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4 Opinión JUEVES 12 10 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar OTRO CANDIDATO FRUSTRADO L final, José Bono no será candidato socialista a la alcaldía de Madrid. Aparecen de nuevo las razones personales que ya alegaba hace unos meses para justificar su salida del Gobierno. Sin embargo, parece que el ex ministro de Defensa se lo ha pensado mejor porque pocas horas antes declaraba sin rodeos que a nadie le amarga un dulce y apelaba como socialista a la disciplina hacia su jefe político, Rodríguez Zapatero. Quedan, por tanto, muchas cosas por explicar aunque no haya nada que objetar al argumento que utiliza el candidato frustrado. Es posible que las condiciones exigidas por Bono no fueran asumibles por su partido. Es probable que la figura del político castellano- manchego no fuera vista con agrado por determinados sectores de la Federación Socialista Madrileña. No hay que descartar que algunos hayan preferido no jugar una partida peligrosa, llena de alianzas transversales. O tal vez- -y esta sería la explicación más sencilla- -el propio interesado ha caído en la cuenta de que una cosa son las maniobras de salón y otra es competir en las urnas con un político como Ruiz- Gallardón, que cuenta con un respaldo más que acreditado entre los madrileños. La eventual ayuda de sectores mediáticos que se dicen cercanos al PP no iba a dar resultado ante unos electores que tienen muy presentes algunos episodios de la biografía política de Bono, ya sea el Yak- 42, la auto- condecoración, el caso del lino o la detención ilegal de militantes del PP. En cualquier caso, el PSOE lo tiene complicado si pretende de esta manera poner en aprietos electorales a la presidenta regional y al alcalde de la capital. Sea quien sea el candidato final, va a ser imposible borrar la impresión de que será una solución de emergencia- -y quemada de antemano- -para asumir un reto que otros no han querido o no se han atrevido a afrontar. A estas alturas, no va a ser sencillo convencer a un político de primera fila, por lo que se apunta la opciónde un militante disciplinado dispuesto a cumplir con decoro una misión cada día más problemática. Por su condición de capital de España, los madrileños son muy sensibles a los temas de política general, más allá de los debates de índole local. En este terreno, la imagen centrista de Ruiz- Gallardón tiene una sólida implantación en sectores muy amplios del electorado. No es fácil buscarle un adversario. De hecho, las gestiones- -más o menos formales- -con Javier Solana o Felipe González, como las más recientes con José Bono, han terminado en una negativa rotunda. En este último caso, con el agravante de la publicidad: los guiños que le dirigían sus compañeros de partido y el cambio de criterio del interesado han podido seguirse paso a paso a través de los medios. El PSOE en Madrid ya lo tenía complicado, pero con montajes de este tipo- -en losque ni siquiera esdescartable un ánimo revanchista de Bono hacia Zapatero- -lo va a tener imposible. Seguro que algunos no se alegran porque están más atentos a las luchas internas que a derrotar a los socialistas en las urnas. A VIOLENCIA POLÍTICA EN CATALUÑA A agresión de la que fueron objeto en Martorell Ángel Acebes y Josep Piqué no es un incidente aislado, sino el fiel reflejo del clima generado en Cataluña por una clase política que rubricó un acuerdo infame de exclusión del Partido Popular que ahora se extiende a la calle. Quien siembra vientos recoge tempestades en forma de debilitamiento de la democracia. Tanto esfuerzo en señalar al PP como enemigo de Cataluña no podía dejar de tener su reflejo en ciertos sectores sociales, dispuestos a pasar de las gravísimas palabras de los políticos- -suscritas en el Pacto del Tinell- -a la violencia de los hechos consumados. Alguien debería sentirse responsable de haber incendiado el paisaje político catalán y alguien debería asumir el error inmenso de estigmatizar a una opción política por el mero hecho de oponerse legítimamente al Estatuto catalán. Nada de lo ocurrido es fortuito porque estamos ante un proceso de largo y peligroso recorrido que no nace en la calle, sino en los despachos de una clase dirigente catalana que se comportó de manera irresponsable. Hasta el momento, nadie ha sido detenido por las coacciones y agresiones sufridas por ambos dirigentes populares, y mientras no se depuren responsabilidades penales por este tipo de violencia sectaria, sean condenadas sin paliativos por el Gobierno y todos los partidos políticos y sean marginados, de forma efectiva y no retórica, sus autores, el Estado de Derecho tendrá una grave excepción en Cataluña. Es inadmisible que el Partido Popular sufra, campaña tras campaña, un acoso violento y coactivo constante, que no se puede despachar como episodios aislados o reacciones marginales, pues