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ABC VIERNES 13 10 2006 53 Manuel Fernández- Álvarez dice, en una entrevista, que Colón rompió una lanza en favor de nuestra autoestima Evaristo Guerra culmina, tras once años, su labor pictórica en la capilla de la ermita de Vélez- Málaga Levantará turbulencia política, pero no es nuestro problema dice la Academia Pamuk, premiado por encontrar nuevos símbolos para reflejar el choque y la unión de culturas CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. Este año no fallaron las apuestas. El nombre del escritor turco encabezaba casi todas las quinielas, por lo que su elección fue recibida con complacencia por casi todos. Aplausos, acompañados de gritos y exclamaciones de alegría, rompieron el silencio con el que siempre se espera la proclamación de un Nobel. Segundos antes, el secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdahl, desveló el misterio. La elección, dice, siempre es complicada, pero esta vez no ha sido difícil conseguir que llegáramos a un acuerdo Sobre las cualidades literarias de Pamuk, subrayó que tiene una imaginación desbordante y un idioma arrebatador Sobre su último libro, dedicado a Estambul, comenta que convierte esa ciudad en una metáfora del universo; es la mejor descripción de una metrópolis de la literatura universal El secretario de la Academia se mostró convencido de que se trata de un premio descubrimiento para los amigos de la novela. Levantará turbulencia política, aunque ése no es nuestro problema Engdahl añadió que no puede recordar un solo premio Nobel que no haya sido criticado y debatido. Defensor de Rushdie En el comunicado oficial explica la Academia Sueca que, aunque Pamuk considera que es un narrador sin intenciones políticas, es conocido como defensor de los derechos humanos, por lo que ha sido perseguido varias veces en su país e incluso acusado de desprestigiar a la nación turca. Fue también el primer autor del mundo musulmán que condenó oficialmente la fatwa contra Salman Rushdie Según la Academia, Orhan Pamuk, en búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, ha encontrado nuevos símbolos para reflejar el choque y la unión de las culturas Hace unas semanas, el flamante premio Nobel visitó la Feria del Libro de Gotemburgo, donde se convirtió en el literato que más libros vendió ante el gozo de su editor sueco, Nordstedts. Pamuk recibió ayer en Nueva York la noticia de que le había sido concedido el galardón. PAMUK SIN GAFAS EDUARDO JORDÁ Pamuk, ayer paseando por las calles de Nueva York REUTERS rhan Pamuk escribe en un estudio desde el que se ve el Bósforo, en un edificio que da a una mezquita iluminada de noche como un centro comercial. Igual que su ciudad, dividida en dos por un brazo de mar, Pamuk sabe que todo es mucho más complejo de lo que parece. Con su humor malicioso, Pamuk le contó una vez a una periodista americana que se quitaba las gafas a la hora de escribir. Lo que quería era no poder ver. Y en sus libros siempre ocurre lo que no parece posible que nadie vea. Como la historia de un aristócrata veneciano del siglo XVII que acaba convirtiéndose en un inventor turco de máquinas de guerra. O al revés. Pamuk está casado con una historiadora descendiente de una familia de rusos blancos. Escribe a mano sobre un escritorio art déco que perteneció a su abuelo. Trabaja de forma compulsiva, de las nueve de la mañana a las ocho de la noche. Fue O educado en una familia laica que consideraba la religión un asunto de ignorantes. La primera vez que entró en una mezquita fue porque lo llevó una criada. Ahora, a los 54 años, tiene fama de disfrutar desconcertando a sus interlocutores. Le gusta contar que, en su juventud, se pasó ocho años encerrado en una habitación, como si fuera un personaje de Nathaniel Hawthorne. Es una tomadura de pelo, pero uno imagina que podría ser verdad. En Turquía, Pamuk consigue una rara unanimidad: todo el mundo lo critica. Los islamistas lo acusan de ser un blasfemo, los occidentalistas lo acusan de difamar a su patria por su apoyo a los kurdos y los políticos no le perdonan su militancia en las organizaciones de derechos humanos. Pero Pamuk no sabe vivir sin criticar los vicios de su sociedad. Si Jesucristo fuera un policía turco, a los diez meses ya sería un corrupto suele comentar, y entonces sonríe como si estuviera metiéndose en una habitación de la que no tiene intención de salir en los próximos ocho años. Después se quita las gruesas gafas de miope. Y cuando ya no puede ver nada, se pone a escribir.