Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
70 VIERNES 13 10 2006 ABC FIRMAS EN ABC HERMENEGILDO ALTOZANO ESCRITOR ESCOPETA DE FERIA Estaban los árboles y las casetas que desbordaban chucherías y peluches made in China El tiovivo. Una churrería. Los coches de choque. El tiro al blanco... EDIADOS de agosto, pero ya andábamos- -lejos del Sur- -con la manga larga y un pulóver anudado al cuello o alrededor de la cintura. Quien con calcetines; quien con medias. Quien con gesto de fastidio porque el frío se colaba por los pies desnudos. Y la lluvia, que nos entristecía. Como presente, formando círculos mínimos en el mar y cráteres breves en la arena. O como presagio, amagada a nuestra espalda, en lo alto de los montes. Pero la lluvia siempre, aunque el sol se enseñoreara, fugaz, de algunas mañanas hasta la derrota de cada tarde. El cielo, rendido, se ponía gris y también nosotros nos poníamos grises y nos encerrába- M mos a leer o a mirar la tarde detrás de las ventanas, que se empañaban. La lluvia formaba rejas de agua sobre los cristales y esas rejas nos hacían sentir prisioneros privados de paseo. Tantas veces maldijimos la lluvia. El día que hubo feria nos importó menos la humedad de las calles y que colgaran gotas de los toldos. Que los músicos se guarecieran bajo el voladizo. Y que las rancheras, los boleros y los corridos sonaran de otro modo, ayunos de noche constelada. No fuimos capaces de encontrar las referencias que nos dejaron anotadas en la hoja arrancada de un cuaderno. Pero sí de intuir la carretera estrecha, apenas asfaltada, que se apartaba de la prin- cipal y moría en una plaza arbolada. En la plaza había una iglesia, el ayuntamiento y la casa de un indiano vuelta museo. La casa tenía los muros de un color improbable, como si fuera una casa de la Boca o del viejo San Juan que se hubiera trasladado hasta allí junto con todos los demás avíos del indiano. Había, también, una carpa inmensa y deslucida en el centro que cobijaba un tabanco efímero. Una tapia de piedra que conformaba el perímetro interior de la plaza. Una estatua. Y una niña que juga- ba a que la estatua era su abuelo y le hablaba a la estatua, como si fuera su abuelo. Estaban los árboles y las casetas que desbordaban chucherías y peluches made in China. El tiovivo. Una churrería. Los coches de choque. El tiro al blanco. Las guirnaldas mustias por la lluvia. Y la gente de pie porque la lluvia había mojado el suelo y los bancos de la plaza y había mojado, también, la tapia. Formaban corros y algunos iban de un corro a otro, como si se conocieran, pero ninguno abandonaba la plaza. Cuando se encendieron las farolas de la plaza subí la cuesta hasta un lugar donde pudiera ver la feria sin tener que formar corro ni fingir que escuchaba al mariachi. Me sorprendí, entonces, como biógrafo apócrifo que hacía y deshacía las historias personales de quienes se acercaban a la plaza y pensé que lo que más quería era acercarme a la caseta del tiro al blanco, apuntar a la bola con la escopeta, hacerla rodar de un disparo certero y llevar, antes de que la lluvia terminara por disolver las guirnaldas en la nada, los músicos apagaran su voz y en la plaza no quedara más que una carpa vacía, cualquier peluche made in China a la niña que jugaba a que la estatua era su abuelo. SANTIAGO CAÑAMARES ARRIBAS PROFESOR DE DERECHO A VUELTAS CON EL VELO ISLÁMICO L actual ministro para el Parlamento y ex ministro de Asuntos Exteriores Jack Straw ha desatado la polémica por unas declaraciones aparecidas en un diario local de su circunscripción electoral, en las que afirmó que el velo islámico completo que llevan las mujeres podría dificultar la integración. En mi opinión estas declaraciones están lastradas por un error de enfoque si las proyectamos sobre cualquier medio democrático. Así, trasladando el problema a España, no parece haber mejor instrumento para la integración de las minorías, en este caso religiosas, que el respeto al catálogo de derechos y obligaciones contenidos en la Constitución. Precisamente porque la garantía más eficaz para la convivencia pacífica de los grupos étnicos es el respeto a sus peculiaridades, siempre que no choque frontalmente con el orden público. Entre esas peculiaridades, la libertad religiosa juega un papel de enorme trascendencia, pues se encuentra entre los principios constitucionales que no sólo informan sino que además reflejan el conjunto de valores que fundamentan