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52 VIERNES 13 10 2006 ABC Cultura y espectáculos El Nobel a Orhan Pamuk, un turco de alma europea, resucita el prestigio de la literatura otomana Recibió en Nueva York la noticia de un premio del que no quería hablar ha decidido premiar a Pamuk en un momento especialmente delicado y complejo de las relaciones entre Turquía y Occidente ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. Su madre le dijo muchas veces que no se dedicase a actividades irrelevantes, a cosas de artistas -porque no haría carrera. Ahora, aquella que le imponía las prohibiciones y precauciones contra los aspectos mas oscuros de la vida se habrá quedado impresionada por fin con el indiscutible éxito de su hijo pequeño que no fue ingeniero como ella quería, para que siguiera la tradición, pero que ha llevado el apellido de la familia Pamuk (algodón, en turco) al pabellón de la gloria universal. No hace ni un mes que un grupo de periodistas españoles le hablamos en Estambul de la posibilidad de que recibiese un telegrama remitido por la Academia Sueca. Pero entonces, la sola mención de la palabra Nobel le produjo cierta aprensión. Ni siquiera abrió la boca, sencillamente hizo un gesto con la mano borrando el tema de la conversación y siguió hablando de otras cosas como si nada. No es que lo rechazase, pero parecía más cómodo hablando incluso de política de su país y eso que acababa de pasar el trago de ser acusado de haber ofendido la letra del Artículo 301 del código penal que prohíbe cualquier expresión que se considere atentatoria de la dignidad del país, de la turquicidad ¿Cómo se puede negar que Pamuk sea un buen turco? ¿A un hombre que no ha salido prácticamente de Estambul en toda su vida, salvo dos años en Nueva York, que trabaja mirando al Bósforo, se pasea por el barrio de Beyoglu y que prácticamente ha puesto a su país en el mapa de la literatura? Tal vez porque Pamuk no es un turco cualquiera, o porque puede que sea el turco que nosotros quisiéramos que fueran todos los turcos. No sabe nada de religión, de ninguna religión. De hecho dice que se imagina que Dios es una mujer- -lo cual no deja de ser chocante teniendo en cuenta que en lengua turca el género es un concepto que no existe- -se ha educado en inglés en colegios extranjeros y si uno lo pone en las calles de Nueva York, que es donde estaba ayer al recibir la noticia, pasaría completamente desapercibido en el seno de un grupo de franceses de pura cepa. Mirando las fotografías, el Estambul de su infancia es casi igual b La Academia Sueca al Madrid desarrollista de hace cuarenta años, pero el Estambul de hoy sin embargo, a diferencia de Madrid, se parece mucho a Turquía. Por eso no es de extrañar que tampoco se haya preocupado si el actual primer ministro turco, el islamista Tayip Erdoghan, ha leído su último libro dedicado a la ciudad de la que también fue alcalde. Es muy posible que no le haya gustado porque Erdogán representa la otra Turquía, la de los campesinos pobres que han venido desde Anatolia a los barrios de casas abigarradas que se descuelgan de las colinas en las vertientes que miran al interior, mientras que Pamuk reconoce que sólo le gustan las laderas que dan al Bósforo y al mar de Mármara, donde está el perfil de la ciudad que a tantos turistas atrae. Desgarro socio- religioso Su novela Nieve ha sido el guiño que le ha hecho al mundo del integrismo islámico, aunque para describir ese desgarro socio- religioso tuviera que ir a escenificarlo a la ciudad de Kars, es decir, lo más lejos posible de Estambul y de Europa. El dilema de las mujeres que se suicidan porque no se les permite llevar la cabeza cubierta a la manera islámica es una simplificación dramá- En 2005 fue juzgado por unas declaraciones que provocaron gran polémica y división en la sociedad turca tica de esa situación real en la Turquía de hoy, donde el progreso de la libertad sirve para que se cuelen aquellos que están interesados en subordinarla a los intereses de la religión. En ese dilema Pamuk tiene una solución personal bien definida, pero, por desgracia, no le sirve a una buena parte de su país. Pamuk empezó a publicar hace más de veinte años, con una novela, aun inédita en España, Cevdet Bey y sus hijos (1982) Siguieron La Casa del Silencio El Astrólogo y el Sultán El Libro Negro y La Vida Nueva Pero su primer gran éxito fue Me llamo Rojo (que es lo que significa Orhan) y Nieve que no sólo describía esas profundas divisiones en la sociedad turca, sino que provocó que los distintos bandos tomasen partido a favor o en contra suya. Su encuentro con los tribunales (y con los militares, guardianes sempiternos de la ortodoxia kemalista) a propósito del artículo 301 del código penal acabó siendo la prueba del 9 de su popularidad. Al final los jueces y los uniformados tuvieron que desistir y gracias también a las extraordinarias presiones de la Unión Europea, Pamuk no fue juzgado y el caso quedó sobreseído. Otros que han pasado por la misma ventanilla, como la novelista Elif Sakak, se han beneficiado de la brecha que ha dejado Pamuk. El año pasado, los libreros alemanes le dieron el Premio de la Paz y ahora, por fin, el Nobel. Lástima que haya llegado en un momento político extraordinariamente complejo y que puede acabar con este espejismo literario. Mi trabajo es la mejor muestra de lo fructífera que es la mezcla de culturas Pamuk, que se encuentra en Nueva York, se quejó cariñosamente de que la Academia Sueca le telefoneó muy temprano para darle la noticia: Me despertaron a las siete de la mañana y estaba un poco dormido El escritor se siente muy honrado por el Nobel y creo que representa un mensaje contra quienes defienden la teoría del choque de las culturas La imagen de un enfrentamiento entre Oriente y Occidente es una de las ideas más peligrosas de los últimos años añadió, para lamentar enseguida que esas teorías de dos polos culturales han sido responsables de la muerte de muchas personas. Mi trabajo es la mejor muestra de lo fructífera que puede ser la mezcla de culturas En su opinión, el hecho de ser el primer escritor turco en recibir el Nobel le confiere cierto carácter político que podría convertirse en una carga adicional Son tiempos muy conflictivos en mi país, pero creo que al final los problemas se resolverán. Va a haber democracia en Turquía y disfrutaremos de los beneficios de la libertad de expresión y, gracias a ello, la literatura turca florecerá concluyó. Por último, señaló su admiración por Faulkner, que combina historias complicadas con literatura experimental