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ABC JUEVES 12 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA HABÍA UNA VEZ UN CIRCO D GUERRA AL TERROR, MURO EN IRAK S improbable que Kim Jong- il hubiera desafiado a Eisenhower o a Kennedy. Un presidente americano respetable hubiera obligado a Kim Jong- il a alimentar a un pueblo, a concederle un margen de libertad y dignidad. Un verdadero hombre de Estado deja poco margen para los juegos. Pero el presidente Bush no es un hombre de Estado. Freudianamente, declaraba hace pocos días: la guerra de Irak apenas ocupará una coma en la historia. Sí, es posible: si se considera la historia geológica del planeta, 3.900 millones de años, la guerra no merecerá una tilde. Pero si hablamos en serio y repasamos el siglo XXI, estaremos ante un hecho mayor. Con su comentario, el presidente ofende al sufrimiento del pueblo iraquí e ignora a las familias de millares de muertos y heridos norteamericanos, 23.604 en total. La torpe desenvoltura tejana perjudica mucho a Bush. Colin Powell, anterior secretario DARÍO de Estado, le advirtió de la fuerza del VALCÁRCEL nacionalismo. Nacionalismo árabe o mero nacionalismo. Explicó la naturaleza de los iraquíes, prusianos de Oriente. Recordó la resistencia del invadido a las instrucciones del invasor. Reiteró su criterio de antiguo jefe de Estado Mayor, es fácil entrar, difícil salir. Los mejores asesores de la Casa Blanca, Scowcroft, Baker, Haass, sin olvidar a su propio padre, le avisaron del peligro que entrañaba la expresión guerra contra el terror. Bush quería el término guerra en tanto le permitía conseguir poderes especiales. Pero las guerras sólo se ganan con decisiones militares. El terror obliga a usar sistemas más sutiles e inclusivos, a veces más duros. El conocimiento y la información cuentan más que la capacidad bélica. En el contraterrorismo, violencia y diplomacia han de pactar constantemente. La potencia hegemónica ha de llegar a verdaderas alianzas. No se debe insultar al islam (islamofascistas, terrorismo islámico) Los valores occidentales deben ser irrenunciables (convencio- E nes de Ginebra sobre prisioneros de guerra) La vuelta de la tortura es degradante, inútil y provocadora. En Irak, la insurgencia, mezclada en ocasiones al terrorismo, es tan potente que a la muerte de un jefe acuden de inmediato diez aspirantes al puesto. Bush no ha entendido cómo una potencia menor puede traer en jaque al primer ejército del mundo (mientras América mate insurgentes en vez de enfrentar las causas, el problema irá a más) Bush parece encerrado en una burbuja aséptica (o séptica) Apenas leo periódicos afirmaba con una mueca del labio inferior. Tampoco debe leer las encuestas ante el 7 de noviembre. Si su partido retrocede en el Congreso hasta quedar en minoría, Bush quedará inmovilizado de aquí a 2009. La preocupación ciudadana crece y crece. El día 7, según el Pew Center, sólo el 23 por ciento votará por razones internas, lo que es inhabitual en Estados Unidos. El texto que los 16 centros de inteligencia de Estados Unidos acaban de suscribir en común sostiene que el terrorismo adquiere profundidad y extensión a partir de Irak. El presidente no quiere aceptarlo. En parte porque debería volver al origen y ese origen es secreto. Bush no puede explicar por qué invadió Irak, una dictadura sin armas nucleares, ajena a Bin Laden. Es seguro que los árabes no quieren vivir en la violencia permanente. Si la guerra alimenta el terror, habrá que poner fin a la guerra. Sólo si se pacta con los aliados una política a largo plazo, distinta, podrán enfrentarse los muros que hoy bloquean a Irak. Es urgente pactar ese plan, empezando por el conflicto IsraelPalestina: y comprometer a americanos y europeos con rusos, chinos y japoneses. Un plan que no defienda sólo la democracia de Jefferson y Hamilton aplicada a 1.300 millones de musulmanes. Quizá programas que incluyan el respaldo a escuelas, universidades, laboratorios, hospitales, centros de formación y debate donde a lo largo de años se articulen programas flexibles de modernización. ¿Ejemplos? Sí: Turquía, Marruecos, Omán... ESPUÉS de ser presidente casi perpetuo de Castilla- La Mancha y ministro de Defensa, a José Bono no le hacía mucha ilusión culminar su carrera como concejal de Madrid. A ese destino lo quería empujar, con aviesas intenciones, este Zapatero que cada día tiene más malas ideas, urgido por encontrar como sea un primo dispuesto a pegarse el batacazo en la Corte. Pero Bono es un Borgia de Albacete, que conoce los secretos del veneno bien administrado y el efecto letal del tiempo cuidadosamente medido; es de los que clavan las dagas en el tercer intercostal mientras te dan un abrazo muy afectuoso. Y sabe, como Andreotti, que en política el peligro viene siempre del IGNACIO bando más cercano. CAMACHO Las relaciones entre el presidente y su ex ministro están marcadas desde hace tiempo- -concretamente desde el congreso que le ganó Zapatero por ocho votos teledirigidos por Guerra y alguna maniobra nocturna de González- -por una profunda, torva y tóxica desconfianza mutua. El de La Moncloa sabe que el manchego es la única referencia alternativa que le queda por liquidar, y aún no acaba de decidir si es mejor tenerlo dentro meando para afuera o fuera meando para dentro, según la tosca receta que McNamara le prescribía a Johnson para neutralizar a Hoover. Ambos se miran de reojo con una suspicacia enconada, y en cada encuentro les brillan los colmillos por entre las sonrisas. La candidatura madrileña era un regalo relleno de cianuro, con más riesgos que ventura, y Bono lo ha devuelto sin abrir a sabiendas de que las urgencias sólo aprietan al que las tiene. Para marcar más las distancias, ha utilizado como recadero de la negativa a Chaves, puenteando con alharaca y recochineo a Pepiño Blanco, y ha dejado a la vista de todos el veneno en manos del remitente. Se le nota que ha disfrutado con la escenificación, porque este hombre tiene un ego del tamaño de La Mancha y se alimenta de la luz de los focos, como ciertas plantas. Pero la afrenta traerá venganza más pronto que tarde; si va a haber subasta de papeles de Seseña, que no la empiecen sin avisarme, por favor. Tras estas sonadas calabazas manchegas, a Zapatero se le ha vuelto a enquistar lo de Madrid y la cosa ya va derivando en sainete. Hay bofetadas por quitarse de en medio, carreras para no ir, al grito de Zerolo el último; el presidente movió a Trini Jiménez antes de tiempo, sacando pecho de que le sobraban aspirantes; los sondeos están cuesta arriba y Simancas anda echando espumarajos, con razón, por el ninguneo a que lo tienen sometido. Solana, Felipe, Borrell y quizá Guerra han escurrido el bulto antes que Bono, de modo que el asunto está ya para poner un anuncio en Infoempleo. Se busca candidato a perder. Lo ha dicho, con la lucidez que da el retiro político, Juan Barranco, aquel alcalde que sustituyó a Tierno y al que el inolvidable Campmany bautizó como Juanito Precipicio esto es de circo. Pero un circo del que se fugan hasta los enanos. Y todavía faltan por salir a la pista los payasos.