Engdahl ha respondido que, si bien Pamuk es polémico en su país no se pueden negar sus cualidades de escritor; y añadió: No recuerdo un solo Nobel que no hab La Academia Sueca La otra torre de Pisa E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ace años ya que el futuro del cine italiano no es lo que era: faltan nombres, apellidos, personalidad y fuerza. Otras cosas, también, y desde ayer, falta además Gillo Pontervo, cineasta, comunista, judío, químico, periodista, agitador y agitado, director de la Mostra de Venecia durante un lustro largo y también lustroso... Pontecorvo tenía fama de ser un tipo demasiado recto, especialmente habiendo nacido en Pisa. Su filmografía es conocida y, en cierto modo, reconocida por todo el mundo. Tienen tanto él como sus películas ese prestigio difícil de tumbar de lo que ha bendecido la izquierda por mucho que soplen otros vientos que parezcan desequilibrarlos (de nuevo Pisa) De entre su filmografía, sus tres títulos más conocidos, al menos por aquí, son La batalla de Argel uno de esos hitos del cine político, o social, que mezcla lo real con la ficción y que conecta con todo tipo de público de un modo directo, instantáneo, ganó el León de Oro de Venecia y estuvo prohibida durante algunos años en Francia, con el prestigio que da tal cosa; Operación Ogro de producción española y que recrea el asesinato de Carrero Blanco a manos de un comando de ETA, y está narrado en tono más de intriga que de mirada social o de fondo ideológico, y desde luego su relación con la realidad dista mucho de ser la de los sucesos de Argel; y el tercero, y probablemente más interesante, sería Queimada una reflexión sobre cómo se encienden las mechas de las revoluciones en la que embarcó a Marlon Brando, que interpreta al aventurero William Walker a la isla de Queimada, donde urdirá y tejerá las tramas necesarias para convertirla en un polvorín. En cierto modo, hijo del neorrealismo, Pontecorvo cultivó siempre que pudo su afición a lo tangible, al documento, al documental y todos sus últimos trabajos fueron dentro de este género Otro mundo es posible Firenze, il nostro domani aquel mítico L addio a Enrico Berlinguer También hijo de Pisa, vivió siempre con su inclinación a la izquierda, y hacia allí cayó. H su compatriota aunque no quiso hablar sobre lo demás con un lacónico sus opiniones no me interesan Todos los periódicos señalaban ayer que la Academia ha recuperado su prestigio. Así, el Svenska Dagbladet titula su portada Un excelente premio cargado de pólvora El Dagens Nyheter opina que con este Nobel concedido a un malabarista de la palabra poco fácil de leer, la Academia desafía al nacionalismo turco El Nobel no me interesa Por otro lado, también se recuerda que Pamuk, cuando visitó la Feria del Libro de Gotemburgo hace sólo unos días, despreció el cacareado premio Nobel y declaró a la agencia que le había preguntado si esperaba conseguirlo, que ni me importa la movida del Nobel ni el premio. Es una nadería y siempre he dicho que no me interesa Sin embargo, cuando Horace Engdahl le telefoneó a Nueva York, manifestó que se sentía muy feliz y honrado Sabe que recibirá un millón cien mil euros y otros más de la venta de sus libros. Lo ocurrido se comparaba con el rechazo de Jean- Paul Sartre, en 1964, a aceptar el Nobel por cuestiones políticas y por ser una recompensa burguesa y su poco elegante jugada de reclamar años más tarde, eso sí, los millones del premio. Orhan Pamuk También se señala que hace unos días Pamuk despreciaba el cacareado Nobel ya levantado críticas y discusiones Por su parte, Mustafá Isen, embajador de Turquía en esta capital, que reconoció no haber llamado a Pamuk para felicitarle, tras recordar que lo suyo no era hacer declaraciones por ser diplomático, aseguró que aprecia las novelas de ESTAMBUL, EL PREMIO NOBEL Y EL CERVANTES PABLO MARTÍN ASUERO Director del Instituto Cervantes de Estambul P ara todos nosotros la concesión del premio Nobel a Orhan Pamuk ha sido recibida como una gran noticia, a pesar de la controversia que trajo consigo, ya que la figura de este escritor está inmersa en un movimiento de revisión de la historia de Turquía. Las opiniones de este autor, en el marco de la feria del libro de Fráncfort, en un momento en que el proceso de integración de Turquía en la Unión Europea se consolidaba, no fueron siempre bien comprendidas, en parte por otros intelectuales que tuvieron peor suerte en el pasado. Se trata, al margen de la perspectiva política, de una excelente noticia porque, por fin, se reconoce el papel de la literatura turca en el panorama internacional, el cual cuenta con otros autores ya consagrados como Yasar Kemal, Nedim Gürsel, Ferid Edgü o Sevgi Özdemir. Y es que Turquía es mucho más que el döner kebab el raki, Capadocia, el Gran Bazar o los atardeceres del Cuerno de Oro con los almuédanos llamando a la oración como si fuera un espectáculo de luz y sonido. Este país tiene una cultura y una literatura que merecen la pena ser dadas a conocer desde la poesía mística de Yunus Emre, discípulo de Celaleddin Rumi Mevlana, en la edad media, hasta la actualidad, pasando por Nazim Hikmet, el cual revolucionó la poesía a principios del siglo pasado. Lo cierto es que la obra de Pamuk nos lleva tanto a ciudades de la Anatolia profunda como Kars, en Nieve, hasta un Estambul que también nosotros conocemos. De hecho, hace tres años invitamos a presentar la edición española de Me llamo Rojo en el Instituto Cervantes de Estambul. Orhan vino acompañado de su traductor al español, Rafael Carpintero, ambos hablaron de la obra y leyeron fragmentos de la misma en turco y español. Fue un gran placer tenerlos entre nosotros, escuchar sus voces y poder acceder a todo ese mundo de los libros iluminados encargados por sultanes y visires, el cual hunde sus raíces en las tradiciones persa e hindú. Aquella tarde se mostró nervioso, un poco huidizo y no demasiado abierto a interpretaciones sobre su obra que se alejaran de la suya. Orhan Pamuk daba la sensación de vivir en su universo literario como muchos otros escritores; de aquel día guardamos como oro en paño el libro y su dedicatoria Sevgili dostum ve ustadim Cervantes için, que en español significa Para mi querido amigo y maestro Cervantes La producción literaria de Orhan Pamuk me recuerda, salvando las distancias, a las del realismo mágico de autores como Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces; sin embargo, si bien nosotros estamos familiarizados con el barroquismo de algunos autores hispanoamericanos, no hay un equivalente del barroco literario en Turquía, por lo que algunos de los que han comprado sus libros se desaniman y los abandonan sin poder disfrutar de ellos como se merecen. El Estambul de Orhan Pamuk trata de una ciudad que también nosotros conocemos, de hecho vive en la calle paralela a la mía en Cihangir, el barrio neolevantino donde residen muchos profesores del Cervantes. Compramos en el mismo Bakkal o colmado y nos cruzamos a menudo por la calle. La sociedad que describe y de la que procede es también la que viene a nuestros cursos, interesada por las novedades de nuestra biblioteca, y la que asiste a nuestras actividades culturales. Nos alegramos tanto por el escritor como por su traductor, Rafael Carpintero, no hay que olvidar que las primeras obras, como El astrólogo y el sultán de 1996, se tradujeron a partir del inglés.