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66 Cultura 150 ANIVERSARIO DEL TEATRO DE LA ZARZUELA MIÉRCOLES 11 10 2006 ABC Una entrañable reunión de amigos... en el patio de butacas SUSANA GAVIÑA MADRID. Si ayer sobre el escenario del Teatro de la Zarzuela tuvo lugar una reunión compañeros y amigos, como señaló en estas páginas la soprano Ana María Sánchez, en el patio de butacas tuvo lugar otra igual de entrañable en la que se pudo ver a numerosas caras del mundo de la política, del teatro y de la música. Al acto, que estuvo presidido por Sus Majestades los Reyes, acudieron representantes de la política como la ministra de Cultura, Carmen Calvo; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; o el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón, que asistió acompañado de su esposa, Mar Utrera. También se pudo ver a ex representantes políticos como Carmen Alborch, Luis Alberto de Cuenca y José María Álvarez del Manzano. Tampoco se quiso perder la velada el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando, o el juez Baltasar Garzón, consumado melómano. Sus Majestades los Reyes a su llegada al teatro, acompañados por Carmen Calvo, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz- Gallardón EFE Del teatro a la música La gala de ayer, dedicada al Teatro de la Zarzuela y al género que le da nombre, pretendía ser además un homenaje a las artes escénicas. Por eso en el patio de butacas se pudo ver a directores como Mario Gas, José Manuel Garrido o Enrique Cornejo; a Javier Casal, ex director de este teatro al igual que José Antonio Campos, que llevó las riendas durante dos etapas y que ahora es reponsable del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música; el director del Teatro Real, Miguel Muñiz, y su director artístico, Antonio Moral; a actores, como Francisco Valladares, Victoria Vera o Luis Varela; a cantantes como Raphael, que acudió acompañado por Natalia Figueroa. También se pudo ver a las mediáticas Sara Montiel y Marujita Díaz. El mundo de la composición musical estuvo representado, entre otros, por Cristóbal Halffter, Tomás Marco, Antón García Abril, Alfredo Aracil, José Ramón Encinar y Pilar Jurado; y el de la danza, por el coreógrafo y bailarín Nacho Duato, habitual de las temporadas del Teatro de la Zarzuela. Entre los de difícil catalogación, por su versatilidad, se encontraba el televisivo José Luis Moreno, también gran amante de la ópera y de la zarzuela. Y entre los entañables, destacar la presencia del barítono nonagenario Luis Sagi Vela, que retirado en los años 60 de la escena, cantó en multitud de ocasiones en este teatro. Perteneciente a una saga familiar que ha vivido con pasión el género de la zarzuela, es tío de quien fuera también director de este emblemático edificio durante una década, Emilio Sagi, que estos días se encuentra en Bilbao preparando un Rigoletto Motivos de zarzuela TEXTO: ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MADRID. Bien está lo que bien acaba. Lo debe pensar el Teatro de la Zarzuela que a sus ciento cincuenta años ha sido capaz de bajar el telón acompañándose de una ovación fantástica. Quiere esto decir que no se han debido hacer las cosas muy mal o, dicho de otro modo, que la vida de ese viejo escenario, de la propia zarzuela, ha sido honrosa. Aunque sólo fuera por eso, merecía celebrarse la fecha por todo lo alto. Quizá, con una gala como la vista ayer, dedicada única y exclusivamente al género. Porque eso es tanto como volver al origen, reconocer la seña de identidad de un teatro que en este tiempo ha sido (es) contenedor de muchas cosas que nada tienen que ver con lo suyo, pero que se vuelven inevitables aunque sólo sea porque hay que subsistir. Aun cuando la zarzuela se baste y se sobre para ser autosuficiente. Que también la chulería es cosa suya. Por eso llaman la atención algunas cosas. Por ejemplo la buena intención de aquellos que todavía se empeñan en defenderla. Lo hace José Luis Téllez en el programa de mano seguramente con argumentos equivocados. Primero porque buscar la comparación ofende, sea con la opereta o cualquier otro género; segundo porque mezclar cosas disímiles es absurdo. Tiene razón, sin embargo, cuando afirma que a la zarzuela hay que lavarle la cara. Nadie lo duda. El problema está en no hacerla perder sus colores. En programa de ropa delicada. Cuestión que nos lleva a lo más llamativo de la gala de ayer: que refleja un presente dubitativo, inseguro y hasta descafeinado. El trabajo escénico de Luis Olmos, actual director del teatro, posee elegancia a ratos, variedad en ocasiones y empeño si se observa en general. Pero tuvo la alegría justa, por no decir que dejó en el aire una iconografía marginal y una tristeza impropia. Y en la zarzuela se dan cita otros muchos sentimientos, algunos capaces de llevar a la risa. De manera que puede recordarse como anécdota de la noche el momento en el que Wamba, por boca del genial Chueca, canta aquello de arriba los socialistas y abajo... motivo para una mueca divertida entre la crema de la sociedad que se dio cita en el coliseo. Otros pensamientos. El más vetera- El trabajo escénico de Olmos posee elegancia a ratos, variedad en ocasiones y empeño si se observa en general Bien está lo que bien acaba. Lo debe pensar el Teatro de la Zarzuela que a sus 150 años ha sido capaz de bajar el telón acompañándose de una ovación fantástica no de cuantos espectadores pisaron ayer la Zarzuela era Luis Sagi Vela, para quien cien años no van a ser nada, porque cada día está más joven y es más sabio. Gentes como él saben, y lo explican sin decirlo, que vivir del recuerdo no es sano. Pero también que en el camino se quedaron otras maneras, un estilo. Hoy, el sonido de la zarzuela es distinto, porque distintos son los medios y el ambiente. Afortunadamente se dispone de una orquesta en condiciones (ayer la titular de la Comunidad de Madrid) con expertos, entusiastas y sagaces observadores como el maestro Miguel Roa, director musical de la aventura, y de otras muy buenas personas y profesionales como Antonio Fauró, encargado de poner a punto el coro. Que luego cada solista cante como sepa (muchos poniendo voluntad, otros empeñados en cargar las tintas en la intención, varios con corrección y los menos enriqueciendo el objeto) es cuestión personal y de gustos. Entre Luis Álvarez, Bayo, Bergasa, Bros, Cantarero, Casariego, Chausson, Dámaso, Frontal, Gandía, Carmen González, Beatriz y Manuel Lanza, Milagros Martín, Moncloa, Montiel, Orozco, Poblador, Ismael y Juan Pons, Rey, María Rodríguez, Sacristán, Ana María y Guadalupe Sánchez, y Villarroel hay donde elegir. Porque una gala es eso: un poco de todo. Ésta, un batiburrillo de fragmentos con un final feliz, pues acabó cantando a un teatro que es alma del viejo Madrid