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66 Espectáculos VIERNES 13 10 2006 ABC MAÑANA, EN ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS Premio Vocento Museo Guggenheim Serpientes en el avión www. abc. es abcd Nuevo curso Alzó su voz contra el totalitarismo, se interrogó sobre la condición humana y proclamó la banalidad del mal. A un siglo de su nacimiento, la figura y la obra de Hannah Arendt son insoslayables para entender la complejidad de nuestro tiempo Los valores humanos de Miguel Delibes Miguel Delibes, en cuya trayectoria la literatura y el periodismo están revestidos de una honda dimensión moral, recibirá el próximo martes en Valladolid el premio Vocento a los Valores Humanos El nuevo arte africano presenta sus credenciales El Museo Guggenheim de Bilbao abre sus puertas al arte africano contemporáneo. En una exposición de carácter didáctico plantea los usos y modos de algunos de sus más destacados creadores La serie B retorna a las pantallas y bate marcas de taquilla Se ha estrenado en España Serpientes en el avión un filme de David R. Ellis que ha sido la gran sorpresa de la taquilla norteamericana y que retoma el espíritu de los filmes de serie B de los años 40 La OCNE vertebra su temporada en torno al mito de Fausto Tras dedicar su pasada temporada al mito clásico, la Orquesta Nacional de España empieza el próximo día 20 un nuevo curso en el que la programación girará alrededor de la figura de Fausto TEATRO El portero Autor: Harold Pinter. Traducción: Inmaculada Garín. Dirección, escenografía e iluminación: Carles Alfaro. Vestuario: Alejandro Andújar. Intérpretes: Enric Benavent, Luis Bermejo y Ernesto Arias. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid. didad y cada uno se convierte para el otro en la encarnación de una costumbre fastidiosa: lo mismo que les une- -la costumbre- -les separa. Las visitas del hermano propietario del edificio añaden tajadas de ambigüedad al guiso pinteriano, adobado con su característica atmósfera de inquietud no explicitada. CLÁSICA El piano en la Edad de Plata Obras de Manuel de Falla. Int. Joaquín Achúcarro, piano. Residencia de Estudiantes. Madrid. 8- 10- 06 VISIONES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Muy buena interpretación ALGO QUE HACER JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN odos los personajes de El portero planean hacer algo, una tarea que llevarán a cabo algún día impreciso, tal vez cuando cese de llover, o cuando construyan un cobertizo, o cuando abandonen otras labores inexcusables. Elaboran una red de coartadas cotidianas, una cuidadosa rutina de la nada a la que se aferran con la obstinación de un náufrago a un tronco a la deriva. Tienen un pasado del que no hablan demasiado y cuando lo hacen, casi como atendiendo un trámite engorroso, es de una manera reticente, con palabras de humo que transparentan una sombra de lo que no dicen. Su convivencia es más bien persistencia sorda en esa rutina con la que apuntalan un porvenir embalsamado, el surco que les justifica y que justifican. Harold Pinter escribió en 1959 esta comedia claustrofóbica a partir de la imagen entrevista de la habitación en que vivían un vecino y el indigente que éste había acogido temporalmente como huésped. Una imagen de la que se desprende una situación: un hombre invita al sintecho al que acaba de salvar de una paliza a que se reponga en su casa, una habitación de un edificio pendiente de restaurar y de cuya conservación se encarga en nombre de su hermano. Dos extraños que la convivencia convierte en más extraños cuando la caridad se trueca en incomo- T Son tres tipos a los que el espectador observa como habitantes de un terrario, sin saber de ellos más de lo que se adivina en el periodo de la observación: un hombre gris que quizás estuvo en una institución psiquiátrica de la que guarda mal recuerdo (Luis Bermejo) un desarrapado que engola la voz sobre su propia ruina antes de humillarse por enésima vez (Enric Benavent) y un fulano que enmascara su vaciedad con chulería porque tiene furgoneta propia y el edificio es suyo (Ernesto Arias) Sus vidas coinciden en ese punto. Puro realismo concentrado del que Pinter muestra al público una loncha; una magra ración hipervitaminada. Como director, escenógrafo e iluminador, Carles Alfaro ha concebido el montaje con minuciosidad superrealista, impregnándolo de una suerte de poética del desasosiego, extendida a la muy buena interpretación que los actores amasan con paletadas de angustia, estupor, incertidumbre y algo oscuro parecido a la soledad. Una función especial. Puro realismo concentrado del que Pinter muestra al público una loncha Carles Alfaro ha concebido el montaje con minuciosidad superrealista ace tiempo que la madrileña Residencia de Estudiantes trabaja en la recuperación de la memoria de la Edad de Plata. Acumulando documentos y testimonios ha organizado un archivo cuya imagen virtual es de libre acceso (www. archivovirtual. org) También es gratuita la entrada a los habituales conciertos que dibujan el retrato musical de aquellos años (1868- 1936) de sus penas, inquietudes y esperanzas. Se presenta ahora un ciclo, organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y que tiene como protagonista al piano. A su alrededor se anuncian once convocatorias que, hasta el próximo mes de abril explicarán gustos y novedades de entonces. Una buena ocasión para revisar el entorno barcelonés, Levante y Madrid, para hacerle un guiño a lo francés, para revivir el descubrimiento de la antigüedad histórica y la plenitud de las obras grandes de Albéniz y Granados. A su lado, otro inmenso como Manuel de Falla ha dado sentido al primer programa. Bien es cierto que con la ayuda de Joaquín Achúcarro. Podrían recordarse muchos detalles de su recital. Por ejemplo la expectación creada alrededor, con mucha gente contemplándolo a través de la pantalla situada en el exterior o en los monitores colocados en los salones de la Residencia. Lo cual es lógico, pues en la familiaridad del salón principal las cosas se suceden en cercanía, muy acorde con el primer Falla de los nocturnos, de los valses y las serenatas. Son piezas pequeñas, propias de alguien H Joaquín Achúcarro E. AGUDO que todavía no ha manifestado su verdadera personalidad. Por eso Achúcarro hizo bien colocándolas de prólogo a las Cuatro piezas españolas a los homenajes a Dukas y de Debussy, además de la Fantasía baetica También porque a él mismo se le ve más cómodo con el gran piano, aquel que es síntesis de la época, pero también imagen trascendida de la guitarra que necesariamente ha de revolotear en este ciclo como si se tratase del convidado de piedra, mudo, quieto y grave. Incluso rotundo, tal y como lo ve Achúcarro en las Piezas y enormemente sabio, contenido y pausado en la Fantasía tan estupenda en sus muchos aciertos y hasta en sus faltas. Pero es que Achúcarro es maestro de una escuela que se acaba, que entiende el piano como forma de comunicación. El cristal transparente del Claro de luna de Debussy, interpretado fuera de programa, no dejó lugar a la duda.