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54 Cultura UN NOBEL CONTRA EL FANATISMO VIERNES 13 10 2006 ABC El Nobel ha recaído en un escritor que causa reacciones bien diversas en su país. Muy leído por sus compatriotas, alguna de sus obras ha indignado por igual a los fundamentalistas islámicos y a los laicistas, prueba de que simboliza todas las tensiones nacionales Un símbolo del libre pensamiento POR JULIO CRESPO MCLENNAN Desde sus primeros escritos Orhan Pamuk estaba destinado a convertirse en un escritor universal; tuvo la suerte de nacer en una de las ciudades más fascinantes del mundo, como es Estambul, y en un país como Turquía, situado en la encrucijada entre Oriente y Occidente, y donde se viven muy intensamente algunas de las grandes cuestiones de nuestro tiempo. El riquísimo legado de Turquía ha atraído a muchos escritores pero ninguno ha sabido describirlo como Orhan Pamuk, cuyo universo literario constituye un viaje apasionante desde el exótico mundo otómano hasta la república laica actual que llama a las puertas de la Unión Europea. Pamuk ganó renombre internacional con Me llamo Rojo una novela total ambientada en el Estambul del siglo XVI. Su otra gran obra, Nieve muestra su talento para evocar la realidad de su país a través del género de la novela. Esta novela ambientada en la Turquía profunda actual causó una auténtica conmoción en su país, logrando indignar tanto a islamistas como a occidentalistas. Otra faceta muy importante a destacar en la obra de Pamuk es la de memorialista. Su última obra, Estambul, memorias de la ciudad es un libro de memorias original y de muy alto nivel literario en el cual el escritor mezcla, con su magnífica prosa la historia cultural con la memoria personal de su ciudad natal. Pocas ciudades se han transformado tanto en unas décadas como Estambul, que pasó de tener poco más del millón de habitantes a unos catorce millones, con la llegada masiva de emigrantes procedentes de la Orhan Pamuk posa durante la Feria del Libro de Fráncfort en 2005 AFP Es un ejemplo de escritor comprometido, contra el fundamentalismo y contra el nacionalismo exacerbado Turquía rural. Pamuk, que proviene de una vieja familia acomodada de Estambul pero que creció en el Estambul moderno, explica maravillosamente las tensiones entre tradición y modernidad, islamismo y laicismo y por ello tantos habitantes de la ciudad del Bós- foro se han sentido identificados con esta obra. A diferencia de muchos escritores, cuya fuente de inspiración son los viajes y el descubrimiento de otras culturas, a Pamuk solo le inspira Estambul, donde ha vivido toda su vida, y donde sigue escribiendo en la mis- PERPETUA TENSIÓN ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD RAFAEL CARPINTERO ORTEGA Traductor de Orhan Pamuk uve el gusto de traducir por primera vez a Orhan Pamuk hace ya seis años para la ya desaparecida editorial Metáfora. Y lo de gusto no lo digo por esa instintiva reacción del traductor de defender a sus autores. Había leído ya alguna de sus obras y me apetecía enormemente dedicarme a él desde el punto de vista profesional. Lo temía porque es un autor de un estilo muy difícil, pero a la vez esa misma dificultad suponía un reto, algo que siempre atrae al masoquista que todo traductor lleva dentro. La novela, La casa del silencio me fascinó porque, de una manera originalísima pa- T ra lo que era la literatura turca a la que yo estaba acostumbrado, pintaba un amplio cuadro de lo que fue la transición del Imperio Otomano a la República de Turquía. El ambicioso proyecto del protagonista de escribir una enciclopedia con la que presentar a los turcos el saber de Occidente contrastando con la furia de su mujer por destruir toda su herencia, o las personalidades de los tres nietos, un historiador desengañado, un jovenzuelo de mala cabeza cuya única ambición es irse a vivir a EE. UU. y una muchacha al parecer políticamente comprometida, representaron para mí el redescubrimiento lite- rario de una realidad que ya iba conociendo. Luego vinieron sus otras novelas, todas distintas pero al mismo tiempo coherentes con el conjunto de su obra. La perpetua tensión entre tradición y modernidad que tanto se nota en Turquía, como en otros muchos países por muy europeos que sean, es una constante en los libros de Pamuk. Lo que se respira en su obra no es el tan cacareado conflicto de civilizaciones, sino dos En su obra no se respira el cacareado conflicto de civilizaciones, sino dos formas distintas de ver la vida independientemente de cuándo o dónde se den formas distintas de ver la vida independientemente de cuándo o dónde se den. El deseo del Sultán del siglo XVI de importar la pintura europea, la moderna, en Me llamo Rojo está animado por la misma pasión que mueve a los personajes de otras de sus novelas cuya acción se desarrolla en la época contemporánea. Porque, a pesar de lo que puedan decir algunos, Pamuk es ante todo un ardiente defensor de la modernidad, tanto en el arte como en la vida, consciente de que no podemos ir hacia atrás, y ésa es una postura que a veces no acaba de gustar. Pero también le da a la tradición, al no olvidar el pasado, la verdadera importancia que tiene. Esto le ha convertido en víctima de todo tipo de ataques: para unos es un peón de Occidente y para los otros un traidor a la revolución que la República trajo consigo porque defiende ciertos valores a cuya herencia no habría que renunciar.