reflejan algo más grave que la predisposición a la violencia de determinados sectores de la izquierda y del nacionalismo catalanes. Tales actos muestran hasta qué punto los discursos políticos que abogan por marginar a una formación de- L mocrática como el PP, que califican a los discrepantes del régimen nacionalista como anticatalanes y que, de forma cínica, condenan pero justifican las agresiones, calan en los extremistas, que se consideran legitimados para traducir en violencia las consignas incendiarias contra el PP. Es encomiable, sin duda, que la Mesa del Parlamento catalán condenara las agresiones a los dirigentes populares y que José Montilla ordenara la expulsión inmediata del secretario de las Juventudes Socialistas de Martorell, participante en la encerrona. Pero todos llegan tarde y mal. Llegan tarde porque hay un daño grave y estructural a la convivencia política en Cataluña desde que el socialismo se alió con el nacionalismo más extremista para impulsar un proceso de limpieza ideológica en la sociedad catalana, centrado en la expulsión del PP de la vida política. Y llegan mal porque la mayoría de esas condenas suena hueca, sobre todo en aquéllos que, a renglón seguido, culpan al PP de la violencia que sufren y se lamentan de las agresiones sólo por el beneficio electoral que pueden obtener los populares. Por eso, Rodríguez Zapatero no debería complacerse en lo bien que se le recibe en Cataluña, a diferencia de otros esos otros que, al mismo tiempo que el jefe del Ejecutivo pronunciaba esta dramática obviedad, estaban siendo acorralados por militantes del PSC e independentistas. En estas condiciones, la campaña electoral en Cataluña puede ser un ejercicio de hipocresía si el PP no tiene garantizada la igualdad con las demás formaciones para dirigirse a sus militantes y ciudadanos. Pese a que son los nacionalistas quienes hablan de la mala calidad de la democracia española es precisamente donde ellos gobiernan o monopolizan la vida pública el ámbito en el que más deterioradas están las libertades públicas y los derechos individuales. PETRÓLEO E INFLACIÓN A tasa interanual de inflación se redujo en septiembre ocho décimas, el mejor registro en quince meses, y queda en el 2,9, el nivel más bajo desde abril de 2004, mes en el que llegó el PSOE al Gobierno. Esta notable mejora en uno de los males de nuestra economía, se ha debido, sin embargo, en casi su totalidad, al fuerte retroceso en los precios del petróleo. Así lo certifica el indicador de la inflación subyacente, que no recoge los productos energéticos y los alimentos elaborados, que tan sólo cae en septiembre dos décimas. Una dura consecuencia de la altísima dependencia energética de España- -en torno al 80 por ciento del consumo total- que se traduce en alzas y bajas coyunturales de la inflación provocadas por la fluctuación del precio del crudo, y mucho más pronunciadas que las de nuestros socios de la UE. Algo que, asimismo, rebaja la euforia desmedida de un Gobierno instalado en la pasividad, sin acometer medidas eficaces para atajar la inflación, que además se sitúa aún muy por encima del objetivo del 2 por ciento. El Ejecutivo debería, pues, aprovechar esta mejora coyuntural de la inflación y adoptar remedios eficaces contra uno de los males de nuestra economía, a la que lastra con una pérdida añadida de competitividad que ha generado un creciente y pernicioso déficit exterior. Se trataría de medidas estructurales que encarrilaran los pre- L cios más allá de una buena o mala cosecha o de las fluctuaciones del precio del petróleo. Porque a pesar de la mejora de septiembre, el diferencial de nuestros precios respecto a la media de la UE- -nuestro principal área de intercambio comercial- -se sitúa en 1,1 puntos. Para ganar competitividad es necesario actuar en sectores aún con escasa competencia, estimular el uso de la tecnología, mejorar la formación y la inversión en I+ D +I y ajustar los costes de producción, incluidos los salariales. De hecho, esta bonanza en los precios del petróleo, ahora en el entorno de los 60 euros por barril frente a los casi 80 del pasado mes de julio, puede ser pasajera, ya que la OPEP acaba de anunciar un recorte en la producción de un millón de barriles diarios, lo que puede provocar nuevas alzas en su precio a no mucho tardar. Tampoco ayudarán demasiado los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, claramente expansivos en un año electoral. Se trata de unas cuentas públicas que tirarán al alza de los precios a pesar del ahorro que esta rebaja en la inflación, de mantenerse, provocará en el gasto destinado a pensiones, puesto que con la cifra del IPC del próximo mes de noviembre se calcula el pago adicional a la subida del 2 por ciento aplicada a las todas las pensiones públicas. Cada décima de desviación al alza supone para el Estado un pago adicional de 140 millones de euros.