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ABC JUEVES 12 10 2006 Cultura 59 A los 35 años y por su segunda novela Una historia de amor maduro La mirada de Sal Kiran Desai se convierte en la ganadora más joven del Booker La escritora india Kiran Desai, de 35 años, ha sido galardonada con el Man Booker Prize por su segundo libro, The Inheritance of Loss La autora, que vivió en la India hasta los 15 años, es la ganadora más joven del premio. Su madre, Anita Desai, fue finalista en tres ocasiones. Nunca lo ganó Vázquez Rial gana el premio La otra orilla con El camino del norte El escritor bonaerense Horacio Vázquez Rial ha ganado la segunda edición del premio de novela La otra orilla que otorga Belacqva, con su novela El camino del norte una historia sobre el amor maduro en la Argentina tras la caída de Fernando de la Rúa, la Argentina sin Gobierno Presentado en Madrid el nuevo libro de Manuel Francisco Reina Ayer se presentó en la FNAC el nuevo libro de Manuel Francisco Reina, La mirada de Sal (Roca Editorial) En el acto intervinieron Raúl del Pozo y Carmen Chaparro. El pasado es un protagonista más del libro: Es un espejo donde mirarnos. Estoy con Lord Byron en que el mejor profeta del futuro es el pasado Los Reyes inauguraron la nueva sede del Cervantes Sus Majestades los Reyes y la Infanta Elena inauguraron ayer la nueva sede del Instituto Cervantes en la madrileña Casa de las Cariátides. Don Juan Carlos afirmó que el español es un valor en alza que nos une y además favorece la diversidad Al acto asistieron el presidente del Gobierno, JoséLuis RodríguezZapatero; los ministros de Cultura, Carmen Calvo; Educación, Mercedes Cabrera; y Exteriores, Miguel Ángel Moratinos; así como el presidente del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, y diversas personalidades del mundo del arte y la cultura. La peruana Blanca Varela gana el III premio de Poesía García Lorca ABC GRANADA. La escritora peruana Blanca Varela, de 80 años, fue galardonada ayer con el III premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, el de mayor dotación económica de los premios de poesía de habla hispana (50.000 euros) al que optaban 35 candidaturas españolas e hispanoamericanas, informa Ep. El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, quien dio a conocer el fallo del jurado, indicó que la elección fue por mayoría y destacó la rigurosidad de la poética de Varela, su conexión con el surrealismo y su pertenencia a la Generación del 50 El poeta ovetense Ángel González, ganador de la primera edición de este premio, valoró que, aunque Varela no es una desconocida en España, puesto que dos de sus libros se publicaron en este país, la concesión del galardón es una buena ocasión para acercar su voz poética, que consideró importantísima a todos los lectores españoles, si bien la escritora goza de un gran prestigio tanto en Perú como en Hispanoamérica especialmente tras obtener el premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en 2001. Varela, primera mujer galardonada con este premio, fue propuesta por el Gobierno de Perú. Pero su condición de mujer, precisó Ángel González, no influyó en el fallo del jurado, que, según dijo, tuvo una ardua labor debido a que prácticamente una quincena de las candidaturas presentadas corresponden a nombres de primerísimo nivel Por ello, consideró que la elección fue dolorosa La poetisa peruana es una de las voces más relevantes de la poesía iberoamericana contemporánea, que ha fraguado su selecta y meditada obra al margen de corrientes y tendencias, con firmes propósitos y largos periodos de silencio. Nacida en Lima en 1926 en una familia de escritores y artistas, su obra poética, recogida en el volumen Donde todo termina abre las alas (Círculo de Lectores) se compone de media docena de libros, desde Ese puerto existe a Luz del día Valses y otras confesiones o Canto Villano entre otras. ERNESTO AGUDO TEATRO The End Of The Moon The End Of The Moon Creación e interpretación: Laurie Anderson. Iluminación: Jennifer Tipton. Diseño informático: Jody Elff. Lugar: teatro Albéniz (Madrid) Fecha: 11- 10- 2006. HOUSTON, TUVIMOS UN PROBLEMA JESÚS LILLO Desde su primer trabajo discográfico, editado hace ya un cuarto de siglo, Laurie Anderson no ha dejado de mostrar su interés por los avances científicos y la posibilidad de modificar la realidad a través de la tecnología: Creo que aquí podríamos poner unas cuantas montañas cantaba en Big Science pieza que daba título a aquel álbum de 1982. La propia artista se encargó de desafiar al público con formas y fondos desfigurados: discursos infantiles alterados por las máquinas y saturados de imágenes sintéticas para cantarle las cuarenta a la sociedad norteamericana en un estridente cabaret de fantasías electrónicas. A punto de cumplir sesenta años y desbordada por un entorno de videojuego globalizado- -incluso la ONU produce hoy películas virtuales, ambientadas en el Congreso de los Diputados y colgadas en internet- la artista prescinde del aparato y el maquillaje escénicos, accesibles hoy para cualquiera, y redescubre las sombras y las distancias cortas del teatro y la poesía. La Luna, al desnudo. The End Of The Moon espectáculo de spoken word que anoche abrió el Festival de Otoño madrileño, es el resultado de la experiencia de Anderson como primera y última artista residente de la Nasa, donde durante dos años tuvo ocasión de plantearse cuestiones ligadas a la física, nociones básicas sobre la percepción del mundo con las que construye e hilvana reflexiones metafísicas. La artista de Chicago intenta desmontar en su obra los misterios de la ciencia con su traducción- -inmediata, naíf- -a ese primario lenguaje de signos y señales, semántica pop, que viene utilizando desde hace décadas. Sentada en un sillón de orejas, Anderson lee a la audiencia un cuento, de niños, por el que pasan el color, la luz, el tiempo o el espacio. La física y sus profesionales son muy simples, tanto como el miedo, la guerra, la belleza o el progreso, viene a decir. La autora de Home Of The Brave resume su residencia en la agencia espacial norteamericana en las líneas de un poema sin mecanismo, hecho de impresiones e impulsos narrativos, anár- La obra funciona por la capacidad de Anderson para fabricar diminutos eslóganes de denuncia y componer parábolas quica, primaria e incluso cruel respuesta al cuestionario milimetrado que le entrega la Nasa. Es allí donde Laurie Anderson se reencuentra con las cosas sencillas, con las variables que cualquier humano puede manejar, y es así como pone ras el suelo el elevado techo tecnológico que ampara el trabajo de sus especialistas: un robot que no funciona, un traje espacial que utilizan los soldados para ir al desierto, un trasbordador que se estrella contra Florida, una galaxia pintada con colores de viñeta de Disney o un meteorito marciano que incuba una pareja de pingüinos homosexuales. La obra funciona por la probada capacidad de Anderson para fabricar diminutos eslóganes de denuncia y componer deliciosas parábolas con las que hacer visibles los fallos de la estructura del estadio en el que la sociedad occidental asiste, más o menos distraída, al partido del siglo XXI. Sin embargo, sus conclusiones salen de la misma trampa que ella les tiende a sus víctimas: si en el espacio y sus talleres no hay nada nuevo, en la Tierra casi todo está ya dicho. Sólo es posible cambiar de registro y contarlo con palabras nuevas. Por ahí se escapa una artista que tropieza, una y otra vez, en los tópicos de una crónica escrita de antemano y rebobinada periódicamente. Todos conocen el chiste, pero Anderson tiene mucha gracia para contarlo. Cosas del viejo y eterno teatro, medio en el que la artista se refugia, con su violín y sus cachivaches, para reactivar argumentos universales. Lo de siempre, ahora en versos sueltos y demoledores.