la convivencia social en las sociedades occidentales. Posibilitar el ejercicio de este derecho en el marco del respeto a la diversidad de cultos supone, indudablemente, facilitar la integración de las mi- E norías religiosas en nuestra sociedad. No en vano el preámbulo de la Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales, étnicas, religiosas o lingüísticas, adoptada en el seno de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1992, indica que la protección y promoción de los derechos de estas personas contribuyen a la estabilidad política y social de los Estados en que habitan. Antes implícitamente me he referido a los límites de la libertad religiosa al aludir al orden público. Ahora debo añadir que el Convenio Europeo de Derechos Humanos explicita esta frontera aludiendo a la seguridad pública, la protección del orden, la salud, la moral pública o los derechos y libertades de los demás. En cualquier caso, tales limitaciones deben ser aplicadas de una manera proporcional sobre el ejercicio de libertad religiosa. Este es, además, el modo habitual de resolver estos conflictos por parte de la jurisprudencia española y extranjera. En este sentido puede hacerse referencia a la acomodación de las creencias religiosas de un trabajador de confesión judía que decretó el Tribunal Superior de Justicia de Palma de Mallorca al permitirle acudir a su puesto de trabajo- -se trataba de un conductor de la EMT- -cubierto con una gorra que no se ajustaba al uniforme de los trabajadores establecido en el convenio colectivo, ya que su actitud no entrañaba para la empresa un gravamen indebido. También el Tribunal Supremo de Estados Unidos en Tinker v. Des Moines Indept. School District, dispuso- -en doctrina que resulta aplicable en materia de simbología religiosa- -que los alumnos de un colegio público podían vestir unos brazaletes contra la guerra de Vietnam, mientras su utilización no ocasionara, de modo real y no potencial, trastornos tanto en el normal funcionamiento del centro educativo como en los derechos de los demás. Y la propia House of Lords británica en la sentencia Mandla v. Dowell Lee consideró discriminatoria la decisión de un colegio privado que se negó a admitir a un alumno sikh que sustituyó la gorra del uniforme por un turbante conforme a sus creencias religiosas. Volviendo, de nuevo, al caso del velo islámico completo que ha desatado la polémica, conviene señalar que uno de los conflictos más delicados que ha planteado su utilización se han localizado en el ámbito de la seguridad pública, en relación con la expedición de documentos oficiales de identidad. Para su solución se ha acudido también, tanto en la expe- Uno de los conflictos más delicados que ha planteado su utilización se han localizado en el ámbito de la seguridad pública riencia española como extranjera, a un criterio de proporcionalidad, que ha consistido en que el derecho de libertad religiosa de las mujeres musulmanas debe ceder en la medida necesaria para atender el interés preponderante de la seguridad pública del Estado, permitiéndoles presentar fotografías ataviadas con la prenda religiosa pero visiténdola de una forma tal que permita la identificación del titular del documento, salvando así el interés preponderante del Estado. A través de este tipo de soluciones, ajustadas a las circunstancias del caso concreto, me parece que se consigue actuar el mejor campo para la integración de las minorías religiosas: el disfrute de los derechos fundamentales y el respeto a las obligaciones derivadas del propio ordenamiento jurídico. Naturalmente este criterio no sólo resulta de aplicación en las sociedades occidentales sino también en los países de tradición islámica, donde sería deseable que se comenzara a acomodar las creencias religiosas de las minorías, entre ellas, la católica, en los distintos ámbitos de su tejido social. No en vano, en el fondo de estas consideraciones late el respecto a los derechos fundamentales que preexisten a cualquier reconocimiento jurídico y que son compartidos por las grandes religiones, pues no en vano encuentran sus raíces en la dignidad de la persona humana. Por lo demás, muchos de estos estados han suscrito también los principales textos internacionales de derechos humanos- -v. gr. la Declaración Universal de la ONU- -donde se reconoce el derecho de libertad religiosa y de donde cabe deducir la proporcionalidad en la limitación de estos derechos.